Los dividendos de la buena conducta

Portarse bien y que lo sepan los demás es una condición sine qua non para que las empresas y en general todo tipo de organizaciones sean aceptadas en su ámbito de relación y logren integrarse a la comunidad en la que están inmersas, requisito fundamental para su subsistencia y desarrollo.

Portarse bien significa cumplir con las expectativas que cada uno de los stakeholders, -incluida la comunidad- tienen acerca de esa empresa o institución, las cuales no se limitan a ofrecer productos o servicio de calidad y con un precio competitivo, sino también que cumplan con su responsabilidad ante la sociedad.

Aquellas empresas que se preocupan no sólo por satisfacer expectativas de los clientes, sino también por el desarrollo de la comunidad en la que participan, son conocidas como empresas socialmente responsables o empresas que cumplen con su responsabilidad integral. Esto es, que se preocupan por su personal, sus proveedores, por rendir cuentas claras, por la bioética, por la sociedad a través de ayuda cuantitativa y por llevar a cabo acciones sociales productivas.

Los motores de cambio conductual en muchas de las empresas consideradas ahora como empresas socialmente responsables tienen que ver con que el hecho de promover y difundir acciones y actitudes que favorecen el desarrollo de la comunidad, impulsan el prestigio social de la empresa frente a la misma; también con la convicción de que actuar con responsabilidad social permite a las empresas promover nuevas relaciones y vínculos con diversas organizaciones y sectores a nivel nacional e internacional; y con el hecho de que la filantropía se ha convertido en una causa viva que está enriqueciendo la vida de un mayor número de personas, así como  de muchas instituciones públicas y privadas. Es evidente que la condición de socialmente responsable y el uso estratégico de la misma da a las compañías una poderos ventaja competitiva.

Las organizaciones de hoy –empresas o instituciones- no pueden aspirar a la permanencia y a la proyección si se sujetan únicamente a las leyes de la oferta y la demanda, pues la sociedad ha desarrollado leyes no escritas que condicionan su existencia.

El consumidor de hoy prefiere adquirir bienes y servicios de empresas comprometidas que toman un papel proactivo dentro de la sociedad, que se preocupan por el entorno, que demuestran la fidelidad hacia su comunidad y que reconocen que la gente es su razón de ser.

Bien dice el Dr. Sanjeev Khagram Profesor de la Universidad de Harvard, que “la Responsabilidad Social Empresarial es una cuestión de principios y un deber ético, cuyo principal beneficio se traduce en un mayor compromiso y/o productividad de los trabajadores, rentabilidad a largo plazo y una mejor imagen y reputación corporativa”.