Estados Unidos (EEUU) y China siempre han tenido una relación difícil. El gigante asiático ha ganado poderío económico en los años. De hecho, de acuerdo con Trading Economics, el país representa casi una quinta parte de la economía mundial. Bajo el liderazgo de Donald Trump y Xi Jingping, las tensiones han escalado entre ambos actores. Algunos incluso creen que las diferencias son irreconciliables. Para compañías como Huawei, solo significa malas noticias.

A través de una carta, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) anunció que revisaría procesos de “alto riesgo” con individuos u organizaciones de Rusia, China y Arabia Saudita. Maria T. Zuber, vicepresidente de investigación de la universidad, apuntó que el objetivo de estos análisis a colaboraciones internacionales a varias “preguntas y peligros”. Entre las decisiones inmediatas, está la de terminar relación con las tecnológicas Huawei y ZTE.

Zuber agregó que se suspenderá la relación con Huawei y ZTE debido a las investigaciones federales que se llevan a cabo en EEUU con respecto a violaciones en sanciones restrictivas. El MIT, apuntó, “revisará la posibilidad de reestablecer colaboraciones con estas entidades conforme las circunstancias lo dicten”. La universidad no clarificó exactamente qué conductas o acusaciones fueron las que motivaron al cese de relaciones con ambas tecnológicas.

Consecuencias comerciales del conflicto EEUU-China

Las telefónicas asiáticas no han sido las únicas afectadas por el conflicto entre las potencias. La Cámara Americana de Comercio al Sur de China apuntó en febrero que más de la mitad de las compañías en la región reportaron afectaciones por la guerra comercial. Entre las firmas que sufrieron por el enfrentamiento no solo se encuentran empresas nacionales. Lo irónico de la cifra es que una buena parte de las marcas encuestadas por la organización eran de EEUU.

Pero no es la única forma en la que compañías americanas se han visto afectadas por el conflicto. Así como EEUU y sus autoridades están cerrando filas contra Huawei y otras empresas asiáticas, en China sucede lo mismo. A mediados de diciembre, el gobierno de Jingping le concedió a la nacional Qualcomm un recurso legal contra Apple. Como resultado, varios modelos de la tecnológica recibieron prohibición para importaciones, ventas y ofertas.

Este ir y venir de China y EEUU ha tenido sus repercusiones en la economía de ambas. De acuerdo con Time, el gigante asiático había empezado a experimentar dificultades comerciales desde antes de comenzar formalmente la guerra. Por su parte la nación norteamericana también ha sufrido una desaceleración, aunque no tan significativa, en la batalla. Lo que resulta interesante es que al menos Huawei podría ignorar por completo este acontecimiento.

Crecimiento europeo: la apuesta fuerte de Huawei

De acuerdo con Pandaily, para mediados de 2018 Huawei solamente tenía el 0.3 por ciento del mercado estadounidense de smartphones. En el país norteamericano, la tecnológica palidece frente a otros competidores asiáticos, principalmente Samsung y LG. Al mismo tiempo, esta marca es en estimaciones de IDC la  empresa con el segundo segmento de mercado más grande a escala internacional en teléfonos inteligentes. Es decir, su fortaleza no es EEUU.

La tecnológica de hecho apuesta por el mercado europeo. Fuera de China, donde más ha tenido crecimiento ha sido justo en el Viejo Continente. De acuerdo con la firma Canalys, Huawei es el representante líder de su nación en el mercado de smartphones regional. El CEO del Grupo de Consumidores de Negocio de la marca, Richard Yu, apuntó en febrero pasado que esperaba un crecimiento en ventas de 30 por ciento justo por su fortaleza en esta zona.

Con estas cifras, para Huawei la noticia del MIT (y todo el conflicto EEUU-China) es poco más que una molestia. Frente a las pérdidas a las que se expone su colega ZTE, que posee casi el 10 por ciento del mercado estadounidense de smartphones, las consecuencias a las que se enfrenta Huawei son risibles. La compañía bien podría solo esperar a que termine el conflicto. Y, después, utilizar su poder financiero consolidado en Europa para reingresar a Norteamérica.