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Crisis, emociones y liderazgo

Uno de los rasgos que más admiro de los líderes con los que he tenido la oportunidad de trabajar, es el manejo de las emociones.

Una de las líderes regionales con más experiencia que he conocido, nos compartió en su visita a México cómo enfrentaba el proceso de adquisición de la compañía en que laborábamos y nos hizo saber que estaba segura de haber confirmado algo grandioso: “a los líderes también nos pagan por sonreír”, nos dijo convencida.

Ella habitualmente comía su lunch en su oficina pues no había tiempo que perder, pero en medio de esta incertidumbre, decidió mandar un mensaje contundente de confianza y a partir de esa fecha se aseguraba de bajar dos o tres veces por semana a la cafetería para tener una sensación más cercana sobre el estado anímico de los colaboradores.

Cierta tarde, una persona se acercó a decirle que le daba mucho gusto verla pasar entre la gente con una gran sonrisa pues eso significaba que todo estaría bien: “verte tranquila nos hace sentir así a todos nosotros”, le dijeron. Y así fue, todo salió muy bien.

Uno de los rasgos que más admiro de los líderes con los que he tenido la oportunidad de trabajar, es el manejo de las emociones. No importa si su principal atributo es el carisma, la energía, el manejo financiero o ser demasiado formales; lo que verdaderamente hace la diferencia, es la manera de actuar en momentos específicos de los cuales te quiero hablar el día de hoy en el marco del AgroMarketing, pues la cantidad de incontrolables del campo enriquecen aún más estas experiencias.

PRUEBAS DE FUEGO EN LA AGRICULTURA

1. Manejo de Crisis: En esos momentos en los que los números no están de nuestro lado, donde las ventas no ocurren o el resultado de nuestra campaña no es el esperado, los líderes juegan un papel fundamental. ¿Se imaginan que en medio de una crisis por falta de agua el líder comercial muestre estrés o desesperación? El punto no es que pueda o no sentir esas
emociones, sino que las gestione adecuadamente, que los mensajes que envía verbal y no verbalmente sean consistentes con lo que se pretende resolver.

¿Qué esperar de un buen líder? Mostrar control sin sobre prometer, ser muy concretos y verbalizar las oportunidades realistas de resolver los retos frente a nosotros, asegurar de comunicar el rol que cada uno debemos de jugar y acompañarlo con una serie de acciones de rápida implementación, evaluación inmediata y reajuste.

2. Vulnerabilidad: El lado más sólido del liderazgo desde mi perspectiva, es el poderse mostrar ciertamente frágiles, mas no derrotados. El día que el director general nos hizo saber que las autoridades negaron los permisos para comercializar un producto, nos lo comunicó sin ocultar su frustración y un alto nivel de sensibilidad pues además no dudó en reconocer el gran
trabajo que múltiples áreas habían llevado a cabo.

Se preparó para hacer un recuento de los proyectos exitosamente implementados hasta ese momento y nos recordó las grandes oportunidades que estaban ahí para ser capitalizadas, pero el mensaje general fue entre líneas, algo como yo me identifico con la manera en que ustedes se sienten, todos somos del mismo equipo, pero juntos podremos salir adelante.

Un trago amargo, una decisión que juega en nuestra contra o una estrategia fallida no deben suponer la máxima derrota profesional de nadie, sin embargo, hay que estar alertas para que ese momento bajo sea nuestro nuevo punto de partida pues es nuestra responsabilidad, independientemente de la posición organizacional que estemos cumpliendo en ese momento.

3. La furia: El que se enoja, pierde. Pierde el control, la certeza y hasta el respeto de los demás. En otras ocasiones les he dejado ejemplos en los que los clientes agrícolas reclaman airadamente algún precio, el performance de los productos o hasta los factores que nadie puede controlar, como el clima o la inseguridad. Pero la experiencia es un factor que paga muy bien y son precisamente las y los agricultores quienes habitualmente ponen un “freno” al desorden emocional de las negociaciones más candentes.

Recuerdo que al presentar un producto nuevo precedido de una inflación tan alta como la que estamos viviendo hoy día y con una tasa de cambio que le jugaba en contra a los productores agrícolas, las reclamaciones vinieron de todos lados y en todos tonos. La combinación que resolvería a la postre esa discusión fue la de una intervención de un agricultor que dijo: “compañeros, parece que en lugar de una presentación de producto estamos en medio de una terapia de grupo, pongamos atención a lo que nos vinieron a decir y ahí vemos si nos pueden ayudar, porque no todo es su culpa”.

SEMBRANDO REFLEXIÓN

Cuando me convertí en papá, leí una frase en uno de esos libros que pretendía brindar guía a quienes debutábamos en ese peculiar rol que decía “no prometas cuando estás contento ni castigues cuando estés enojado” y ciertamente fue una gran recomendación cuya efectividad quedó comprobada cuando mis hijos entraron en la adolescencia pero que aplica muy bien al
ámbito de los negocios pues la clave es no es rechazar la existencia de las emociones o restarles valor sino estar alerta de que no gobiernen las relaciones interpersonales siendo capaces de darles una dimensión justa y así evitar malas experiencias.

Y tú, ¿qué tanto dominas las emociones a la hora de la verdad? Los veo en @soyjuanbecerril en las redes sociales

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