¿Te está acabando la adicción a tu teléfono?

Es impresionante la cantidad de gente que conduce y textea, que va a cenar con amigos y no deja el teléfono, que se presenta a una reunión de trabajo y no presta atención a lo que se está hablando por estar revisando sus emails, que está con sus hijos pero realmente está más al tanto de los mensajes que le llegan.

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De acuerdo a Simon Sinek, recibir emails, mensajes o llamadas genera dopamina (conocida como el neurotransmisor de las adicciones), y por ende las redes sociales en el teléfono pueden convertirse en algo sumamente adictivo, al mismo nivel que la adicción por el alcohol, las drogas, el tabaco y las apuestas.

En pocas palabras, esa sensación de gratificación instantánea al ver que has recibido un nuevo mensaje o escuchar tu teléfono sonar produce dopamina y es altamente adictiva.

Por lo tanto, ¿qué tal si comenzamos haciendo pequeños cambios para no volvernos adictos a nuestros teléfonos celulares?

  1. No le des el control: Cuando tu vida gira en torno al teléfono y los mensajes que recibes estás en un problema. Todos hemos experimentado lo agobiante que es estar oyendo el ruidito de los mensajes cada 30 segundos y peor aún el gran distractor que es si queremos llevar una vida productiva. No permitas que sea el teléfono el que marca tu agenda. Una buena recomendación es desactivar todas las alertas y notificaciones, de esta forma puedes acceder a el cuando tú lo decides y te permites estar enfocado y concentrado en las actividades en las que tienes que estar.
  2. Regálate unos momentos: Hay personas que hacen todo, pero verdaderamente todo, con el teléfono en la mano; desde conducir, caminar por la casa, ¡hasta ir al baño! Pareciera que ya no sabemos estar sin el teléfono, lamentablemente es como si hoy en día nuestro teléfono fuera una extensión de nuestro cuerpo. Ponte a prueba e intenta salir la próxima vez con tus amigos sin el teléfono, intenta estar un fin de semana sin usarlo, procura ir a tu próxima junta de trabajo y no lo lleves, ve a la gente a la cara, regálate esos momentos de verdadera conexión.
  3. Aprende a priorizar: Hay momentos, como decíamos anteriormente que requieren que le pongas un toque personal a la situación, que veas a los ojos, que hagas sentir a las personas que están a tu lado importantes y valoradas. Es triste ver como muchas familias el fin de semana salen a comer todos juntos e invariablemente están en el teléfono. ¿En qué momento un mensaje, un sonido, una alerta se ha vuelto más prioritario que gente como nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros amigos? mensaje que estamos dando cuando preferimos prestar atención al teléfono estando con otras personas es: “No me importas tanto” Un poco radical, pero muy cierto.
  4. Ponte límites: Hoy en día, se ha comprobado que los jóvenes pueden verse perjudicados en términos de crecimiento y desarrollo con el uso del celular, al no respetar sus horas de sueño. Pero no sólo los jóvenes, también los adultos revisan de forma constante su celular en la madrugada y es lo primero que hacen al levantarse lo cual no permite tener un descanso saludable. Ponerse límites en el uso del teléfono es fundamental, intenta por una semana dejarlo fuera de la recámara y ve que tan positivos son los cambios en tu vida y en tu descanso.
  5. Precaución y seguridad ante todo: Existe mucha inconciencia en el uso del teléfono a la hora de conducir y caminar por las calles. Muchas personas no solo en las ciudades sino que incluso en carretera van hablando o texteando, aún cuando no van solos, muchas veces con sus familias ¡van con sus hijos! Es alarmante el porcentaje de accidentes que ocurren por descuidos como estos, por falta de precaución y de seguridad. La invitación es a que nos demos cuenta que un mensaje o un mail o una llamada no justifica que pongamos en riesgo nuestra vida, la de nuestra familia, amigos o la de otras personas.

Albert Einstein decía: “Si quieres vivir una vida feliz, átala a una meta, no a una persona o a un objeto” Yo digo que bien vale la pena cuestionarnos qué tanto estamos abusando de la tecnología y qué tanto nos está limitando, perjudicando y alejando de aquello que en verdad vale la pena…vivir.