• Entre las compañías petroleras para las que Microsoft, Amazon y Google desarrollan IA, están ExxonMobile, Shell y Chevron

  • Según el reporte de Greenpeace, el negocio fundado por Bill Gates es la que lidera el número de contratos con este sector

  • Por su parte, la marca de Jeff Bezos ha sufrido múltiples quejas de sus empleados por no hacer más por el medio ambiente

Una de las tecnologías más prometedoras y poderosas en todo el mundo es la Inteligencia Artificial (IA). No solo permite a las empresas acelerar y potenciar su retorno de inversión con sistemas de automatización, análisis de datos y optimización de procesos. También tiene una serie de aplicaciones específicas para muchas industrias. Pero tal vez lo más importante es que cada sector puede beneficiarse, de una forma u otra, de desarrollo de estos proyectos.

Esto también aplica para las compañías petroleras. Hace poco que Greenpeace presentó un punzante reportaje contra varias tecnológicas, específicamente Microsoft, Google y Amazon, por sus tratos con la industria petrolera. Específicamente, les llamó hipócritas por desarrollar IA para hacer más eficiente la extracción de combustibles, algo que según la organización está en contra de sus metas sustentables. Parece que, esta vez, pudo tener un enorme impacto.

De acuerdo con AP, Google acaba de anunciar que dejará de aceptar proyectos de desarrollo de IA de compañías petroleras. Específicamente, ya no creará este tipo de software para poder acelerar la extracción de crudo y gas. Greenpeace aplaudió la decisión de la subsidiaria de Alphabet y su renovado compromiso por el cuidado del medio ambiente. Si bien la empresa dijo que completará aquellos contratos pendientes, no dijo con qué marcas seguirá laborando.

Un triunfo crucial en medio ambiente

Más allá del uso de IA, la lucha en pro del entorno se volvió un tema recurrente en casi todas las industrias. Starbucks anunció en 2019 que iba a nombrar un director ejecutivo para liderar todas sus iniciativas de sustentabilidad. Pandora meses antes prometió que iba a reducir de una forma importante su emisión de gases contaminantes, así como reforzar su apuesta por las energías renovables. Y el pasado Super Bowl decidió volverse el más verde de la historia.


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La decisión de Google no es menor. Si bien hay cada vez un mayor énfasis en las energías más limpias, la industria petrolera es aún de las más poderosas del mundo. A eso se le tiene que sumar que la creación de IA y de cloud computing es todavía un mercado muy competido donde Amazon y Microsoft aún tienen una ligera ventaja. Bloquear por completo a las marcas de este sector ciertamente tendrá consecuencias negativas para esta unidad de negocio.

Por otro lado, también ayudará a que la marca de Google cimiente una reputación que ahora será difícil que imiten o equiparen sus rivales en IA. Muchas compañías, así como la una muy buena parte de la población, consideran que el cuidado del medio ambiente es una temática prioritaria. Así que se puede percibir una mayor fidelidad, así como exposición de su empresa, entre esta parte de la industria. Algo que, en el largo plazo, podría darle una ventaja crucial.

El poder de la IA

No se puede subestimar el potencial de los sistemas de aprendizaje automático en cualquier industria. Se ha probado en varias ocasiones que la IA es muy útil para impulsar las metas de marketing de las marcas. También ha probado ser una plataforma crucial para optimizar todos los procesos internos de trabajo. A eso se deben de sumar las perspectivas de transformación que los grandes expertos y marcas de la industria están convencidas que provocarán a futuro.

Sin embargo, similar a su uso para potenciar a sectores con un impacto negativo en el medio ambiente, hay otros peligros que los expertos han detectado sobre el uso de la IA. De acuerdo con BuiltIn, existe el riesgo inmediato de la automatización de muchos trabajos que antes solo realizaban las personas. NI Business Info señala que no puede alcanzar su máximo potencial si no tiene acceso a datos valiosos. Y según McKinsey, existe la posibilidad de usos maliciosos.

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