• Según Plagiarism.com, 60 por ciento de los estudiantes afirman haber copiado alguna vez en algún examen

  • Únicamente en Estados Unidos, anualmente se procesan 550 mil quejas por plagio de propiedad intelectual

  • 65 por ciento de los empleados cree puede compartir con libertad toda la información que bajan de internet

Cuando se trata de plagio, no hay vuelta a la hoja: se trata de un crimen serio. El investigador Luis Fernando Granados señalaba en 2016 que, en México, es un “delito [que] ya está tipificado en las leyes de nuestro país. Así que no se trata de un ‘error’ metodológico ni una falta ética”. De hecho, cuando se trata de individuos, estas actividades pueden resultar en penas que incluso lleven a prisión. Y, cuando hay marcas involucradas, multas millonarias.

El último caso de plagio de alto perfil se ha dado en la industria de la música. De acuerdo con AP, la cantante Katy Perry, colaboradores y sello discográfico fueron declarados culpables por el plagio de una canción de rap cristiano. Aunque inicialmente se había exigido un pago de 20 millones de dólares (mdd), la parte demandante consiguió un triunfo de 2.78 mdd.

El problema del plagio en la industria

No es la primera vez que se acusa de plagio a una marca. El artista Ai Weiwei demandó a Volkswagen por utilizar, sin permiso, una de sus creaciones en campañas publicitarias. Una autora británica y un fotógrafo estadounidense demandaron a la BBC y Nike, respectivamente, por presuntamente utilizar sus obras sin permiso. Incluso entre compañías, como el conflicto entre Louis Vuitton y una rival china, pueden existir este tipo de conflictos.

Muchos individuos aún no están conscientes de la gravedad del plagio. La Universidad de Wollongong señala que el robo de propiedad intelectual entre estudiantes tiene hasta un 60 por ciento de incidencia. Para algunos, no es gran cosa, es necesaria o debería ignorarse. El Copyright Clearance Center también apunta que 56 por ciento de los empleados afirman que no hay políticas claras en su empresa, no las conocen, o no dominan los detalles.

Ciertamente se trata de un problema generalizado y sistemático. Uno que, además, empieza a formarse desde la misma preparación estudiantil. Las instituciones académicas deberían ser más estrictas con sus políticas de plagio, tanto para detectarlo como para castigarlo. Por otro lado, las compañías deben reforzar las políticas de comunicación interna para reafirmar entre sus colaboradores qué constituye el robo de propiedad intelectual.

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