M4rk3t1ng B1n4r10: ¿Qué tanto debemos ser iguales?

Por Luis Miguel Martínez
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El 14 de octubre se celebró el Día Mundial de la Normalización (World Standards Day). Este año, las estructuras más relevantes en el tema – la ISO (Organización Internacional de los Estándares), la IEC (Comisión Electrotécnica Internacional) y la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones) escogieron el lema “Las normas técnicas hacen el mundo accesible para todos” ¿Esto es relevante para el ciudadano común ? Probablemente, aunque la estandarización tiene consecuencias más profundas que la accesibilidad del mundo.

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Debemos reconocer que la normalización o estandarización nos permite gozar de un mundo global y vivir de forma cómoda, pero los organismos de estandarización nos han hecho creer que sólo hay una forma mejor de vivir y que es cuando todos somos iguales y donde la diversidad no tiene cabida. Si el mundo fuera como dichos organismos lo proponen, todos usariamos ropa con colores estándar /* tal vez en colores web, es decir en RGB en 256 niveles o intensidades */. Por facilidad, sería mejor usar ropa en niveles binarios 1 o 0 es decir Blanco o Negro. Todas las casas serían iguales, pues en el mundo estandarizado no hay cabida a la diversidad, así tendríamos casas C1 /*con un cuarto*/, C2 /* con dos cuartos*/, C3, C4 etc. Todos tendríamos los mismo zapatos y el mismo automóvil, la misma computadora, el mismo teléfono celular, etc. ¿No ese mundo ideal es el socialista? ¿Cómo el modelo capitalista puede requerir e impulsar la normalización sin caer en su némesis?

Sin normas, este mundo sería un caos, muy divertido para algunos, pero indudablemente caótico. Alguna vez, pregunté al Director de Ingeniería del Instituto de Normas de Ghana (Standards Board), por que lado de la calle circulaban los automóviles en Accra /* pues había sido colonia Británica y Francesa */ la respuesta simple fue: “depende de las personas” pues en varias zonas había más peatones y animales que automóviles. Eso es estandarización, pues el uso determina la norma. Hakuna Matata … sin normas no hay preocupaciones. Debemos reconocer que las normas nos permiten hacer una llamada telefónica desde un lugar a otro del mundo, así como gozar de Internet o usar un radio de FM aquí, en China o en Tuvalú. Gracias a las normas, podemos estar orgullosos de nuestras siglas internacionales MX que nos diferencian de US ó CA ó FR. Gracias a las normas, la mayoría de las escaleras tienen el mismo peralte y un tamaño mínimo de huella. Por norma, los colores en los semáforos están en el mismo órden y el rojo representa el alto, pero ¿Por qué no podemos usar otros colores en los semáforos? El mundo de las normas puede ser muy pragmático y útil, pero a la vez extremadamente aburrido.

La UIT -que se reune por Guadalajara estos días- afirma que sin las normas técnicas no habría comunicaciones modernas /* ni antiguas, ni futuras */ pues la norma de comunicación más simple es el lenguaje. Así, la mayoría de los teléfonos en el continente americano utilizan un socket ó receptáculo para su interconexión a la red pública. Este socket es un tipo RJ-45 /* una entrada registrada 45, literalmente */ ¿Quién lo propuso y lo aceptó? Probablemente, un fabricante que convenció a un comité de estandarización, donde supuestamente está representado el productor, el consumidor y el regulador. De esta forma el apagón analógico comenzó con la adopción del estándar ATSC A53. ¿Si supuestamente habrá menos televidentes con la TV Digital, dónde quedó aquello que las normas técnicas hacen este mundo “más accesible”?

Si las normas técnicas facilitan el acceso en el mundo, deben de considerar la flexibilidad para la diversidad. Es cómodo el mundo estandarizado donde los contactos eléctricos son idénticos en la región NAFTA, donde un metro lineal es igual aquí, que en Alaska y en Timor del Este. Sin embargo, a veces la estandarización limita y nos impide gozar de los beneficios de la diversidad.

No te desconectes y antes de viajar consigue un adaptador de corriente eléctrica para poderte conectar en cualquier parte del mundo.

Sobre el autor
Luis Miguel Martínez es académico e investigador en la Universidad Iberoamericana. Diseña estaciones de radio, dispositivos electrónicos y sistemas de medición industrial; estudia el impacto de la tecnología en nuestra sociedad e investiga sobre las redes sociales y sus aplicaciones. Es escritor de libros y artículos. Es fiel creyente en el desarrollo en comunidad y el código abierto.

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