• En abril de este año, se detectaron 20.7 millones de empleos en la economía informal, y 22.6 millones en el sector formal

  • Para mayo pasado, estas cifras ya habían cambiado a 22.6 y 21 millones, respectivamente

  • En este mismo periodo, el SAT registró una recaudación de 221 mil 589 millones de pesos

ACTUALIZACIÓN: Se corrige un typo en el título principal

El consenso, a estas alturas de la emergencia sanitaria, es que la crisis económica será mucho más grave para el mundo que cualquier consecuencia médica o de salud. En buena parte, por la brutal (pero necesaria) medida de detener muchas actividades productivas. Para México el panorama no es diferente, y de hecho es mucho más delicado considerando la fragilidad bajo la que viven muchos individuos. Por desgracia, parece que el desafío se agrava cada día más.

De acuerdo con El Universal, el IMSS acaba de publicar las cifras estimadas de empleo dentro del país para el mes de mayo. Frente a marzo y abril, los meses más duros de la pandemia, en México, se recuperaron algunos puestos de trabajo. Pero las casi dos millones de plazas que se añadieron a la economía fueron del sector informal, sin prestaciones ni acceso a institutos de salud. En el segmento formal, por otro lado, se registró la baja de 1.6 millones de trabajos.

Si bien esta noticia es mala en sí mismo, es devastadora para el Gobierno federal. Las plazas formales no solo benefician a los mismos empleados con seguro médico y prestaciones de ley. También representan una de los principales fuentes de ingresos para las arcas públicas. Y en datos de El Universal, el SAT registró una caída del 14.6 por ciento en la recaudación en mayo, frente al 2019. Ninguno de los gravámenes llegó a sus metas programadas para ese mes.

¿Por qué es una mala noticia para el Gobierno de México?

Cabe destacar que la situación económica del país no es la excepción a una escala global. Por el contrario, parece ser la regla. Todas las naciones del mundo, fuera de China, van ver caer su PIB nacional en 2020. En Estados Unidos (EEUU), cadenas que van desde J.C. Penney hasta GNC se han declarado en bancarrota, con muchas más siguiendo su ejemplo día a día. Y al igual que en México, se están perdiendo trabajos y cerrando instalaciones por los millares.


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Aún así, vale la pena analizar la situación particular en la que se encuentra la República. Y es que la pérdida de empleos formales pinta un panorama desolador para el Gobierno de México en el corto plazo. La recaudación impositiva se está perdiendo, al menos en parte, por la pérdida de plazas que contribuyen al erario público. Incluso se podría razonar que la misma fragilidad financiera está llevando a recurrir a la economía informal, que no paga impuestos.

Y será un desafío importante para la actual administración a futuro porque, si de algo sirve el precedente de otros países, la crisis económica de la pandemia no se recuperará fácilmente. Osea, tardará un buen rato en recuperarse el anterior nivel de empleos formales, y por tanto la recaudación fiscal. Si el Gobierno de México cumple su promesa de no aumentar impuestos, va a tener un gran problema financiando sus proyectos. Así que se acercan días muy oscuros.

Otras consecuencias de la informalidad en México

Un repunte de las plazas de trabajo que no pagan impuestos y no reciben prestaciones ni una atención médica institucional podría parecer el menor de los problemas financieros de México. Al final, la gran mayoría de las personas están preocupadas ante la inminente crisis financiera. También se debe considerar que se espera al menos la pérdida de un millón y medio de plazas de trabajo totales durante la epidemia. Eso sin contar el quiebre de múltiples organizaciones.

Lo cierto es que la informalidad tiene múltiples consecuencias negativas graves en el largo plazo que acechan a México. De acuerdo con varios estudios, es un fenómeno que tiende a preservar la pobreza entre los ciudadanos. Otras investigaciones apuntan que, aún con las medidas más agresivas de las últimas décadas, ha probado ser mucho más difícil de erradicar. Y McKinsey cree que afecta la competencia, haciendo rentables a marcas que no deben serlo.

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