Las redes sociales son tan adictivas como la cocaína, ¿vas a desaprovechar esa mina de oro para tu marca?

El engagement que recibes al compartir publicaciones en tus redes sociales produce una buena dosis de bienestar, pues los likes tienen la capacidad de disparar las zonas de placer de tu cerebro

Te acomodas el cabello, pones tu mejor cara y dejas escapar una agradable sonrisa retorcida (el duckface es tan 2010), suena el flash de tu smartphone, te tomas medio minuto para crear un copy divertido y creativo para tu selfie y le das “compartir” en Instagram.

Segundos después, las notificaciones se empiezan a acumular y una sensación de bienestar recorre tu cuerpo; tu cerebro está liberando dopamina la molécula de la recompensa, una hormona que otorga placer instantáneo, la misma que se libera cuando ves a una persona que te atrae y se dilatan tus pupilas; cuando besas a alguien, cuando das el primer bocado a un alimento delicioso, cuando descansas después de una intensa rutina de ejercicio, pero también cuando consumes tabaco, alcohol, anfetaminas o cocaína.

Así, el engagement que recibes al compartir publicaciones en tu Facebook, Twitter o Instagram produce una buena dosis de bienestar, pues los likes tienen la capacidad de disparar las zonas de placer de tu cerebro. Sin embargo, este subidón espontáneo de neurotransmisores también puede ocasionar en los usuarios una fuerte dependencia a las redes sociales, de la misma manera que lo hacen las drogas más adictivas.

Un artículo publicado por Science Direct indica que 210 millones de personas son adictas al internet y las redes sociales en todo el mundo.

Sin embargo, la molécula de la recompensa, con sus potenciales peligros, no sólo es liberada cuando obtenemos el (supuesto) reconocimiento de nuestros seguidores cuando interactúan positivamente con nuestro contenido, sino que también ocurre cuando damos scroll al timeline de nuestras redes sociales. La gente que está enganchada con estas plataformas suele hacerlo apenas se levanta por las mañanas y también es lo último que hace antes de dormirse.

En México, la encuesta Usuarios de servicios de telecomunicaciones realizada por el Instituto Federal de Telecomunicaciones reveló que el principal uso de internet en México es para usar las redes sociales. En caso de las personas de entre 18 y 24 años el porcentaje es de 88 por ciento; entre personas de 25 a 34 años, se trata de un 79% y un 74% en el caso de edades entre 35 a 49 años.

El hecho de que las plataformas como Facebook hayan encontrado la fórmula para tener a un público cautivo y enganchado, que no quiere ni puede ponerse límites en los tiempos que pasa leyendo miles de publicaciones, es un área de oportunidad para los creadores de contenido, que a pesar de poder acceder fácilmente a ese volumen de audiencia y segmentarla a conveniencia, tienen el reto de hacer contenido y anuncios cada vez más efectivos.

El desafío para aprovechar a los millones de usuarios, que son proclives de conocer las bondades de nuestras marcas, es tener el suficiente talento para crear contenido fácil de consumir, pero aún más propicio de compartirse.

Los expertos en neuromarketing indican que no sólo importan el lenguajes escrito y visual del contenido orgánico y pautado que generemos para promocionar nuestra marca, sino que también el nivel de “inteligencia” que aparente ese contenido.

Si las publicaciones de una marca además de ser atractivo se percibe de un nivel intelectual más elevado que el resto, es mucho más proclive a compartirse por aquellos usuarios que gustan hablar de ellos mismos en redes sociales, pues una información con esas características siempre les dará un grado más alto de estatus, frente a quienes comparten contenido más banal, lo que no sólo producirá que ellos mismos se sientan aceptados y celebrados, sino que los demás usuarios repetirán este resultado al compartir a su vez el mismo contenido.

Por ejemplo, datos de Hobspot. indican que las animaciones en video con intenciones explicativas incrementan hasta en un 20% la conversión. Sin embargo, en estrategias digitales no hay reglas escritas, pues todo evoluciona a una gran velocidad y el mejor resultado será producto de conocimiento de la marca, empatía con el usuario-consumidor y la chispa y creatividad capaz de hacerlo detenerse en el infinito scroll.