Relaciones públicas y el mundo digital

LOS INVITO A SEGUIRME EN FACEBOOK O POR TWITTER: @MANUELMREL  AUTOR ESPECIALISTA EN COMUNICACIÓN INTEGRAL Y ES DIRECTOR GENERAL DE GRAPHO-IMC.  [email protected] COM 

Una vez aclarado, las nuevas generaciones de publirrelacionistas quieren ejercer su actividad en un mundo tan virtual que se olvidan de hacerlo en el mundo real y nuevamente el problema va de la mano, como casi todo, del cliente que así lo pide.

No se trata de sustituir unos esfuerzos por otros, se trata de complementarlos en la medida en que sirvan a los objetivos de la marca o producto.

Una posible explicación

Es un hecho que el mundo se está rejuveneciendo al menos cronológicamente. Tanto clientes (jefes o gerentes de Marca) como los encargados de atenderlos desde agencias a consultoras, están siendo cada vez más jóvenes (con todos los defectos y virtudes que ello implica).

Es innegable también, que a todos ellos les entusiasme innovar desde una plataforma que creen conocer sólo porque la utilizan de forma personal no obstante la disponibilidad de cursos, seminarios –y bueno, hasta diplomados–, que actualmente se ofertan para los usos de las redes sociales en mercadotecnia (ya que no quieren pagar por una buena cultura, cuando menos que lo hagan por una buena técnica).

El primer problema a plantear

De las dos redes más populares, sin duda alguna la que presenta una mayor complejidad es Twitter.

Ya el simple hecho de limitar a 140 caracteres el mensaje, independientemente plantea varias preguntas que sin duda deben resolverse. La primera de ellas es autodefinir (para la marca que vamos a trabajar en las redes), el tono de comunicación que debemos implementar, la forma de comunicación que debemos formular y el respeto por el idioma que debemos guardar. Hay marcas a las que –por sus audiencias–, les importa un bledo el uso correcto de la puntuación como parte de la ortografía (algo que para mí es infinitamente criticable), pero que no se sustrae al hecho de que ni las audiencias ni las personas detrás de las agencias leen salvo lo que ven en sus pequeñas pantallas móviles. Su utilización con características de una mala ortografía, habla del poco poder de síntesis de quien así lo hace: todo (o casi) es posible meterlo en 140 caracteres sabiéndolo acomodar.

Twitter es una red social que todavía tiene muchos aspectos por explorar y que a la larga será, sin duda, una herramienta muy útil.

Facebook

Facebook, por su parte, es una red probadamente menos complicada para el trabajo de construcción de reputación. De hecho, esta red cuenta con toda una estructura de soporte comercial para la creación de una página especial sobre el tema que a la marca convenga tratar, con fotos de producto inmejor.

Facebook además, por estadística al menos en nuestro país, parece ser la red donde más tiempo pasa el consumidor en una comunidad de amigos virtuales y ahí, es justamente, donde está el meollo del asunto: la marca debe de hacerle sentir al usuario de su página que es su “amigo”.

En un esfuerzo por clasificar

La efebocracia en la vida de las agencias no da tampoco para ejercer una clarificación de hacia donde clasificar estos esfuerzos de comunicación. En muchas agencias lo llaman.

En cualquiera de los casos, si el trabajo es de construcción de reputaciones debe ser realizado por una agencia de relaciones públicas. En las nuevas agencias digitales –y es muy prudente considerarlo–, trabajan técnicos que pueden ser muy útiles para implementar las estrategias de relaciones públicas que, ya sea por especialistas internos de la marca o por su agencia de relaciones públicas, deben ser planteadas, pero ojo, en la mayoría de los casos no son estrategas. El cómico catalán Jaume Perich decía lo siguiente: “La gente joven está convencida de que posee la verdad. Desgraciadamente cuando logran imponerla, ya ni son jóvenes ni es verdad”.