¿Qué le espera a la mercadotecnia de alimentos y bebidas ante la guerra contra la obesidad?

Internacional.- El problema de la obesidad ha crecido a pasos agigantados a nivel mundial. Según datos de la OMS, mil millones de adultos sufren de sobrepeso y más de 300 millones son obesos, y si no se actúa, esta cifra superará los 1500 millones en el 2015. En cuanto a la niñez, en el mundo hay más de 42 millones de menores de cinco años que sufren de sobrepeso.

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Sin duda, las cifras son alarmantes y ante esta situación, las marcas de alimentos y bebidas que han sido acusadas de fomentar la obesidad, tienen la oportunidad (y el deber) de replantear sus estrategias de mercadotecnia.

En la revista inglesa Marketing Week, señalan que estas marcas que se manejan con alto contenido de azúcar, corren el riesgo de convertirse en las “nuevas compañías de tabaco”. Con esto se refieren a que, de un momento a otro, comience una cacería contra ellas con el objetivo de reducir los números asociados con la obesidad, tal y como sucedió con la industria del cigarro. Y entonces, se verían obligados a cambiar sus estrategias de marketing a unas que quizá les afecten más de lo que podrían tener contemplado.

Es por eso que las marcas necesitan actuar con anticipación de manera responsable, y con la delicadeza suficiente para no cambiar lo que representan, pero sí mostrar cierto nivel de conciencia ante lo que venden. En ese sentido, los expertos afirman que lo más óptimo es que no haya restricciones hacia las marcas en sí, ni lo que contienen, sino que se abogue por cambiar el estilo de vida de las personas en vez de orillarlas a consumir con mensajes negativos.

Fomentar un estilo de vida más sano mostraría puntos a favor tanto para consumidores como para marcas. En primer lugar, los consumidores harían más ejercicio y comerían lo que les gusta con moderación. En segundo lugar, las marcas no tendrían que cambiar fórmulas y seguirían cosechando clientes conformes, contentos y fieles.

Siendo así, el panorama está lleno de retos, pero no imposibles. Está claro que siempre es mejor mandar mensajes positivos, en cualquier nivel, que poner ratas en las cajas de los productos, como ocurre con la industria del tabaco.

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