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Alvaro Rattinger

La incertidumbre podría acabar con el sistema económico, por esta razón

El mundo se dirige a un replanteamiento de paradigmas, las cosas que se daban por hecho llegan a su final. Estamos frente a los últimos días del modelo de opulencia norteamericano. Es muy posible que las empresas norteamericanas se repongan de esta crisis financiera, inclusive las del sector energético. En contraste, las empresas y habitantes de este país saldrán sumamente debilitados. El común denominador de la Crisis actual es la incertidumbre, los mexicanos no saben cuándo acabará el encierro, tampoco si los empleos que todavía existen estarán presentes cuando acabe o no la pandemia. Las empresas por su lado no tienen idea si los mercados a los que atendían serán todavía válidos. Por último los mercados financieros ignoran si han tocado fondo. En resumen, vivimos una crisis de salud y económica, pero sobre todo una crisis de incertidumbre.

México y la incertidumbre

México se ha distinguido por su apetito por crear de manera innecesaria más incertidumbre. La reciente iniciativa del Diputado Plurinominal Edelmiro Santos Díaz de reformar la ley de Afores para que sea el gobierno quien administre los fondos de ahorro de los mexicanos es el mejor ejemplo de crear incertidumbre. Los 3.9 billones de pesos que hay en las Afores según la CONSAR son el resultado del ahorro de 47 millones de mexicanos que han realizado aportaciones de manera mensual. La propuesta ha sido rápidamente expuesta y vilipendiada por usuarios en redes sociales. En mi opinión, la pseudo estatización de los fondos implicaría uno de los hurtos más grandes de la historia ya que este dinero es de los que hemos aportado nuestro trabajo de manera mensual, pero más importante implicaría una sacudida enorme a la confianza del consumidor y al retiro honroso de los que trabajan en el sector formal. Esta iniciativa —de ser discutida y aprobada, lo que veo poco probable— significaría que el concepto de retiro cambiaría a nivel nacional.

Es increíble que el mismo día que se anuncia la Fase 3 de la contingencia existan desatinos como la iniciativa del Diputado Morenista. México no está solo, la Unión Americana anunció que no aceptaría inmigración durante la pandemia, sin mencionar que en ese país 300 millones de dólares del estímulo para reactivar la economía lo obtuvieron empresas que cotizan en la Bolsa de Valores Norteamericana. Es decir, el patrón se repite, las empresas de México no podrían competir con compañías que tienen acceso a financiamiento barato, casi sin límite.

De inseguridad a desobediencia civil

La crisis de salud y económica también traerá un alto grado de inestabilidad social. La Gran Depresión de 1929 produjo un número récord de desempleados y pobres en la Unión Americana. En consecuencia los desempleados se rebelaron contra las desigualdades producidas por el capitalismo, la idea de ganancias crecientes y la clase dominante de altos recursos. Surgieron movimientos de protesta que enfrentaron a los gobernantes contra los gobernados, aquellos a quienes el sistema había fallado. En 1930 el desempleo llegó al 24 por ciento, las cifras a principios de Abril indican que el número ya está en 18 por ciento. Es decir, a este ritmo Estados Unidos rebasará el desempleo de la Gran Depresión en términos porcentuales, aunque ya lo hace en números totales. Es importante notar que las similitudes terminan con los porcentajes. La crisis económica actual es auto impuesta es decir, aperturar la economía traería muchos muertos pero en principio podría suceder con la decisión del Presidente de ese país.

No obstante, nace un problema importante en la relación gobierno-gobernado. En Brasil personas han tomado las calles para protestar el encierro. El presidente Bolsonaro inclusive pidió la intervención del Ejército para liberar al pueblo y llamó a tomar las medidas necesarias para que el pueblo se auto determine. El concepto de un auto golpe de estado no es nuevo y curiosamente se ha mencionado también en México, fenómenos similares han ocurrido en Turquía y Venezuela, en los dos casos sólo se ha fortalecido a la persona en el poder. Para el consumidor todo causa incertidumbre, desacelera el crecimiento en la capacidad de compra como puede verse en los datos de Turquía (https://tradingeconomics.com/turkey/consumer-spending) y Venezuela (https://tradingeconomics.com/venezuela/consumer-spending). Sin embargo, en el caso de Brasil y México las cosas han seguido su curso, por lo menos hasta ahora inclusive con el cambio de modelo político de los dos países.

La incertidumbre es el peor enemigo del consumo, los habitantes de un país aplazarán sus compras en la medida en la que no sientan seguridad de sus ingresos. Justamente lo que sucede en medio del COVID-19, eso explica que las personas más adineradas del mundo se refugian en Yates o en sus casas de verano durante la pandemia. No tienen incertidumbre económica; sin embargo, eso se limita al 1 por ciento de la población mundial. Si el gobierno de cualquier país incentiva la incertidumbre con propuestas como estatizar las afores o cancelar proyectos de inversión habrá menor gasto de parte del consumidor. El efecto negativo se reflejará en menor crecimiento de las empresas y en consecuencia captación fiscal. Es decir, en el modelo económico actual, todos pierden.

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