¿Y tú, qué tan mestizo eres? Es hora de hablar de racismo en serio

Más allá del ruido que generó el conflicto entre Chumel Torres y Tenoch Huerta en redes sociales, lo que debemos poner sobre la mesa de la opinión pública es al racismo como un problema estructural que ha sido invisibilizado a través de esa narrativa histórica que, confusamente, llamamos mestizaje.

¿Y es que en realidad qué es un mestizo? ¿Cómo luce un mestizo?  ¿Cuáles son los parámetros para definir quién es mestizo y quién no? Porque si nos basamos en la premisa básica que nos han enseñado desde pequeños en las escuelas —que mestizos somos todos los que vivimos en este país— entonces Chumel y Tenoch, ambos, lo son. ¿Pero entonces por qué la discriminación pesa más del lado de quienes tienen la tez más morena? Algo no anda bien y es necesario someterlo a la reflexión.

Que México es un país racista es un hecho incluso comprobado. En junio de 2017, el INEGI concluyó que el 55% de los encuestados aceptó que insulta o discrimina al otro por su color de piel. El estudio, además, arrojó que la gente morena tiene menos oportunidades educativas. En las personas que se auto clasificaron en la encuesta en las tonalidades de piel más oscura, se observa un mayor rezago educativo: 28.8% tiene primaria incompleta. En cambio, las personas con tonalidades más claras registraron índices más altos en educación media superior y superior, con porcentajes que van de 29.3 a 44.4%.

Con base en estos datos, resulta imposible negar que el racismo existe en México. El historiador de la UNAM, Federico Navarrete, sostiene en su ensayo Alfabeto del racismo mexicano (2017) que “el drama del mestizo mexicano es que nunca quiso serlo en verdad. En su biblioteca y en su árbol genealógico, en su forma de vestir y de pensar, aspiró siempre a adquirir todos los atributos idealizados de la blancura occidental, asociados a la cultura moderna y al progreso, a la civilización y el buen gusto, al glamur y la belleza. La cacareada ‘mezcla biológica’ que produjo ‘la raza de bronce’ no se llevó a cabo ni en el siglo XVI ni en el XIX ni en el XX”.

Visto de esta manera, se entiende por qué en nuestros debates sobre el color de piel siempre emerge ese elemento aspiracional que ha sido tan normalizado en nuestras conversaciones y relaciones familiares. Porque cualquiera que viva en este país está expuesto a comentarios como: “está prietita, pero está bonita”, “hay que mejorar la raza”, “qué bueno que salió güerito” o “la cara de indio no se te quita”. Frases que no están muy lejos de lo que dijo el comediante Chumel Torres: “Trabajen más, Tenoches”.

Y no, no existe el racismo a la inversa, como tanto se pregonó en Twitter la semana pasada. Que te llamen “güerito” en el mercado no es discriminatorio. No lo es porque la blancura en México no es despreciada ni desdeñada. Al contrario: es, más que un color de piel, una aspiración, un arquetipo del éxito. Sin embargo, caer en discusiones es infructuoso. Lo que está en duda no es si existe o no el racismo, sino cómo podemos combatirlo mediante nuestras acciones diarias. En ese sentido, las redes sociales son estériles, porque no propician un debate racionalizado y analítico: es pura verborrea que termina en cuanto muere el hashtag.

El hecho de que el tema se haya mantenido como tendencia en Twitter durante una semana entera es una muestra de lo vivo que está el racismo en nuestra sociedad. Tan vivo, que incluso hubo gente que opinó sólo para negar que se trata de un problema importante. Porque una cosa es que exista el CONAPRED y que se haya tomado la decisión de separar a Chumel Torres del foro de discusión, y otra muy distinta que en la vida diaria dejemos de reproducir prácticas racistas. El hecho de que una cadena como HBO haya separado a Chumel de su programa no es otra cosa que una muestra de congruencia: hace unos días, la compañía también anunció que expulsaría de su catálogo Lo que el viento se llevó, la película de 1939 que exhibe de manera peyorativa a una trabajadora negra.

Sin embargo, no nos confundamos. Son cosas completamente diferentes. Lo que el viento se llevó es el reflejo de un tiempo, el de los años 30, cuando el racismo era tolerado e incuso promovido institucionalmente en Estados Unidos. Pero el programa de Chumel Torres se hace en 2020, cuando la discriminación racial ya es considerada un anacronismo deleznable.

Propongo, más allá de emitir nuestras opiniones en redes, que abramos el debate entre nuestros amigos y nuestras familias, donde la semilla del racismo lleva enquistada muchos años. Las redes a veces son nuestras pequeñas burbujas donde discutimos con personas similares a nosotros. El punto es abrir el debate a quienes disienten de nuestras opiniones: eso es la democracia.

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