Por qué el deporte femenil simplemente no es rentable

Independientemente de la calidad deportiva de un espectáculo, la rentabilidad del mismo está sujeta al interés consumidor y las mujeres simplemente no cuentan con éste requisito.

Luego de varios años de planeación, el pasado viernes 28 de julio finalmente se disputó la primera jornada del balompié profesional femenil en México. Aunque fueron escasos los comentarios que pude ver en redes sociales en torno al suceso, hubo uno que llamó particularmente mi atención; en él una usuaria cuestionaba la razón de los bajos sueldos dentro de la liga (basada en un supuesto tope salarial de dos mil 500 pesos mensuales). Si bien la respuesta es bastante simple, no por ello resulta menos controversial o cierta: el deporte femenil no es rentable.

Ciertamente en el caso de la Liga Femenil MX la existencia de un tope salarial tan bajo (si es que éste existe) atiende a la reciente formación del torneo, pues sólo en la medida que el consumidor comience a mostrar interés en el mismo, las marcas responderán de igual manera, invirtiendo y convirtiéndolo en un negocio rentable; sin embargo, lo que ya se ha visto en otras latitudes no supone el mejor panorama.

Tan sólo basta con ver los ejemplos de España, Inglaterra o Estados Unidos (esta última nación potencia en el futbol femenino), países donde existen ligas femeniles de futbol desde hace varios años, sin que ninguna de ellas haya podido consolidarse hasta el momento como un negocio verdaderamente atractivo para los involucrados… incluidas las firmas comerciales, siendo la más avanzada la liga ibérica, la cual cuenta con el auspicio de Iberdrola.

Sin embargo, esta situación no se encuentra reservada para el balompié sino que se extiende a prácticamente todos los deportes femeniles, siendo probablemente la WNBA (Women’s National Basketball Association) el ejemplo más claro de lo anterior, pues aún cuando la liga arrancó hace 2 décadas, no fue sino hasta 2010 que 1 de los 12 equipos que comprenden el certamen tuvo un flujo económico positivo. De hecho se calcula que a mediados de la década pasada la NBA debió desembolsar más de 10 millones de dólares al año para mantener la solvencia financiera del baloncesto femenil profesional.

No es necesario decir que la mujer se encuentra subvalorada en la gran mayoría de las industrias, y el deporte no es la excepción, pues aún cuando existen féminas como Paola Longoria, Simone Biles, Ronda Rousey o Yelena Isinbayeva, quienes dominan su disciplina de la misma forma en que lo hacen Cristiano Ronaldo, LeBron James o Usain Bolt, desafortunadamente no cuentan con el atractivo comercial que sí tienen el Real Madrid o la NBA y que tienen al portugués y al estadounidense como los deportistas mejor pagados del planeta.

Quizás es el tenis la excepción que confirma la regla, pues la WTA ha logrado consolidarse como un negocio tan redituable como la ATP, incluso catapultando a varias de sus atletas a la lista anual de deportistas mejor pagados de la revista Forbes; la cual en su versión 2017 incluye únicamente a la estadounidense Serena Williams (quien con ganancias anuales por 27 millones de dólares se mantiene en la posición 51), pero que en otras ocasiones también ha incluido a la rusa Maria Sharapova o la china Li Na.

¿Entonces a qué se debe la baja rentabilidad del deporte femenino?

Si la calidad fuera el único factor para determinar la rentabilidad de una disciplina, es claro que el deporte femenil tendría un papel mucho más destacado en la programación de los canales o en las páginas de los diarios especializados en el rubro; sin embargo, no es así. Al final del día es el propio consumidor quien determina el valor que un espectáculo deportivo puede tener tanto para los medios de comunicación, como para las marcas, como para sus propios protagonistas.

Sin lugar a dudas la Liga MX Femenil es un proyecto por demás interesante dado el interés que existe en nuestro país por el balompié también entre las mujeres; sin embargo, su subsistencia (como mencioné al inicio de este texto) dependerá del interés que logre despertar en la afición. Por pronto, basta con decir que la asistencia total de los 8 juegos de la primera jornada del balompié femenil fue de 13 mil 804 espectadores, poco menos de la mitad de la asistencia promedio (24 mil 951 aficionados) registrada en cada una de las plazas de la Liga Bancomer MX durante su jornada inaugural (224 mil 562 en total).

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