Del Toro vs. Victoria. La ‘cruda’ que provocan los derechos de autor en México

La violación de este derecho puede suponer para el infractor, hasta 15 mil días de salario mínimo vigente, es decir, más de un millón de pesos mexicanos.

No es el primer caso ni será el último en el que una marca utiliza la imagen de una personalidad para una campaña sin su autorización previa. Parece que la historia de desamor comercial entre el sector de las bebidas alcohólicas y el cinematográfico continúa.

Después de que Diego Luna y Gael García Bernal interpusieran demandas contra Don Julio y Johnnie Walker, la historia se repite. Ahora es el cineasta Guillermo del Toro el que ha reclamado a la casa de cerveza Victoria el haber infringido la reglamentación relativa a la protección de su imagen y su obra, contemplada en la Ley Federal del Derecho de Autor.

De acuerdo con el artículo 87 del texto legal, “El retrato de una persona sólo puede ser usado o publicado, con su consentimiento expreso, o bien con el de sus representantes o los titulares de los derechos correspondientes”.

La violación de este derecho puede suponer para el infractor, hasta 15 mil días de salario mínimo vigente, es decir, más de un millón de pesos mexicanos.

En este caso, no sólo se ha utilizado la imagen de Guillermo del Toro sin su autorización previa, sino que también implica una conducta a escala comercial relacionada con la obra del cineasta, protegida por la Ley. La marca de cerveza se defendió de las acusaciones, argumentando que la línea de latas en edición especial para Jalisco, busca reconocer el talento mexicano, en este caso, el de Guillermo del Toro y es un homenaje a su persona.

No obstante, se trataría de un caso claro de infracción y el titular del derecho, Del Toro, podría tomar medidas legales para evitar o parar la actividad comercial ilegal o, acordar con la empresa una compensación por daños y perjuicios.

A pesar de que el director de cine podría haber iniciado acciones legales en contra de la cervecera, parece que decidió llegar a un acuerdo con ella a través de una acción altruista, donar lo recaudado por las ventas para impulsar la educación en jóvenes. Algo que sin duda va a contribuir de manera positivo en su imagen y marca personal, ya de por sí buenas, al haber colaborado en varias ocasiones con iniciativas en apoyo al talento mexicano.

Además, es interesante ver como las redes sociales, se han convertido en las plataformas preferidas para denunciar injusticias y abusos. Son un canal fundamental para viralizar determinados temas y para exponer infracciones cometidas por empresas o personas, lo que compromete su imagen ante la mirada atenta de millones de personas anónimas.

Con la globalización y los nuevos canales de comunicación, parece que las batallas legales se juegan realmente en estas plataformas digitales, antes que en los juzgados. Además, este caso muestra que, consciente de su relevancia y reputación, una personalidad como Guillermo del Toro, prefiere aprovechar la coyuntura en beneficio de los mexicanos, en lugar del suyo propio.

En otros sectores, como el textil, parece que todavía hay confusión entre lo que es inspiración o apropiación de una obra artística ajena. Tenemos un ejemplo reciente, con la colección que presentó Carolina Herrera en junio de este año, en la que se utilizan bordados Tenangos y diseños tipo sarape de Saltillo. También la casa Louis Vuitton usó textiles hidalguenses para tapicería.

Ambos casos fueron denunciados por la Secretaria de Cultura, pero los expertos aseguran que más importante que las acciones legales, es garantizar el registro de estas creaciones y su catalogación para poder dar licencias a aquellas marcas o individuos que deseen explotar los diseños.

En México, abundan los casos de plagio, infracción del copyright y uso indebido del derecho de imagen y reproducción de una obra artística; pero como en otros casos, prima la falta de recursos legales, la falta de cultura para realizar los registros de acuerdo con lo estipulado por la ley. Este tipo de polémicas, abogan por la denuncia, pero, sobre todo, por respetar lo regulado en la Ley para crear una cultura que beneficie a las comunidades.

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