¿Sabrías distinguir entre alguien persuasivo y alguien manipulador?

Me temo que fuera de los entornos académicos, el término “persuadir” lleva implícito algunas connotaciones negativas que lleva a las personas a pensar que “persuadir” es algo parecido a “manipular”.

Para aclarar esta posible confusión introducimos un tercer término que nos puede ayudar a clarificar la diferencia que existe entre persuadir y manipular. Ese tercer térmico es “informar”. Y podríamos decir que el acto de persuadir es algo más ambicioso que el acto de informar, pero que tiene que delimitar muy bien su metodología para no caer en ese otro acto tan diferente que es la manipulación.

De esta forma definiríamos el acto de informar como aquel acto a través del cual se transmite una serie de datos objetivos que tratan de describir, de la forma más fiel posible, una realidad determinada.

Por su parte la acción de persuadir puede incluir a su vez un acto de informar, pero a diferencia de este último acto, la persuasión siempre busca hacer pasar a la acción a alguien o hacerle cambiar de opinión. Para lograr este objetivo la persuasión se ayuda de la argumentación racional y de la argumentación emocional. Importante también tener en cuenta que la persuasión siempre debe contener la finalidad de lograr el bien común de la mayoría.

Por su parte la Real Academia Española nos deja esta descripción para el concepto “Manipulación” se refiere a “la acción de intervenir con medios hábiles, y a veces arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia y sirviendo a intereses particulares”.

Gracias a esta última definición podemos diferenciar ampliamente entre el acto de informar, el acto de persuadir y el acto de manipular.

Llevado a la práctica, podríamos ejemplificar cada uno de estos conceptos de la siguiente manera: si un político está ofreciendo una rueda de prensa cuya finalidad es informarnos de los principales puntos que han sido tratados en la reunión que ha mantenido con uno de los líderes de la oposición, el contenido que nos ofrecería debería ceñirse a informar, ofreciendo datos y describiendo los hechos de forma narrativa con el objetivo de poder conocer el contenido de la reunión mantenida.

Si ese mismo político estuviera ofreciendo un mitin de campaña electoral cuya finalidad es persuadir a los votantes para que le apoyen en las próximas elecciones, nos encontraríamos ante un acto de persuasión y su mensaje contendría aquellos argumentos racionales y emocionales encaminados a convencernos de que la opción política que representa es, sin duda, la mejor para una gran mayoría.

Es posible que en este acto el candidato aportase frases como las siguientes: “estoy seguro de poder ser la única opción viable para poder gobernar este país”, o bien podría decir: “quiero mostrar mi apoyo, de forma especial, a todas aquellas personas que se están viendo especialmente afectados por la crisis”.

En cualquiera de los dos casos el objetivo es el mismo: lograr el voto de aquellas personas indecisas que aún no saben a qué opción política van a votar o lograr hacer cambiar de opinión a aquellas personas que, en principio, no le elegirían como candidato a la presidencia.

Por último, para ejemplificar un acto de manipulación, podríamos imaginarnos a este mismo líder político, ofreciendo una entrevista en televisión atribuyendo a sus contrincantes políticos hechos falsos y usando argumentos que contuviesen acusaciones delictivas sin que éstas hubieran sido probadas.

El acto de manipular es profundamente sibilino. La literatura nos ha dejado personajes que manejan a la perfección este arte. Tal es el caso de “El príncipe”, de Maquiavelo, al que algunos consideran, sin duda, el “creador de la manipulación política”. En esta obra podemos encontrar textos como el siguiente: “El fin justifica los medios”, o “yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla.”.

La pequeña pantalla también ha representado de forma generosa el prototipo de personaje manipulador: todos recordamos a Jhon Hamm de la serie “Mad Men”, a Deirdre Lovejoy de “Bones” o a Joan Collins de “Dinastía”.

Por otra parte, también tenemos grandes representantes del mundo de la persuasión. Actuales como el presidente Barack Obama o históricos como Martin Luther King o Nelson Mandela.

La diferencia entre unos y otros está clara. Los manipuladores tienen un ego inmenso; un ego que no les deja ver más allá de sus propios intereses personales. Los hombres persuasivos han aprendido a echar su ego a un lado y a dar prioridad a un bien que consideran legítimo y necesario para una gran mayoría.

SUSCRÍBETE AL CONTENIDO PREMIUM POR TAN SÓLO $299