• En su procedimiento de bancarrota, la compañía estimó que sus bienes estaban valuados en entre uno y 10 mil mdd

  • Antes de la COVID-19, ya varias retailers propiedad de firmas de inversión se han declarado en la quiebra

  • Se espera que la marca aproveche el cierre de tiendas para liquidar inventario y obtener efectivo para enfrentar sus deudas

ACTUALIZACIÓN: Se corrigen dos typos en el título. Se modifica ligeramente el título SEO.

Una de las más grandes preocupaciones de autoridades y compañías en todo el mundo con respecto a la crisis de COVID-19 son las implicaciones económicas de la pandemia. Y es que, con las medidas de protección sanitaria, un sinfín de industrias y marcas están sufriendo el impacto de un menor consumo. En este sentido, más de una organización se encuentra en el borde de la quiebra, buscando sobrevivir con desesperación. Y un par ya no aguantaron más.

Tal es el caso de la gigante del retail de moda, J.Crew. De acuerdo con CNN, la marca acaba de declararse en bancarrota y está buscando protección del gobierno. Se trata de la primer gran cadena de Estados Unidos (EEUU) que sucumbe ante la presión de la COVID-19. Según la compañía, llegó a un acuerdo con sus prestamistas para convertir unos mil 650 millones de dólares en deuda a participación en la organización. Por el momento, continuará operaciones.

Ya se esperaba que la retailer se declarara en bancarrota desde el fin de semana, de acuerdo con el New York Times. Es posible que la compañía todavía pueda superar a largo plazo la crisis de la COVID-19. Esto, siempre y cuando utilice los recursos que se le concedan para deshacerse de su deuda y pueda también eliminar aquellos de sus locales sin un desempeño adecuado. Sin embargo, considerando la situación sanitaria, parece difícil una recuperación.

Otra víctima de la COVID-19

A lo largo de las últimas semanas, varias compañías han caído ante la presión financiera extra de esta pandemia. Apenas días después de declararse una emergencia sanitaria global, una aerolínea de Reino Unido se fue a la quiebra por la falta de clientes. También hay que contar un par de firmas de marketing, tanto independientes como parte de grandes grupos. Incluso en el mundo del retail ya se había dado un caso similar, pero de escala ligeramente más reducida.


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No es del todo inesperado que la industria del retail es la que esté sufriendo las primeras y más llamativas bancarrotas de la COVID-19. Sin gente en las calles, su fuente de ingreso está prácticamente detenida. Y si bien EEUU tiene un ecommerce más desarrollado, lo cierto es que no todas las grandes cadenas tienen bien afinado este canal. Eso sin contar los gastos en cuestiones como renta de locales y almacenes, que no pueden parar en medio de la crisis.

Si de algo sirve este caso, es para aterrorizar al resto de la industria. Es evidente que este sector (y todos los que comparten una situación difícil por culpa de la COVID-19) no solo están al filo del abismo. Además, también es muy claro que las medidas de recuperación tradicional no serán suficientes para salvar a la mayoría de los casos. Todas las empresas en el mercado deben, si no lo están haciendo ya, tomar todas las precauciones para evitar irse a la quiebra.

Una compleja situación financiera

En general, la COVID-19 ha creado un ambiente económico tenso, por decir lo menos. Hace solo unos días se confirmó en México la peor baja trimestral del PIB nacional en más de una década, en gran parte por culpa de la situación sanitaria. Con la excepción de China, todos los países del planeta perderían en conjunto unos seis billones de dólares solo en 2020. También los individuos están en un punto difícil, muchos de ellos sin ahorros ni dinero de emergencia.

Por supuesto, que la pandemia esté cambiando el panorama no significa que todo el sector de retail esté condenado a perecer. De acuerdo con Axios, es posible que la COVID-19 acabe con la gran mayoría de los agentes del mercado, con excepción de los más grandes. Forbes, por su lado, cree que todas las marcas tienen una oportunidad si cuidan de sus empleados y de sus activos financieros. Por su lado, el New York Times teme que nadie salga bien parado.

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