• Según la startup, no se pudo construir un “sistema de negocio sustentable”

  • Varios clientes llaman a su CEO, Nick Evans, un ladrón que se aprovechó y robó su dinero

  • Las scooters eran de China, pero se pintaban y aumentaban sus funciones en Estados Unidos

Varias plataformas de tecnología, que podían (o pueden) definirse con el término startup, se encuentran enfrentando un periodo difícil en su ciclo de vida. Uber, Lyft, Didi y otras empresas en el entorno de taxis compartidos y entregas de comida luchan, a gran costo financiero, por conservar su parte del mercado. Y mientras Airbnb ha tenido que enfrentarse a la dura realidad de qué tan erráticos pueden ser sus usuarios, WeWork está literalmente al borde del abismo.

No siempre el entorno startup tuvo esta imagen tan controversial. Hace solo unos meses, según Forbes, se estimaba que esta industria había generado una derrama económica de 2.8 billones de dólares en solo un par de años. Para octubre, The Genius Works apuntaba que este sistema emprendedor genera crecimiento a una escala pocas veces vista. En algún punto, incluso Brookings señaló que eran un indicador ideal para medir el desarrollo de las ciudades.

El problema del ecosistema startup ciertamente no es el emprendimiento. Éste concepto no solo ha existido por años, sino que es indispensable para la evolución de la economía. No hay que culpar tampoco a las herramientas tecnológicas, que han ayudado a acelerar y facilitar la creación de nuevas empresas pero también fortalecieron a muchos otros negocios. Más bien se trata de un modelo financiero tóxico que, por desgracia, es común de muchos proyectos.

La startup que demuestra la enfermedad

De acuerdo con The Verge, la compañía Unicorn acaba de declararse en quiebra de forma oficial. Se trata de un proyecto de uno de los co-creadores de Tile, una plataforma de sitckers GPS. Este negocio ofrecía a los usuarios la oportunidad de comprar un scooter eléctrico por solo 699 dólares. El vehículo venía equipado con una serie de mejores tecnológicas. Entre ellas, rastreo GPS y la capacidad de bloquear el vehículo usando una app para smartphone.


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La startup anunció que está en quiebra y empezará a liquidar todos los bienes que pueda. Esto porque habría gastado todo su presupuesto de publicidad en Facebook y Google, así como otros gastos menores. Ahora, no solo no podrá cumplir con las 350 órdenes de compra que ya habían realizado sus clientes. Ni siquiera promete devolver su dinero a las personas, ya que, incluso si se venden todos los activos, es poco probable lograr siquiera reembolsos parciales.

Un modelo destinado al fracaso

Muchos consumidores acusan a la startup de haber recaído en una estrategia de sacar a la competencia fuera del mercado, pero sin la certeza de poder operar una vez que lo lograra. Y es preocupante que muchas grandes plataformas actuales parecen seguir este patrón. Uber, Didi y WeWork tienen un sistema muy similar de perder dinero para ganar clientes. Pero incluso marcas como Luckin Coffee, el “Starbucks chino” y, según CNBC, Tesla y Amazon hacen esto.

¿Por qué este tipo de startup está condenada al fracaso? Básicamente, porque está basada en el pensamiento depredador que describe Samuel Scott en The Drum. Es perder dinero al inicio de la historia de la compañía, desgastar y sacar a los rivales a la fuerza para aumentar precios después y volverse amo del mercado. Aunque suena a una idea sólida, requiere dos elementos: dinero suficiente y certeza que habrá suficiente interés de la audiencia en el futuro.

Es rara la startup que puede tener estas certidumbres, especialmente si, como en el mercado de los taxis compartidos, hay varias empresas bien fondeadas dispuestas a apostar. A eso se le debe sumar que, en el largo plazo, es malo para el mercado. Desincentiva la competencia, lo que afecta al consumidor, y está construida sobre un arriesgado tiro de moneda donde se juegan miles de millones. Es insostenible a largo plazo y el caso de Unicorn es una prueba.