• De acuerdo con Statista, WeWork registró profundas pérdidas en 2018, cercanas a los dos mil mdd netos

  • Ese mismo año, se estima que sus ganancias apenas sumaron mil 820 mdd, por lo que quedó con un saldo negativo

  • A finales de 2019 se espera que su perspectiva mejore ligeramente, con un saldo neto negativo de 900 mdd

Todas las compañías unicornio se han caracterizado por tener graves problemas financieros. No hay mejor muestra que su lucha por salir al mercado bursátil. Desde su Oferta Pública Inicial (IPO), Uber ha presentado una y otra vez graves pérdidas, que no parecen frenarse a pesar de su inversión en sus unidades de negocio alternas. Algo similar enfrenta su rival Lyft, que aún no logra recuperarse de su desplome. Pero pocos casos se asemejan al de WeWork.

La más grande marca en la industria del coworking está enfrentando una enorme crisis interna y externa. Para inicios de 2018, WeWork estaba experimentando un crecimiento sorprendente en mercados como Colombia. Parecía de hecho que su rendimiento era tan bueno, que podría tener uno de los lanzamientos más exitosos a la bolsa de todo el mundo. De hecho, en cifras de Vox, para mayo pasado se valuaba a la empresa en unos 47 mil millones de dólares (mdd).

Sin embargo, en los últimos meses el destino de la empresa ha cambiado radicalmente. Para mediados de agosto, había anunciado un ambicioso proyecto de marketing para preparar su salida a la bolsa. Pero a inicios de septiembre, algunas dudas empezaron a surgir sobre su IPO sobre la composición de su equipo gerencial. Poco después, el CEO de WeWork salió de la compañía, el lanzamiento bursátil se pospuso y hasta se planteó cederle el control a Softbank.

¿Los últimos días de WeWork?

Ahora, la situación de la empresa parece ir de mal en peor. Bloomberg reportó que WeWork decidió no vender una parte mayoritaria de su compañía a Softbank para mantenerse a flote. En cambio, decidió tramitar una reestructuración de su renta. El trato estaría valuado en cinco mil mdd y liderado por banqueros como JP Morgan Chase. Sin embargo, esto ha hecho que la valuación de los bonos de la empresa se vaya en picada, para llegar a 79 centavos por dólar.

Pero éstas no son las únicas malas noticias para WeWork. Tan solo horas después que la empresa anunciara que prefería la reestructuración de su deuda, se dio a conocer la renuncia de su Chief Communications Officer (CCO). Bloomberg también informó que Jimmy Asci abandonaría su puesto. No solo duró menos de seis meses en su rol como vocero de la empresa. También sería la tercer salida de alto perfil para la compañía en ese mismo periodo.

Oportunidad de recuperación

La situación de WeWork refleja una preocupación constante hacia varios de los grandes emprendimientos de tecnología del mundo actual. Empresas como la gigante del coworking, así como los gigantes Uber y Lyft, están luchando arduamente por desarrollar un modelo de negocio sustentable. Incluso empresas como Airbnb, que anunció su salida a la bolsa en septiembre, ha generado algunas dudas, incluso cuando tiene mayor solidez financiera.

Más allá del caso de la industria de la tecnología, ¿es factible decir que estamos viendo los últimos días de WeWork? A corto plazo, la respuesta es no. El trato que cerró con JP Morgan Chase y el resto de sus inversores le permitiría obtener suficientes recursos para tratar de corregir el rumbo en el corto plazo. La salida en bandada de su equipo gerencial también abre una posibilidad poco convencional: renovar su liderazgo para darle la vuelta a su crisis.

Sin embargo, también cabe destacar que es una apuesta muy arriesgada para WeWork. Su decisión con JP Morgan la ha condenado a obtener resultados si no quiere desaparecer del mapa a mediano o largo plazo. Lo más importante para la empresa, en los próximos meses, será demostrar a sus inversores que puede generar resultados positivos. Si no, podría perder el respaldo que le permite subsistir y ahora sí firmar su carta de despedida en corto tiempo.

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