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¿Por qué la renuncia del CEO de Uber no resuelve los problemas de la marca?

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La salida de Travis Kalanick poco o nada podrá cambiar para sacar a Uber del abismo en el que se encuentra desde hace algunos meses.

Ante la presión de los accionistas frente a la mala racha de reputación que enfrenta Uber, Travis Kalanick decidió abandonar de manera indefinida su cargo como CEO de la compañía.

De acuerdo con información difundida por  The New York Times “cinco de los principales inversores le exigieron su renuncia de manera inmediata. Uno fue uno de los mayores accionistas, la firma de capital de riesgo Benchmark, que tiene a uno de sus socios, Bill Gurley, en el directorio de Uber”.

El último año ha sido uno de los más complicados para Uber. Como consecuencia de diferentes acontecimientos, la reputación de la empresa se ha visto afectada, lo que ha resultado en el despido de importantes ejecutivos de la firma.

En febrero de este año, Uber lanzó una investigación interna luego de que Susan Fowler denunciara en un blog que sufría de acoso sexual dentro de la empresa y que, a pesar de avisar a sus superiores, la conducta se consentía porque los que ejercían estas prácticas eran valiosos para los planes de la compañía.

Días después de que esto saliera a la luz circuló en la red un video de Kalanick gritando a un conductor de Uber durante una discusión centrada en las tarifas, lo que dejo en claro los problemas de liderazgo que enfrenta la compañía.

Acontecimientos como los anteriores, no sólo tuvieron impactos en términos de imagen para la firma. Más allá de estos asuntos, los hechos recientes dejaron en claro deficiencias importantes en términos de cultura laboral que desde ahora ya suponen una merma considerable en el negocio de la empresa, que no se solucionaran con la salida de su CEO.

En organizaciones como Uber, la gestión de recursos humanos está diseñada para ofrecer servicios que son más visibles para el equipo de liderazgo, lo que se traduce en reclutamiento a gran escala. Esto deja un control casi nulo en términos de derechos y obligaciones tanto para los colaboradores como desde el lado la organización como empleadora para los trabajadores. Uber hasta el momento se ha visto poco dispuesta a cerrar las brechas al respecto. Pagar impuestos o destinar recursos a temas de seguridad social no es su prioridad; sin embargo, debería serlo ante las pérdidas que esto representa.

No asumir sus responsabilidades como empleadora, tan sólo en abril pasado, reportaron a gastos por 84 millones de dólares en la resolución de demandas a 385 mil demandantes que presentaron denuncias para ser reconocidos como empleados durante 2013.

De igual manera, en meses pasados, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) multó a la empresa con 20 millones de dólares por prácticas laborales engañosas, después de que conductores de 18 ciudades estadounidenses denunciaron que la compañía los engañó con ganancias “desproporcionadas” y afirmaciones que no eran ciertas sobre el financiamiento para adquirir vehículos propios.

Estos problema, han llevado a diversos especialistas a proyectar la desaparición de la empresa en nada menos que una década. De acuerdo con el co-fundador de Magellan Financial Group, empresa especializada en gestión de inversiones con sede en Sydney, “la probabilidad de que este negocio (Uber) vaya a la quiebra en una década es del 99 por ciento”.

Esto deja en claro que la salida de Travis Kalanick poco o nada podrá cambiar para sacar a Uber del abismo en el que se encuentra desde hace algunos meses.

Las acciones que el problema demanda son mayores y tienen que ver con la carente cultura laboral que posee la empresa. En su modelo actual, no existen garantías para su base de empleadores, lo que por definición no representa seguridad ni para el negocio ni para los accionistas.

Uber ya no puede mantener una bandera de startup cuando de gestión de activos humanos y negocio hablamos. Se trata de una empresa que se mantiene como líder en el terreno de las nuevas dinámicas de transporte tanto en valor como en penetración y relevancia a nivel global.

En su afán por premiar la flexibilidad, Uber se ha olvidado de la necesidad de ofrecer garantías a los colaboradores para mantener la rentabilidad del negocio, demanda que no se soluciona con la salida de su CEO.

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