Renunciar a un trabajo es un arte que no todos lo hacen bien

Después de muchos años en este trabajo he visto todo tipo de renuncias, desacuerdos y por supuesto finales felices. Esta columna no está basada en ninguna experiencia en particular es resultado de lo que escucho de clientes, contactos, fuentes y colegas profesionales. Lo único que puedo decir es que la cultura de la renuncia ha cambiado radicalmente en los últimos años.

Cuando comencé a trabajar, la costumbre era notificar a tu jefe con por lo menos dos semanas de anticipación a la salida, hoy ese número de días es un lujo, las personas dejan los empleos de una día para otro. Recientemente un director general de la industria manufacturera de este país me preguntaba por qué hay tanta rotación en marketing y tristemente no pude dar una respuesta que convenciera, ni siquiera a mi mismo. La realidad es que en mercadotecnia las personas cambian de empleo con mucha facilidad, en cierta medida es causado por los fenómenos de “injusticia creativa”, es decir, frente a la percepción de creatividad un profesional recibe un valor desmedido por el mercado.

El problema de la rotación en marketing

La razón por la que se llama de esta manera es que esta puede ser simplemente una percepción y también porque una persona que es percibida “un poco menos creativa” recibirá radicalmente menos beneficios. El mejor ejemplo es Jonathan Ive, el famoso diseñador (hoy consultor) de Apple, seguramente es muy bueno en su trabajo pero su ingreso anual es infamemente más alto que otros diseñadores igualmente capaces.

El problema de la rotación en marketing es bastante agresivo y curiosamente se hace más patente en temporadas de crisis, sin embargo, este fenómeno ayuda a las agencias de publicidad a controlar su tamaño orgánicamente. En la década de los noventa si una agencia perdía una cuenta grande casi de inmediato había despidos. Hoy la rotación tan alta hace que el fenómeno no sea tan agresivo y que simplemente las empresas “esperan” a que el personal salga de manera natural. Sin embargo, las renuncias siguen sucediendo y tienen efectos negativos en la calidad de servicio de las empresas, más en un entorno de “eficiencia” en la que las empresas buscan naturalmente que menos personas hagan más trabajo.

Este fenómeno pone en riesgo a la empresas ya que impide tener redundancia en los puestos y al perder un elemento se pierde en el seguimiento. Esto se resuelve —en principio— con sistema y procedimientos, lamentablemente en la mayoría de los casos las PyMEs carecen de estos componentes. Lo que parecería un problema de la empresa realmente es del individuo. Me explico: al renunciar a un trabajo sin cuidar los detalles se afecta al equipo de trabajo, los compañeros, que no tienen vela en el entierro. Esto afecta inevitablemente la sensación de compromiso y, les aseguro, que el equipo nunca olvida un abandono.

En segunda instancia sucede lo mismo con el cliente, el famoso email de despedida poco ayuda ya que de la misma manera en que se notificó al jefe con dos o tres días de anticipación, el cliente tampoco tuvo tiempo de reaccionar a la renuncia. En consecuencia sus pendientes quedan desatendidos. El email de despedida debería ser un ejercicio que permitiera una transición suave con la nueva persona de atención, especialmente si es una rol de servicio o ventas. No se trata de la empresa, es un asunto de reputación personal e imagen pública.

De afectar la imagen personal a transformarlo en una fortaleza

He visto casos en los que las personas renuncian de un día para otro como acto de revancha con la empresa; sin embargo, los único afectados son ellos y las personas que fueron sus compañeros. Presentar a la persona que tomará el cargo y ser parte de la transición abre la puerta —en mi experiencia— a que haya futuros tratos con el cliente y curiosamente con el empleador. Por último genera un vínculo con la nueva persona que se vuelve inquebrantable con el tiempo, el nuevo integrante del equipo recibe entrenamiento de la persona que más sabe del puesto.

El mejor consejo que puedo dar es evitar reiniciar por WhatsApp, no importa qué tan mal te caiga el jefe, usar la aplicación es una pésima idea y en el peor de los casos puede convertirse en una captura de pantalla sólo para convertirse en sujeto de burlas pasado el tiempo. Ojo, la gente guarda TODAS las conversaciones de WhatsApp. Lo mejor es seguir tres reglas: renuncia con tiempo, entrega tu puesto por escrito, y siempre anuncia tu salida en persona.

Antes de concluir, me gustaría que no perdamos de perspectiva que el tema de la renuncia es multifactorial; es decir, no todas son un divorcio, muchas veces se dan a partir de una nueva oportunidad laboral, profesional, por una mejora de ingresos, incluso pueden presentarse motivos de salud o cambio de residencia.

El punto es que cuando se presente una renuncia, se deben cuidar los detalles, unos que pueden marcar la diferencia entre la imagen que dejas a tu equipo anterior y que puede convertirse en una fortaleza en el proyecto que se inicia, pues tanto el empleador como el grupo de trabajo al que te incorpores podrán interpretarlo como una cualidad, como uno de los valores que forman a ese profesional.

De igual manera y, probablemente este sea tema para otra columna dada su complejidad y extensión, es que así como existe esta situación para con los equipos humanos, debemos reconocer que también está presente al interior de las empresas mismas, es decir, los empleadores y departamentos de recursos humanos deben tener esta misma responsabilidad al momento de prescindir de un miembro de su equipo de trabajo.

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