• Se estima que solo los consumidores de España, Francia, Italia y EEUU son más dañinos para el streaming que los de México

  • En 2019, los usuarios de este mercado en el país le costaron a las marcas alrededor de 110 mdd

  • Para el año pasado, el IFT contabilizaba casi nueve millones de usuarios con una suscripción legal a una plataforma del sector

Hay varios retos para las compañías de streaming, desde las que se especializan en Video-On-Demand (VoD) hasta las que están en el mercado de la música o los videojuegos. En un primer lugar se puede mencionar la creciente competencia entre las empresas, que son cada vez más numerosas. También se puede hablar de retos tecnológicos, como asegurar un flujo de datos consistente. Pero es posible que la peor pesadilla de las empresas sean los mismos usuarios.

Y es que, en un comunicado, la firma ClarkeModet afirma que una práctica específica de los consumidores podría costarle hasta 741 mil millones de dólares (mdd) a la industria. Esto, a una escala global pero únicamente en 2020. Se trata del streaming ilegal, una práctica que es tristemente muy común en México. Según la compañía, ya desde el 2019 que el país es uno de los paraísos más grandes para la piratería en el mundo, solo debajo de cuatro naciones.

Se trata también de una práctica muy común entre los usuarios de streaming. La compañía apunta que prácticas como el ripping (la descarga ilegal de música) lo practican al menos las dos terceras partes del público. Además, la incidencia de la piratería en películas, música, libros y videojuegos aumentó en un 33, 31, 24 y 12 por ciento respectivamente en 2020. Peor aún, la mitad de los mexicanos ni siquiera distingue cuando está en una plataforma ilegal o no.

¿Es realmente culpa del consumidor la desgracia del streaming?

Por muchos años, la piratería se ha mantenido como uno de los problemas más graves para las empresas de casi cualquier industria. No solo afecta al streaming, sino a las marcas del sector moda con bastante frecuencia. El problema es tan penetrante, que incluso algunos agentes dentro de los mercados afectados parecen defender esta práctica. Y, por supuesto, ha dado lugar a un par de hilarantes acontecimientos espontáneos con alto nivel de hipocresía.


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La situación del streaming ilegal, en tiempos de pandemia, no se puede minimizar. El consumo de contenido digital incrementó de forma importante en casi todas las categorías. Así pues, se puede esperar que también se disparó la incidencia de la piratería. Muchas empresas pueden llevar a cabo acciones legales para reducir el impacto de este tipo de actividades. Pero llegado un momento, las compañías deben parar y preguntarse si la culpa es de los consumidores.

Y si en efecto el streaming ilegal de contenido parte de una necesidad básica que las marcas no han sabido cubrir, ¿cuál es la alternativa? Cada vez es más común la aparición de servicios ad-supported, que efectivamente permiten a las personas acceder a contenido de calidad sin costo alguno (o a un precio reducido). Sin embargo, se trata de un formato que apenas está en pañales y aún no se sabe qué tan efectivo es. Si éste no funciona, ¿entonces qué opción hay?

Estrategias para combatir la piratería

Varias empresas, dentro y fuera del sector del streaming, han intentado reducir la incidencia de este fenómeno. Algunas autoridades, como en Estados Unidos (EEUU), han calificado a ciertos países y plataformas como poco confiables, con la esperanza de reducir la confianza de los consumidores. Reuters y Twitter han propuesto emplear sistemas automáticos más agresivos. Y también se ha establecido una “cruzada” contra algunos de los proveedores más comunes.

Otros expertos también proporcionan estrategias más inteligentes para que las empresas y las autoridades desincentiven el streaming ilegal. Viaccess Orca apunta que las mismas marcas deben de trabajar en ofrecer mejores experiencias y precios, para eliminar el incentivo. WNS, por su lado, cree que las campañas de concientización pueden ser un factor decisivo. Y en datos de Cartesian, hay tecnologías que ponen candados para evitar su distribución ilegal.

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