• De acuerdo con Microsoft, un PIN es más seguro que una contraseña por la forma que se encripta la información

  • Algunos estimados arrojan que más de la mitad de las personas no protegen sus dispositivos con ningún sistema

  • Menos de la mitad de las personas tienden a combinar letras mayúsculas y minúsculas en sus códigos de seguridad

En solo unos meses, las contraseñas podrían ser cosa del pasado para Microsoft. De acuerdo con The Verge, la compañía esta preparándose para deshacerse de estos métodos de seguridad para el próximo año. A partir de 2020, los dispositivos con Windows 10 utilizarían otros métodos de autenticación. Por ejemplo, reconocimiento facial, PINs o huellas dactilares.

Según Microsoft, incluso los PINs suelen ser más seguros que las contraseñas. Esto debido a que la gente tiende a utilizar la misma frase o palabra de autenticación a lo largo de múltiples cuentas y sistemas. Asimismo, los códigos con cuatro o más dígitos suelen guardarse únicamente en el dispositivo. Así, es más difícil que puedan ser hackeados en línea.

Un curioso empuje de Microsoft por la seguridad

Windows 10 no es el único sistema que quiere moverse lejos de las contraseñas. También algunas de las rivales más notables de Microsoft, como Apple, llevan años impulsando factores de autenticación alternos. De hecho, la marca de Tim Cook no solo ha probado (a veces con malos resultados) el reconocimiento facial. En junio, también presentó un nuevo botón que permite a las personas ocultar hasta su correo electrónico de servicios de terceros.

Hay buenas razones detrás del empuje para eliminar el uso de contraseñas. El robo de esta información es uno de los riesgos más comunes en línea. Ni siquiera las compañías más grandes de la industria pueden evitar estos incidentes. A eso hay que sumarle que, como señala Microsoft, la mayor parte de los usuarios tienen pésimos hábitos en su utilización.

A la vez, eliminar por completo la opción de las contraseñas podría no ser la mejor idea. No solo Microsoft estaría limitando las opciones de personalización de los usuarios. Además, podría sobrentenderse como un impulso para obtener información biométrica de su audiencia. Algo que, como sus rivales lo han aprendido de mala manera, no suele agradar al público. Así que, aún si sus intenciones son buenas, a la marca le convendría suavizar un poco la iniciativa.

Un acercamiento más benévolo podría ser añadir todos los factores de autenticación adicionales y dejar la contraseña como una opción. Incluso Microsoft, si está tan preocupado por los malos hábitos en este tipo de sistemas, podría cambiar el método por default a PIN. Así, podría cerciorarse que solo utilicen contraseñas quienes realmente sepan cómo usarlas.