Sector salud: ¿cuántas crisis más aguantará el paciente?

En su Primer Informe de Gobierno -¿o tercero?-  el presidente Andrés Manuel López Obrador le dedicó no más de cinco minutos al sector salud, lo que parece no reflejar la gravedad del problema que se está enfrentando. Ya lo hemos dicho antes en esta columna: nadie niega que el actual gobierno de la 4T recibió a un sector salud en terapia intensiva, pero muchas de las acciones emprendidas parecen ir en sentido contrario al alivio del paciente.

El mandatario no ha dudado en refrendar su postura sobre la industria farmacéutica, a la cual ha acusado de todos los males, desde la corrupción galopante heredada de pasado, como del desabasto de medicamentos contra el cáncer hasta la orquestación de una supuesta campaña de desprestigio en medios. Lo cierto es que las protestas por el desabasto de metrotexato -que es medicamento base en el tratamiento de la quimioterapia, particularmente en leucemia- no empezaron en agosto, sino meses antes al interior de la República Mexicana, pero fue hasta que los padres de los niños del Hospital Infantil Federico Gómez protestaron en la Ciudad de México cuando se hicieron visibles.

De muy mal talante

Esa posición del presidente y de las autoridades del sector salud, ha ocasionado que los integrantes de la industria farmacéutica anden de muy mal talante y no es para menos, pues en estos nueve meses desde el inicio de la nueva administración, se les ha tachado de todo, desde corruptos hasta ineficientes y poco éticos. Y si bien este sector no es la madre Teresa de Calcuta, tampoco se merece, en nuestra opinión, ser tan vilipendiada como hasta ahora.

En este espacio ya hemos resaltado la importancia de la industria farmacéutica en nuestro país, pues es sin duda, un tractor de desarrollo, como este mismo ramo se autocalifica. Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), este sector ostenta un impacto directo en 162 ramas de la economía, que corresponde a 62% del total de las áreas que integran la economía mexicana, aunque en lo personal diría que su afectación es mayor. Aunado a ello, genera alrededor de 100 mil empleos directos y más de 500 mil empleos indirectos, además de que aporta, aproximadamente, un 5% del PIB nacional y 8% del PIB manufacturero.

Una industria estratégica y prioritaria

Poco tiempo antes de las elecciones del 01 de julio de 2018, en el marco de la XXVII Convención Nacional de la Industria Farmacéutica, el entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, suscribió un Convenio de Colaboración en donde el ramo farmacéutico fue declarado “estratégico y prioritario para la economía nacional y la salud pública”, pero esta categoría de poco le ha servido a este sector desde la llegada del nuevo gobierno.

En estos nueve meses desde la llegada de López Obrador, la industria farmacéutica se ha visto envuelta en medio de la polémica, debido a situaciones como acusaciones de corrupción, acaparamiento del mercado, desabasto, permisos, producción y distribución de medicamentos e insumos sanitarios, entre otros, sin embargo, este sector -no le queda de otra- está empeñado en el diálogo con las autoridades correspondientes.

Un gran plantón

Pero la realidad dice otra cosa y para muestra un botón: en la última semana la nota la dio el titular de la Secretaría de Salud (SSA), Jorge Alcocer, quien dejó plantado al sector farmacéutico. Así es, ni más ni menos. Los representantes de la Comisión de Salud del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma) y Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF), Asociación Mexicana de Laboratorios Farmacéuticos (AMELAF), entre otros más, se quedaron esperando a las autoridades de Salud, y las de la Oficina de la Presidencia, al no acudir a la reunión prevista el pasado martes 03 de septiembre con la industria farmacéutica.

Aunque no llegó tampoco el jefe de la Oficina de la Presidencia, Arturo Romo, vínculo de este gobierno con los empresarios, la reunión estuvo encabezada por Héctor Guerrero, asesor de la Oficina de la Presidencia, quien estuvo con los industriales y representantes de la industria por dos horas -se dice que “dando clases de administración pública” como si eso les faltara-, pero sin llegar a nada sustancial, al menos nada crucial de lo que preocupa hoy en día al sector farmacéutico mexicano. Tampoco estuvo Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, quien por lo regular ha estado muy involucrado en estos temas.

Luego de este sonado desaire, la industria farmacéutica se encuentra no solo preocupada, sino consternada al no saber qué hacer para aumentar el grado de interlocución entre ellos y el gobierno federal, y en concreto, con las autoridades del sector salud. Ante las sonadas 11 crisis del sector -¿o serán más?-, el gobierno federal debería aumentar el diálogo con esta industria que es estratégica y prioritaria no solo en el papel, sino en la acción diaria y en su repercusión en la salud de los mexicanos. Veremos.

El botiquín

La farmacéutica Stendhal anunció el lanzamiento del más novedoso medicamento para tratar la hipertensión arterial: Fimasartán + Amlodipino, que ha demostrado su eficacia en el control de esta enfermedad de una manera amigable y rápida. Esto cobra relevancia porque en México una de cada cuatro personas padece hipertensión arterial, además de que 54% de los pacientes hipertensos no están controlados por falta de un diagnóstico oportuno o por abandono al tratamiento, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2018.