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Huracán Delta y las compras de pánico

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Filas desde las 7:00 am en supermercados para comprar, uno empieza comprando lo que le falta en casa, seguido de la botana que comeremos durante el encierro y lo que insólitamente no falla en las compras, cervezas y alcohol, especialmente los solteros que suelen reunirse en una casa para pasar juntos el encierro.
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Filas desde las 7:00 am en supermercados para comprar, uno empieza comprando lo que le falta en casa, seguido de la botana que comeremos durante el encierro y lo que insólitamente no falla en las compras, cervezas y alcohol, especialmente los solteros que suelen reunirse en una casa para pasar juntos el encierro.

Temporada de Huracanes… Algo que quienes vivimos en el sureste mexicano escuchamos una vez al año y que muy pocas veces le tomamos la debida seriedad. En Quintana Roo las ciudades turísticas están conformadas de una sociedad multicultural con una constante migración de gente, esto hace que lleguen varias personas que nunca han experimentado un huracán y que la espera del mismo los asuste.

Tengo casi 35 años viviendo en Cancún y estuve durante los 3 icónicos huracanes que han pasado por aquí: Gilberto, Wilma y Delta. A pesar de que Delta ha sido el huracán de menor categoría que ha impactado en Cancún, pareciera que la falta de responsabilidad de los ciudadanos no ayudó mucho.

En cuanto inicia la Temporada de Huracanes las dependencias de protección civil sacan los comunicados de permanecer alerta y prepararnos con lo necesario en nuestras casas por si llegamos a tener uno cerca, esto es replicado en todos los medios de comunicación. Sin embargo, la mayoría de las personas lo leen sin tomar importancia a las precauciones, sólo cuando uno ve que las cuentas twitteras que se han vuelto referentes de la comunidad como “Vivo en Cancún”, “Vivo en Puerto Morelos”… Alertando, es cuando se empieza a tomar enserio la idea de que un desastre natural se aproxima.

Cuando empiezas a ver estos mensajes más frecuentemente, sabes que la situación se puede poner seria, es entonces cuando inicia el caos y la gente sale corriendo a comprar como locos a los supermercados. Más allá de observar a la gente ser dependiente de cuentas en las redes no capacitadas para decidir si un huracán es o no una amenaza, me parece insólito ver gente comprando cosas que tendrán que tirar a la basura por no considerar detalles como:

¿Me quedaré sin luz? ¿Cuántos Días? ¿Podré cocinar con Gas?… Podría enumerarles varias preguntas que la gente podría responderse sola si leyera las indicaciones y sugerencias que año con año nos ofrecen las autoridades. Pero ya estamos en hipotéticos.

Hoy en día es muy difícil que tengamos un desabasto. Al contar con más supermercados en comparación a Wilma, sí hay manera de que encuentres lo que necesitas para resguardarte en tu casa.

Desafortunadamente, como mencioné, la gente que ha emigrado hacia Quintana Roo, se envuelve en el pánico y es así como durante 2 días vimos en casi todos los supermercados filas gigantescas para comprar lo que sea para prepararse. Esto sucede cada vez que tenemos una alerta de Huracán, sin embargo, en esta ocasión vimos más desesperación de lo normal.

Y es que es una cuenta que se lleva arrastrando desde el largo confinamiento del que venimos, donde además de los ánimos, la ansiedad y el encierro han cobrado factura alta a varias personas. Tuve la oportunidad de pasar el Huracán Delta con una persona que vivió una crisis nerviosa, pero que ya tenía la experiencia de Wilma… No me quiero imaginar lo mal que la pasaron las personas que se enfrentaron con su primer huracán.

Nos quedamos sin luz gran parte de la ciudad, varias zonas siguen sin electricidad y muchas otras no cuentan con internet. La gran cantidad de árboles que perdieron la batalla en este suceso no nos ayudó mucho tampoco.

Los árboles más firmes, los que se mantuvieron de pie y no sucumbieron a los vientos, son los nativos de la región. A pesar de esto, hay algo que la población cosmopolita de Cancún parece siempre olvidar: Seguimos sembrando el árbol que más nos gusta, todavía no aprendemos a tener la responsabilidad de salir a podar nuestros árboles o áreas cercanas para evitar daños en el cableado y evitar el corte de los servicios básicos. Tampoco aprendimos a comprar lo necesario y cuidar no sólo nuestra salud, física y mental, pero también de quienes nos rodean.

Tenemos las alertas e instrucciones que nos indican cómo debemos actuar y prepararnos en una situación como esta, pero parece no ser suficiente. Las campañas de prevención de huracanes deben de ser más firmes y no son responsabilidad única de las autoridades, sino de las empresas y los ciudadanos. Hoy si la contamos, Delta nos regaló que justo antes de llegar a nuestras costas, se fue degradando de categoría, porque si hubiera sido lo contrario, esta historia sería diferente. Síganme en mis redes @ginaalfeiran

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