Desde hace un par de semanas, y en el futuro próximo, no habrá nada de lo que se hable más que del COVID-19. No es para menos, considerando que el patógeno logró tirar casi todos los sistemas de salud de los países en donde se ha desatado. Mientras China se recupera, en el resto del planeta, desde Estados Unidos (EEUU) hasta España, Italia y México, el pánico se empieza a apoderar del entorno. En especial, por el daño económico que ya está causando.

Sin embargo, hay un hombre que cree tener el plan ideal para superar la crisis económica que pinta el COVID-19: Agustín Carstens. De acuerdo con Reuters, el economista mexicano, ex-gobernador del Banco de México (Banxico) y actual jefe del Banco de Pagos Internacionales (BIS), publicó hace poco un plan. Con esta estrategia económica, que consta de tres puntos, los diferentes bancos centrales podrán evitar que los sistemas productivos globales colapsen.

El plan de Carstens contra el COVID-19

Para empezar, el director del BIS sugirió a los bancos centrales empezar a usar con mayor agresividad sus capital buffers. Estos amortiguadores de capital generalmente se requieren por ley para asegurar la operación de las instituciones financieras. Sin embargo, ante la situación que trajo el COVID-19, Carstens sugiere también hacer usar las reservas para hacer frente a la crisis. Asimismo, quiere congelar el pago de dividendos y detener la recompra de acciones.

También cree que es necesario que los bancos centrales le otorguen préstamos, asegurados por el gobierno, a las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs). Para lograr su supervivencia ante el COVID-19, Carstens apunta que se les debe otorgar una cifra igual a lo que pagaron de impuestos durante 2019. Para limitar en lo posible los casos de corrupción, solo accederían al beneficio aquellos negocios que demostraron haber sido redituables en los últimos 12 meses.


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Finalmente, el ex-líder de Banxico recomendó a los bancos centrales fortalecer sus líneas de swaps, en especial en dólares. Estos instrumentos se emplean para que varios países puedan intercambiar divisas a una tasa de cambio fija y asegurar la liquidez en sus respectivos países. De esta manera, no solo se podrá proteger a la economía de alteraciones en las cadenas de suministro. Incluso podrían significar una barrera adicional ante la depreciación contra el dólar.

¿Opciones válidas?

El plan de Carstens ante el COVID-19 es sólido. Por el momento, el BIS y muchos expertos en economía global temen que los bancos centrales no estén invirtiendo lo suficiente para parar la crisis económica que se aproxima. También hay gran miedo de que los recursos que terminen por usarse en estos proyectos no vayan a negocios y empresas que en verdad los necesitan. Con estas medidas, se podrían mitigar muchos de los miedos y tener un mucho mejor manejo.

No se trata de un plan infalible, sin embargo. La idea de Carstens es que estos proyectos se financien con el erario público. Si la pandemia del COVID-19 se extiende demasiado, podría significar un golpe terrible a las arcas de los gobiernos. Algo que a su vez podría implicar no solo más deuda nacional, sino incluso la suspensión de ciertas iniciativas federales o hasta programas sociales. Y tal vez no todos los políticos están dispuestos a pagar ese precio.

Lo cierto es que todo el mundo ha tratado de encontrar soluciones a la inminente crisis que traerá el COVID-19, sin que haya todavía una respuesta satisfactoria. VOX-CEPR  asegura que el caso de China podría ser una lección para el resto de los países, aunque sus medidas aún así podrían llevar a una catástrofe financiera. Y según el NYTimes, es crucial asegurar que no se pierdan empleos ni negocios, pero mediante créditos que podrían ser difíciles de mantener.

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