Pros y contras de aprovechar causas sociales para posicionar una marca

Abrazar una causa social es una táctica comúnmente utilizada por la mercadotecnia y las relaciones públicas para lograr o mantener un posicionamiento mediático y de marca, debido a que cuando una empresa muestra que se preocupa por lo que pasa a su alrededor, atrae fuertemente la empatía de los consumidores.

La misma sociedad se ha encargado de poner en la mira pública distintas luchas que pueden llegar a encajar con los valores que busca promover una empresa, con el objetivo no sólo de vender, sino de realmente poner su granito de arena para hacer de éste un mundo mejor.

Sin embargo, cuando las marcas implementan esta táctica pueden caer en la tentación de abusar de ella, y como en todo, si no hay un equilibrio, el resultado puede ser contraproducente.

En la época que vivimos, el feminismo y la lucha por la equidad, el respeto a la diversidad sexual, los esfuerzos por detener el cambio climático y mejorar la movilidad en las ciudades con exigencias de respeto al peatón, son algunas tendencias que reinan en el interés colectivo.

Si las marcas deciden colgarse de alguna de estas causas, es necesario encontrar el punto medio, para lograr acciones genuinas que se apeguen al marketing con causa, pero sin rebasar la línea de utilizarlas como estandarte, porque no debemos olvidar que, lamentablemente, las causas sociales también se convierten en modas, y así como hoy son tema de conversación en todos lados, en el futuro su impacto podría llegar a desvanecerse.

Subirse a una causa como el feminismo para posicionar una marca, en estos tiempos puede resultar favorable hasta cierto punto, pero ninguna estrategia de largo plazo puede mantenerse estática y sin explorar nuevas opciones mediáticas que permitan estar en el ojo público de manera permanente.

Si bien una de las mejores prácticas empresariales es la de ser socialmente responsable, esto no debe ser motivo para que erremos en la estrategia de imagen que queremos proyectar hacia nuestro público objetivo. Cabe entonces preguntarse cómo queremos ser vistos y adecuar de ese modo el plan a implementar.

Una realidad es que los consumidores actuales, sobre todo los pertenecientes a la ampliamente analizada generación millennial, son consumidores más exigentes, pues tienen a su alcance múltiples fuentes de información en las que tienen la posibilidad de enterarse de la procedencia de los productos y las prácticas de las empresas.

Al mismo tiempo, este segmento del mercado no guarda una estrecha fidelidad con las marcas, por lo que le resulta relativamente fácil que, si las prácticas de las empresas son responsables y perciben un compromiso con causas más allá de las comerciales, ellos se inclinen por elegirlas; o por el contrario, terminar la relación con esta marca si se descubre que los valores no son compartidos.

Una buena asesoría en relaciones públicas deberá detectar este tipo de situaciones e implementar medidas necesarias para corregirlas, porque lo difícil no es llegar al corazón de nuestro público objetivo, sino mantenernos ahí.