Facebook es, en México, la tercera red social más visitada. A escala internacional, ocupa el lugar número uno de acuerdo con Statista. Estos datos sirven para demostrar cómo, a pesar de los escándalos que ha protagonizado, su marca es aún de las más fuertes del mundo. Incluso ante este hecho, Mark Zuckerberg todavía se esfuerza por apagar sus incendios.

Su más reciente intento es una pieza de opinión en The Washington Post. En su columna, Zuckerberg afirma que “necesitamos un rol más activo de los gobiernos y las autoridades” para regular el internet. Apuntó que, en temas como mensajes de odio, ciberataques y publicidad, “no le pediríamos a las compañías hacer juicios de valor por sí solas”. Después, procedió a describir cambios que cree cruciales en la regulación para actividades digitales.

En vista de escándalos como Cambridge Analytica y su nula encriptación de contraseñas, las declaraciones de Zuckerberg parecen las de un hombre que busca evadir responsabilidad. Y considerando que seis de cada 10 clientes desean hacer negocios con marcas responsables, parece una muy mala idea de su parte. Con esta pieza editorial, Facebook se arriesga a que la vean, de nuevo, como una compañía indispuesta a cambiar por voluntad propia.

Lo que resulta más preocupante es que el caso de Facebook no es el único. Muchas otras compañías y líderes han decidido evadir su responsabilidad. Algunos, como Zuckerberg, prefirieron echar la culpa a otros agentes de la industria. Otros más simplemente se esforzaron en ocultar o negar sus faltas a toda costa. Pero en todos los casos, se convirtieron en ejemplos para el mercado de lo que no debe hacerse cuando la industria demanda respuestas.

Derrame de petróleo de BP: una página del libro de Zuckerberg

Previo a 2010, el derrame de petróleo más grande de la historia era de un millón de toneladas. Pero en ese año, la compañía británica BP rompió el récord con creces. Medio mes después de la catástrofe, la marca comenzó a acusar a sus asociados del accidente. Como Zuckerberg, el departamento de comunicación de la empresa afirmó que otros agentes debían responder por el error. Esto desencadenó un juego de culpas entre todos los involucrados.

Después se encontró que todos tenían culpa en el derrame. Pero BP fue la más afectada. No solo debió pagar cuatro mil 500 millones de dólares en multas. También se le prohibió aspirar a licitaciones federales por su “falta de integridad de negocio”. Aunque todavía el futuro de Zuckerberg y Facebook es incierto, podrían estar atrayendo atención no deseada si alguna vez los reguladores deciden establecer medidas (y penalizaciones) más estrictas.

Volkswagen y sus motores “eco-friendly”: ¿Alguien dijo fraude?

El año pasado, Volkswagen se vio involucrado en un masivo escándalo denominado “Diesel-gate”. La compañía había modificado los motores de numerosos modelos para ocultar sus verdaderas emisiones de carbono durante pruebas. De esta forma, podían obtener un distintivo de ecológicos sin realmente reducir gases contaminantes. De acuerdo con el New York Times, hasta 11 millones de automóviles habrían estado involucrados en el fraude.

Como lo menciona Forbes, un engaño de estas proporciones tendría que haber sido detectado internamente por la compañía. Así que, o alguien no estaba haciendo su trabajo, o se buscó intencionalmente evadir responsabilidad. Este caso resuena mucho con el más reciente escándalo de Zuckerberg y su compañía. Por años, millones de contraseñas eran visibles a empleados de Facebook. El hecho se sabía y, sin embargo, no se hizo nada para evitarlo.

Johnson&Johnson y el talco de bebé cancerígeno: Negación ante todo

Por años, la farmacéutica se ha visto involucrada en numerosos conflictos legales. En todos ellos, se le ha acusado de comerciar talco con trazos de asbestos. Esta sustancia, en cualquier concentración, puede provocar cáncer. A pesar de haber perdido múltiples demandas y que se han presentado pruebas que presuntamente siempre ha sabido de este hecho, J&J lo ha negado todo. Este comportamiento se asemeja al de Zuckerberg en algunos puntos.

Resalta la comparecencia de Zuckerberg ante el Congreso de Estados Unidos. Entonces, el fundador de Facebook apuntó que no sabía que Cambridge Analytica trabajaba con ellos en 2015. Si bien posteriormente corrigió la información, la intención de desviar responsabilidad prevalece. Otro ejemplo notable es cuando se le cuestionó sobre su dominio del mercado. Aunque negó que su red social fuera un monopolio, tampoco pudo nombrar a otro competidor.