• Según Statista, la mitad de los usuarios de Estados Unidos que comparten fake news jamás saben que es información falsa

  • Cerca de la mitad de las personas solo se enteraron que estas noticias eran falsas hasta después de compartirlas

  • Apenas una décima parte de esta población está consciente que está compartiendo datos erróneos en línea

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Hay varias formas de definir a las fake news. El término puede utilizarse para definir a anuncios y esfuerzos comerciales enfocados a desprestigiar a una persona u organización. Asimismo, se puede usar para definir contenidos que circulan para reducir la credibilidad de los medios de información y las marcas en general. También se utiliza para definir a cualquier información falsa que, por una razón u otra, termina por volverse viral y afectar a la opinión pública.

El impacto que han tenido las fake news en la sociedad es notable, a pesar que el fenómeno es relativamente reciente. De acuerdo con Wired, relativamente pocos medios (alrededor del cinco por ciento del total analizado) son responsables de más de la mitad de estos contenidos poco confiables. Journalist’s Resource apunta que, en muchas ocasiones, su prevalencia resulta de una incapacidad (o indisposición) del público a detectar mentiras y falsedades.

Lo cierto es que, más allá de qué es lo que provoca las fake news, sus efectos han probado ser fatales para el entorno de los medios. Una infinidad de grandes publicaciones se han visto asediadas por los consumidores, que confían cada vez menos en los datos que les presentan. Asimismo, esta misma desconfianza permite que se exacerben problemas sociales como la división política y el surgimiento de visiones extremistas. Pero este panorama podría cambiar.

El video de la “Masacre en la iglesia delas Fake News”

Próximamente, los medios podrían ganarse un aliado muy poderoso en su lucha contra los contenidos falsos. De acuerdo con el New York Times, hace unos días circuló un video alterado de una escena de Kingsman: The Secret Service. Específicamente, la famosa escena de la masacre en una iglesia. El clip fue alterado por un grupo simpatizante a Donald Trump, que puso el rostro del presidente para simular una batalla contra medios y políticos opositores.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Stephanie Grisham, aseguró en Twitter que el presidente Trump no había tenido la oportunidad de ver el video. Pero según el mismo New York Times, el video se mostró en un evento de un grupo que apoya las medidas del ex-magnate, dentro de una de sus propiedades. Voceros del equipo de campaña del mandatario han asegurado que el mandatario no estaba enterado de la proyección ni aprueba la violencia.

¿Un aliado inesperado en contra de las fake news?

Es posible que este incidente pueda resolverse a favor de los medios. Al final, Trump acaba de ser afectado por una pseudo-fake news: que no solo estaba enterado del video, sino que además apoyó su proyección en una de sus propiedades. Es posible que, tras verse afectado por esta información falsa, el mandatario tome medidas más duras contra este tipo de contenidos. En especial considerando que está preparándose para su reelección en 2020.

No es la primera vez que este tipo de estrategia se utiliza para fomentar el cambio ante un fenómeno dañino para el entorno. Como en el caso de las fake news, los deepfakes fueron una de las preocupaciones más grandes para varios agentes dentro de Facebook. Pero no fue sino hasta que Mark Zuckerberg fue víctima de uno de estos materiales que se pusieron medidas más estrictas. Algo similar ocurrió con Jack Dorsey, de Twitter, tras el hackeo de su cuenta.

Cualquier tipo de fake news es negativa para los medios y periódicos profesionales de todo el mundo, incluyendo el video alterado de Trump. Sin embargo, en esta ocasión, podría ser un pequeño sacrificio para un bien mayor. Al final, ya la reputación de los canales de información está por los suelos. No suena a un mal trato tener un video inflamatorio más que obligue a autoridades gubernamentales a adoptar medidas más estrictas contra estos contenidos.

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