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Fernanda Ramirez

México ha llegado tarde a la educación a distancia

El gobierno ha dicho que la solución es dar clases por televisión. El tiempo dirá si la estrategia es correcta.

La pandemia de coronavirus también es la pandemia de la pobreza. Estudios de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe nos sugieren que la emergencia sanitaria dejará 45 millones de nuevos pobres para la región. Una catástrofe si se toma en cuenta que las consecuencias en la educación también podrían ser desastrosas. Porque seamos honestos: México no está listo para la educación en línea. 

Y no lo está por muchas razones, pero la principal de ellas es que la educación pública no está digitalizada al 100% como sí lo está en países como Francia o Canadá. 

Lamentablemente, las políticas educativas en México son miopes: creemos que con regalarle una tablet a un niño es más que suficiente para que aprenda. Nada más alejado de la realidad. La educación digitalizada va mucho más allá: es todo un proceso cognitivo que requiere de programas y estrategias pedagógicas de gran alcance. De nada sirve que un alumno tenga una laptop si no conoce los alcances de ésta. La tecnología es más que un medio entre profesor y estudiante: es una herramienta que resuelve problemas. De lo contrario, corremos el riesgo de parecernos a quien quiere destapar un vino con una sierra eléctrica. De nada nos sirve contar con la mejor tecnología si no sabemos usarla. 

La educación en línea no se trata sólo de parar alumnos frente a las pantallas. Y ojo: no demerito el esfuerzo de cientos de miles de padres y maestros que se esfuerzan por continuar la enseñanza en tiempos tan complejos. Lo que sí es digno de crítica es el enorme retraso tecnológico que existe en la educación pública del país. Hay un mar de diferencia entre los alumnos de las escuelas privadas y las de gobierno. Los chicos que tienen la oportunidad de estudiar en colegios de paga ya están acostumbrados al mundo digital: desde antes ya hacían sus tareas en plataformas web y ya estaban familiarizados con el mundo tecnológico más allá de reproducir un video en YouTube. 

Sin embargo, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha llegado tarde a la digitalización de la educación. Las políticas públicas, lamentablemente, se han enfocado más en los conflictos sindicales que en la formación de estudiantes o en el diseño de nuevos programas educativos. Es muy común que en las secundarias públicas existan aulas de cómputo, aunque en la práctica no sirvan para nada, ya sea porque el profesor no está capacitado o porque los trabajos escolares siguen haciéndose a la antigua. 

El populismo de “regalar” computadoras a las escuelas no sirve de nada si esta estrategia no va acompañada de un programa verdaderamente integral, que ayude al alumno a resolver los problemas de su vida cotidiana mediante el uso responsable e inteligente de la tecnología. 

Ayer regresaron a clases más de 30 millones de estudiantes. La nueva normalidad los obligará a explorar nuevos procesos pedagógicos que, me temo, no son accesibles para todos. En primera, las clases en línea han evidenciado el gran lastre de la sociedad mexicana: la desigualdad. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) asegura que el 55% de los alumnos de educación básica del país no cuenta con una computadora personal. Y peor aún: de los estudiantes más vulnerables, sólo el 5% tiene acceso a una computadora. El gobierno ha dicho que la solución es dar clases por televisión. El tiempo dirá si la estrategia es correcta, aunque yo tengo mis dudas. 

Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019, elaborada por el INEGI, el 45% de los estudiantes mexicanos no tienen un dispositivo como computadora, laptop, tableta o teléfono inteligente en el hogar con acceso a internet.

Aquí el problema será el alto índice de rezago educativo de los próximos años. ¿Cuántos de estos 30 millones de niños en verdad se adaptarán a la educación a distancia? Porque no todos tienen oportunidad de tomar clases en Classroom con el apoyo de sus padres. Me imagino que muchos bancos y tiendas de renombre se relamen los bigotes para ver sus ganancias futuras: miles de padres de familia se han visto obligados a sacar un crédito para comprar una laptop o una tablet. 

Y ni qué decir de los alumnos que padecen algún tipo de discapacidad motriz o intelectual. A ellos sí que los tienen en el olvido. La SEP ha dicho que diseñará un programa especial para este sector, pero hasta el momento no hay nada materializado. Y esto es algo sumamente grave si tomamos en cuenta que, según cifras de Ottobock y Fundación Paralife, más del 70% de las personas que padecen discapacidad trabajan en el sector informal de la economía. 

Es evidente, además, que un niño con discapacidad intelectual no tendrá el mismo nivel de atención que un niño sano. Muchos chicos requieren de terapias o rehabilitaciones que, por el momento, están detenidas para evitar contagios. Urge que las autoridades sean inclusivas más allá del discurso oficial. 

Es muy pronto para medir las consecuencias sociales, culturales y económicas de la poca viabilidad de la educación a distancia. Pero sí es necesario destacar que México ha llegado muy tarde a la digitalización de la educación. Ojalá que esta experiencia nos sirva para que nuestras políticas educativas futuras sí velen, realmente, por los intereses de los niños y jóvenes: ellos son nuestro futuro. 

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