Con el inicio de año, nuevos impuestos llegaron al mercado mexicano, situación que tendrá un impacto importante para los consumidores y sus bolsillos.

A partir del pasado 1º de enero, se hicieron efectivos los ajustes anunciados por el Sistema de Administración Tributaria (SAT), el cual aunque considera un aumento del 20 por ciento en el salario mínimo, también contempla variaciones en el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), las cuales afectarán de manera directa los precios de ciertos productos y servicios.

Los que sube de precio

De esta manera, una serie de mercancías y servicios implicarán con costo mayor para el bolsillo de los mexicanos, situación que genera un clima de inestabilidad y perspectivas sobre el bienestar de la economía personal para los siguientes doce meses que las marcas así como sus acciones de mercadotecnia deberán considerar.

De manera puntual, los productos que subirán de precio son los siguientes:

Bebidas saborizadas

Desde concentrados, polvos y jarabes hasta escénicas o extractos de sabores para obtener bebidas saborizadas incrementarán de 1.17 a 1.26 pesos por litro.

Bebidas alcohólicas

Con excepción de las cervezas, el impuesto para las bebidas alcohólicas será de 4.5 por ciento en el precio de venta durante 2020, cifra que es ligeramente mayor al 4 por ciento que se mantuvo durante el año pasado.

Boletos de avión

Desde el primer minuto de 2020 la Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA) que se integra al costo de cada boleto de avión, incrementará en 1.7 por ciento, con lo que pasará de 23.79 a 24.21 dólares para vuelos nacionales, mientras que para vuelos internacionales quedará en 45.98 dólares.

Cigarros

Por cada cigarro sin importar su procedencia se pagará una cuota de 0.49 pesos, lo que representa un aumento de 0.35 pesos en relación con el año anterior.

Gasolina y diésel 

La gasolina Magna subiría de 4.81 a 4.95 pesos por litro; la Premium hará lo propio al incrementar su precio de 4.06 a 4.18 pesos por litro, mientras que el Diesel incrementará su costo al pasar de 5.28 a 5.44 pesos por litro.

Hospedaje

Desde ahora, el impuesto pagado por los hoteles pasará de 3 a 3.5 por ciento, mientras que para los servicios como Airbnb el gravamen será de 5 por ciento.

Juegos y apuestas

Quienes disfrutan de apostar y de los juegos de azar, deberán de pagar un 10 por ciento sobre el monto de la apuesta realizada.

Pasajes

De manera general, incluido el Mexibús y el Mexicable, el transporte público en el Estado de México subirá 2 pesos.

Lo que queda para el consumidor y las marcas

Esta alza de precios se sentirá en un momento en el que históricamente el bolsillo del consumidor se caracteriza por ser vulnerable. La famosa “cuesta de enero” este año parece agravarse con estas modificaciones, situación que impacta de manera directa en el estado de ánimo de los consumidores y, por tanto, en sus expectativas de bienestar financiero.

De acuerdo con una encuesta realizada por Brad Engagement, el 62 por ciento de los mexicanos se quedan sin dinero al iniciar enero para cumplir con los compromisos financieros, en donde pagos como la renta, servicios atrasados y créditos pendientes, son los más comunes.

En esta misma línea, los gastos que más preocupan al inicio de cada año son el pago de servicios básicos, del predial e impuestos, los créditos y prestamos bancarios así como el seguro del auto, las colegiaturas y demás gastos relacionados con tarjetas de crédito (saldo pendiente o anualidad por ejemplo).

Aunado a lo anterior, y con la puesta en vigor de estas modificaciones por el SAT, el 47 por ciento de los consumidores en el país asegura que ele ajuste y alza en los precios afectará de forma negativa en su economía personal, con lo que cubrir los gastos del mes será una tarea más complicada.

Ante este escenario, las marcas (tanto aquellas que se verán afectadas por los nuevos impuestos como aquellas que quedarán fuera de los mismos) se verán obligadas a comunicar de manera más efectiva sus valores agregados que justifiquen un pago mayor por sus productos y servicios.

Asimismo, estos diferenciales deberán hacerse tangibles; es decir, el consumidor deberá sentir y poder demostrar que vale la pena pagar un poco más por sus marcas predilectas ante la entrega real de beneficios.

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