¡Tlahuelilpan! Espejo del oscurantismo de una nación

Es un grave asunto de prevención de riesgos, responsabilidades y de sus consecuencias.

Una tragedia que todo mundo alcanzó a imaginar y qué los comprometidos con la seguridad no previeron.

La responsabilidad está comprometida con los azarosos resultados y con el rostro de la vergüenza.

Califiquemos los hechos desde la ventana de la responsabilidad legal, ética y moral de los actores como lo son: el gobierno involucrado en sus tres niveles (municipal, estatal, federal) las personas implicadas y afectadas directamente, y la sociedad en general en su carácter de espectadores.

La responsabilidad de los gobiernos municipal, estatal y federal, así como de PEMEX está definida en las leyes y reglamentos de manera ordenada, que con precisión describen su campo de operación.

La responsabilidad de los involucrados y afectados directa y gravemente, únicamente podremos dimensionarla y entenderla desde su dolor, propia óptica y vivencia, así como de su irresponsabilidad en un contexto cultural, social, ético y moral.

La responsabilidad de la sociedad en general, en este hecho lo que alcanzamos a decir en este corto espacio, es que está regida por las mimas leyes, normas y valores legales, éticos y morales; y que en este incidente nos estamos dejando llevar por emociones y por la información o noticia superficial, abanderada por tal o cual creencia política o tal vez religiosa, lo que nos está empujando a un abismo de confrontación y descalificación.

La indispensable cultura de gestión de riesgos

Así también tendremos que aprender de esta cara lección y de la importancia de distinguir los riesgos y su prevención, lo cuales sólo se pueden enfrentar acertadamente con principios básicos de una cultura cimentada en la gestión de riesgos, esto en cualquier contexto ya sea gubernamental, social y personal.

La raíz de los sucesos

Es por demás conocida la desdicha acaecida el viernes dantesco del 18 de enero de 2019, que representa metafóricamente, un espejo que marcará de por vida la historia de nuestro país, esto en materia de corrupción, impunidad, desorden social, incapacidad gubernamental, así como de la ausencia de una cultura y gestión de riesgos y de sus fatales consecuencias.

Los implicados y afectados con el saqueo de gasolina y la explosión del ducto

Especular que los participantes en este saqueo de gasolina no fueron víctimas creemos que es una equivocación, sería tanto como considerar esta tragedia bajo un paradigma reduccionista.

Al parecer los que murieron, los desparecidos o los que quedaron gravemente heridos, en su mayoría son -factiblemente-, al haber actuado de esta forma, personas ignorantes en materia de riesgos, con muchas necesidades y carencias, con bajos códigos de responsabilidad civil, todo ello, producto de una sociedad descompuesta.

Como datos demográfico, Tlahuelilpan se integra por una población de alrededor de 20 mil personas, el 55.1%, vive en estado de pobreza (11mil) y 7.1% en pobreza extrema (1, 420 residentes).

La sociedad en general transformada en jueces inclementes

De lo que estamos convencidos es que, como sociedad observadora de este suceso, hemos olvidado dos principios universales: el de la solidaridad y el de la subsidiaridad. Esto es una cuestión de enfoques muy personales, por lo que cada uno expresa y se abriga en sus creencias y mucho en la imaginación.

Mientras la autoridad (el fiscal) no emita un veredicto oficial, no sabremos realmente dónde esté la verdad y quién la tenga. Pero es importante debatir o por lo menos comentar tragedias como ésta, con la mayor objetividad posible, ya que no nos podemos quedar callados por la gravedad del incidente, el cual es un reflejo de lo que se vive en el país; con el propósitos de capitalizar aprendizajes.

La cronología de las 5 horas y 52 minutos para reaccionar y haber evitado una tragedia

Con la información que dio a conocer el pasado domingo, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo; la sucesión de acontecimientos nos da clara idea de que no hubo acciones basadas en una estrategia, táctica o cuando menos en una acción coordinada en tiempo y forma, desembocando en los hechos ya conocidos.

Aproximadamente a las 18:00 de ese viernes apocalíptico, llega el azaroso momento en el que se prende fuego y se produce una enorme tragedia.

Cuando estoy concluyendo este escrito, hoy martes 22 de enero del 2018, hay
94 personas fallecidas y 49 heridos, la mayoría en estado crítico y 76 carpetas de investigación por individuos desaparecidos.

Ironías de la vida; la tragedia acontece en la población del Estado de Hidalgo Tlahuelilpan o Tlaualilpan, que en lengua nahoa significa:

“En donde se riegan las tierras”

Para poder dimensionar las responsabilidades y consecuencias, hagamos un ejercicio mental en nuestro micro mundo

Con la pregunta ¿Qué pasaría si…? repliquemos la tragedia en nuestro micro mundo, en nuestra empresa en nuestro hogar y dimensionemos la responsabilidades y la cultura que tenemos en materia de gestión de riegos y la de cada uno de los actores de esta e imaginemos el resultado; la respuesta generalmente es: “no estamos preparados”.

No podemos negar que los riesgos son de nuestra obligación visualizarlos, de ser posible eliminarlos, reducirlos o por lo menos transferirlos, son principios básicos de una cultura fundamentada en la gestión de riesgos a cualquier nivel en cualquier terreno.

Es tiempo de las responsabilidades y de las acciones

De todas las múltiples declaraciones que hemos escuchado, hay una que nos impacta y conmueve:

“A lo mejor todos somos culpables…”

Infausta expresión de un poblador afectado por tener a un hijo hospitalizado con quemaduras de tercer grado y por la muerte de otros dos de sus hijos, mismos que, según el comentó, fueron a sacar gasolina para enfrentar su escases.

A mi entender y para avanzar debemos dejar de pensar en presuntos culpables y hablar de responsabilidades, de sus imperdibles consecuencias y la forma honesta de enfrentarlas dando la cara, cada quién, según corresponda.

La responsabilidad tiene muchos rostros

Imaginemos lo que encarna la responsabilidad en este acontecimiento: la palabra responsabilidad significa una forma de ser considerado, sujeto de una deuda u obligación. Según Nietzsche “La responsabilidad es esencial en el ser humano, ya que no es por cuestiones divinas lo que nos sucede, es por nuestras decisiones”.

Hay responsabilidad de los ciudadanos, del Estado (Legislador, juez y administrador), de los gobiernos en sus tres niveles municipal, estatal y federal, y son tres: de carácter legal, moral y política; enmarcadas en la Constitución, en las leyes y reglamentos y a eso se deberán restringir y responder

Responsabilidad de la sociedad en su conjunto

En toda esta tragedia existe el adeudo, la obligación o por lo menos la necesidad de reflexionar en lo individual y como sociedad en su conjunto, acerca de nuestras responsabilidad humana, moral, social y hasta legal de un suceso que nunca pasará al olvido.

Tlahuelilpan representa lo más bajo a dónde ha caído nuestra nación, y no tenemos ningún derecho a seguir permitiendo que México esté inserto en este tejido macabro y dejar a nuestros descendientes un país en estas condiciones, por lo que es importante pensar que: “La responsabilidad está comprometida con el rostro de la vergüenza y de enfrentar con honestidad las consecuencias, sólo así formaremos en nuestros hijos una cultura cívica, ética y moral”.