Del telégrafo al meme

Por: Carlos Tapia
Twitter: @carlosftapia

Las necesidades comunicacionales que la guerra civil estadounidense trajo consigo, casi 150 años después cambiaron de forma  radical la manera en que hoy la información llega al público. Por años, la pirámide invertida fue la reina de la estructura comunicacional digital y de los periódicos tradicionales, conduciendo la información a un orden secuencial que cada día pierde la batalla producto de la metamorfosis que las audiencias están clamando.

Cuando la guerra civil comenzó en Estados Unidos, el telégrafo cumplió un rol esencial: entregar de la forma más breve posible la mayor cantidad de información. La idea era priorizar desde lo más importante a lo más irrelevante, haciendo un salto entre las necesidades/urgencia y la totalidad del contenido. Hoy la historia es similar, pero no por mucho.

La pirámide invertida se ve reflejada claramente en periódicos gratuitos, de tiraje segmentado que desbordan la ciudad. En cada esquina, semáforo o salida del metro, por no mencionar alguno en especial, sus repartidores aparecen como chapulines colorados tratando de ser los elegidos, y por supuesto profesando esta religión. Son noticias que son capaces de dejar completamente informado al lector en dos estaciones de metros, en los 30 segundos que dura un semáforo; para llegar justo a la oficina y botarlo en el tacho de la basura.

La pirámide es esencial en la comunicación de periódicos digitales, y de formatos reducidos. Los consumidores, hace 5 años no eran bombardeados por la cantidad de información que hoy reciben. Por cada nueva noticia que aparece, miles de contenidos son generados a la par, con muy pocas posibilidades de diferenciarse del resto. Lo inédito que hace un tiempo podía caracterizar a una noticia, hoy el social vox populi se encargó de eliminar. Cada noticia que aparece dejó ser ser nueva, relevante y fidelizadora. Esto último por que la lealtad frente a un medio, se ha vuelto una utopía. El sapping digital que hablábamos hace 10 años, no hace más que reflejar no sólo la justificada infidelidad de los consumidores, si no también, la extrema urgencia de generar contenidos capaces de diferenciarse de la competencia.

El contexto se está volviendo más importante que orden secuencial de la información, manejando rápidamente de lo inédito al everywhere. Hoy un meme sobre una noticia genera mucho más ruido que la noticia misma. El meme requiere de un conocimiento previo adquirido por la gente de manera casi obligatoria, que les permita con esta información recorrer todas sus redes sin perder la pista a cada nueva imagen que se sube adornada de esa frase reveladora, diferente y contagiosa.

Con esta avalancha diaria de información, una noticia, post, tweet, foto etc; sólo tendrá valor útil cuando pueda ser vinculada a su contexto o en el mejor de los casos cuando quienes la digieran logren obtener un sitial destacado de conocimiento frente al resto; separándolos de la información comunitaria a la particular.

Podríamos decir que si somos capaces de generar contenido que permita a los lectores jactarse de su conocimiento mayor sobre un tema gracias a la información que nosotros les estamos entregando, es quizás el momento en que finalmente estaremos entregando contenidos de calidad acorde a las necesidades que hoy vivimos.

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