Con un par de tweets, el presidente Donald Trump anunció los resultados de una reunión con Sundar Pichai. El CEO de Google le reafirmó al mandatario que su compañía respalda al ejército de los Estados Unidos de América (EUA). Ambos también habrían intercambiado algunas reflexiones sobre política y cómo la tecnológica podría apoyar a la agenda de su país.

Esta declaración responde a una acusación que Trump realizó a mediados de marzo contra Google. Entonces, apuntó que la compañía prefería ayudar al ejército chino en lugar de a las tropas de EUA. Las acusaciones fueron un eco de las preocupaciones presentadas por el General Joseph Dunford días antes. El militar apuntó que el trabajo de Pichai y su equipo en el país asiático podría beneficiar indirecta y directamente a la agenda militar en Pekín.

Google está internándose en un terreno turbio. De acuerdo con el Pew Research Center, el panorama político en EUA está más dividido que nunca. Y una encuesta realizada por Ipsos/BBC apunta que el mismo fenómeno se extiende a tres de cada cuatro personas del mundo. Dada la volatilidad y las tensiones que prevalecen en el entorno social, ¿fue una decisión sabia la de Pichai el haber tomado partido? Más importante, ¿podría afectar a su empresa a futuro?

Jóvenes, quienes más ansían el “activismo de CEO’s”

Un estudio de Weber Shandwick/KRC Research parece defender las acciones del director de Google. El 47 por ciento de los millennials creen que los CEO’s deben tomar partido en temas importantes para la sociedad. Cuatro de cada 10 empleados además apuntaron que serían más leales a su empresa si su director establece públicamente su postura. Por el contrario, mantenerse al margen generaría críticas de casi la mitad de este púbico.

Pero un análisis de Sword and the Script apunta que esta tendencia no es igual para toda la población. En particular para política, la decisión de Google sería mal vista por más de la mitad de los consumidores con más de 30 años. Es relevante destacar que, si la visión de la marca no coincide con su opinión personal, los clientes se lo toman a mal. De hecho, el 53 por ciento de la población general estaría menos dispuesta a hacer negocios con dicha marca.

No solo las opiniones de la mayoría del público parecen indicar que Google tomó la decisión incorrecta. También los directivos de marketing desaprueban que las marcas se involucren en temas políticos. De acuerdo con The CMO Survey, apenas 21 por ciento de los profesionales creen que las empresas deban tomar partido en estas controversias. Entre las razones, está el temor a represalias de los clientes y empleados o resaltar de la competencia negativamente.

La delicada jugada de Google en la política internacional

De cualquier forma, una marca tal vez se sentiría tentada a tomar partido en un tema político. En particular si conoce la alineación de su público y éste está conformado principalmente por millennials. Pero es muy distinto involucrarse en las controversias del país de origen y meter las narices en un conflicto internacional. Google es una compañía global, fuera de dónde estén sus cuarteles generales. Tomar partido en esta dimensión no es comercialmente viable.

Las ganancias de Google no se concentran en el mercado nacional. Mostrar apoyo por uno u otro ejército no es igual a defender la inclusión racial. Statista apunta que tanto EUA como China están entre los cinco países que generan casi el 50 por ciento de las visitas a la página de la tecnológica.

Google está potencialmente comprometiendo una fracción significativa de sus ingresos al ceder a la presión del presidente Trump. Y no es como que pueda apoyar al ejército estadounidense en su agenda militar. Desde junio pasado sus mismos empleados mostraron su renuencia a participar en proyectos de desarrollo con el Pentágono. Tal vez la mejor decisión de Pichai habría sido mantenerse neutral en la batalla entre EUA y China.

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