• Originalmente, la marca iba a debutar en la bolsa el 30 de septiembre

  • Una semana antes de su IPO, el CEO Neumann abandonó su cargo en WeWork

  • La demanda colectiva señala a diez directivos de la empresa por nombre

Cuando una marca se enfrenta a una demanda colectiva, por lo general refleja un momento de crisis para su negocio. Por ejemplo, Facebook acaba de recibir hace solo unos días una queja por la presunta discriminación en su sistema de anuncios. AT&T también está en problemas legales por vender datos y ubicación en tiempo real de varios de sus clientes. Incluso gigantes como Volkswagen han estado en riesgo de llegar a la corte y pagar millones al público general.

Dadas las implicaciones de una demanda colectiva, no es sorprendente que las empresas suelan querer desestimarlas y acallarlas lo antes posible. De acuerdo con LawInfo, la marca puede crear un precedente que impacte a toda la industria si es que llega a ir a la corte, sin en especial si la resolución es dañina para su negocio. SG Sarraf Gentile apunta además que los gastos en estos recursos son extraordinarios, superando miles de millones de dólares (mdd).

Pero lo más importante de una demanda colectiva no es necesariamente los gastos que deben soportar las empresas para defenderse o el precio a pagar en caso que pierdan el proceso. De hecho, lo más crucial es cómo la marca llegó a enfadar a la audiencia como para que fuera viable uno de estos recursos legales. Incluso si la organización sobrevive al golpe financiero del proceso, puede ser difícil recuperarse de la crisis que suele preceder a estas herramientas.

Una demanda colectiva contra WeWork

No hay mejor forma de ejemplificar este principio que con el caso de la mayor compañía de coworking en el mundo. Según Reuters, la empresa enfrenta un recurso legal en su contra de parte de múltiples inversionistas menores. Estos inversionistas acaban de presentar una demanda colectiva contra la marca WeWork, el ex-CEO Adam Neumann, así como directivos de Softbank. Esto, por la cancelación de su Oferta Pública Inicial (IPO) hace unas semanas.


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La demanda colectiva, impulsada por la ex-empleada Natalie Sojka, también acusa a la marca de falta a sus responsabilidades fiduciarias. Según la antigua colaboradora de WeWork, la empresa dejó que la telecom japonesa llevara a cabo un rescate con la compra masiva de acciones. Esto en cambio redujo significativamente el valor de sus títulos. También permitió a Adam Neumann salir con una indemnización de unos mil 700 mdd a su salida de la compañía.

¿Empeorará más la situación de la marca?

WeWork no es la única empresa que ha tenido una difícil salida a la bolsa. En general, parece que buena parte de las compañías del sector tecnología que han tratado de dar el salto a la oferta pública se han visto afectadas severamente. Uber no solo enfrenta varios escándalos con sus conductores sino que, gracias a que está sangrando recursos, ha tenido que hacer múltiples despidos masivos. Lyft está en una situación muy similar, que inició desde el día uno.

¿Será que por fin estamos viendo las últimas patadas de ahogado de la marca de coworking? Ciertamente ya parecía que la empresa se iba a desmoronar antes del rescate de Softbank. Ya que este movimiento también parece haberle salido mal, es posible que ahora sí no tenga la oportunidad de recuperarse en el largo plazo. Si la demanda colectiva en efecto ser inclina en contra de WeWork, el precio podría ser demasiado alto para cubrir, con o sin apoyo japonés.

Por otro lado, la marca parece confiada que la demanda no tiene mérito. A final, la compañía todavía es privada y no tiene una responsabilidad tan sólida con sus inversionistas. A eso se le debe de sumar que las decisiones financieras de los individuos no se deben de imputar a las compañías. WeWork bien podría argumentar que no podía saber que, para mantener a la empresa a flote, había que diluir el valor de las acciones. Habrá que esperar la decisión final.