Las personas deberían decidir qué es creíble, no las empresas tecnológicas

Esta es una declaración reciente de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, que la prensa interpretó como una defensa de las fake news. En descargo de la política de esa red social de publicar anuncios de campaña que contengan declaraciones falsas o mentiras, admitió que esas tensiones son “algo con lo que tenemos que vivir”.

Durante el discurso que pronunció en la universidad de Georgetown, en Washington , luego de que la aspirante a la candidatura demócrata a la presidencia de los Estados Unidos Elizabeth Warren publicara anuncios en Facebook en los que declaraba falsamente que el fundador de esa red social respalda al presidente Donald Trump para su reelección, insistió en que en una democracia debe haber libertad de expresión, aunque precisó: “no permitimos contenido que incite a la violencia o a un riesgo inminente de daño”.

Las fake news están de moda pero no son una moda, han existido desde siempre, igual que la mentira, que existe desde que tenemos uso de la palabra. Lo que ha cambiado es que antes las mentiras quedaban reducidas a un círculo de amigos o de vecinos y, en cambio, ahora con las redes sociales su difusión es masiva, es mundial y a una velocidad sin precedentes. Ahora se usan en la propaganda. Sin embargo hay una diferencia muy clara entre ésta y una fake new: la propaganda es una información que se genera para intentar convencer a la gente en un entorno determinado de una idea o de un hecho y, en cambio, las fake news lo que buscan es alterar el relato objetivo de los hechos para crear uno alternativo.

La propaganda ha funcionado históricamente desde un país a su propio país, encerrándose en su frontera nacional. El ejemplo clásico es el de la Alemania Nazi, donde el Ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels, y el gobierno nazi buscaban que todos los alemanes se sintieran nazis o se sintieran desplazados por no serlo. La propaganda busca convencer y unificar a la sociedad en torno a un ideario. Las fake news, en cambio, vía la alteración del relato, buscan convertir la verdad en una cuestión ideológica, que deja de esta manera de ser objetiva y se convierte en lo que el creador de la noticia falsa quiere que los destinatarios de los mensajes crean.

Este tema ha alentado duras críticas en contra del monopolio de las compañías tecnológicas. Al respecto, Zuckerberg dijo al diario The Washington Post: “La gente se preocupa y yo también me preocupo profundamente por la erosión de la verdad. Al mismo tiempo, no creo que la gente quiera vivir en un mundo donde solo se pueden decir cosas que las compañías tecnológicas deciden que son cien por ciento verdaderas”

La mayor polémica a la que ha tenido que hacer frente Facebook durante los últimos años ocurrió en marzo de 2018 cuando se conoció que la consultora británica Cambridge Analytica utilizó una aplicación para recopilar millones de datos de internautas de la plataforma sin su consentimiento y con fines políticos.

Las redes sociales no solo se han convertido en el principal medio informativo para millones de personas en el mundo. Dice Octavio Islas, catedrático que encabeza el Proyecto Internet, que “en algunos países son uno de los más efectivos medios propagandísticos, inclusive relegando a un segundo plano a la televisión en materia de inversión destinada a publicidad política”.

Por ello, partidos políticos, candidatos a puestos de elección ciudadana y organizaciones cada vez destinan mayor cantidad de dinero a las redes sociales.

De acuerdo con la firma Bully Pulpit Interactive, dedicada a rastrear el gasto en publicidad digital, este año la campaña de reelección del presidente Donald Trump ha destinado alrededor de 9.6 millones en anuncios en Facebook.

Dice Islas que “en los anteriores comicios en la Unión Americana, celebrados el 8 de noviembre de 2016, las redes sociales observaron un papel central como medio propagandístico. Sin embargo, fueron muy objetadas debido a la proliferación de noticias falsas; además por la supuesta intervención de los servicios de inteligencia rusos”.

Facebook pretende crear un rastreador de gastos publicitarios de candidatos presidenciales que permitirá a los ciudadanos saber cuánto dinero han gastado los candidatos en publicidad en la red social. Afirma Octavio Islas y -agrega- “para combatir la proliferación de noticias falsas, incluirá una etiqueta para destacar contenidos dudosos, calificándolos como falsos o parcialmente falsos, con la ayuda de un verificador de hechos”.

Dice Zuckerberg que “dada la sensibilidad en torno a los anuncios políticos, he considerado si deberíamos dejar de permitirlos por completo, incluso si quisiéramos prohibirlos. No está claro dónde debemos trazar el límite. Hay muchos más anuncios sobre asuntos varios que los que hay directamente sobre las elecciones”, pero -reflexionó- “prohibir la propaganda electoral favorece a quienes ya ocupan un cargo público o a los candidatos que buscan la reelección. Hay problemas de cualquier forma si cortas esto. Deberían deberían equivocarse del lado de una mayor expresión”.

En consonancia con esta postura, Twitter anunció recientemente que dejará de aceptar publicidad política en su plataforma a nivel global, en respuesta a las crecientes críticas sobre desinformación por parte de los políticos en las redes sociales.

El director ejecutivo Jack Dorsey dijo en un tuit que la compañía tomó la decisión “para evitar potenciales problemas derivados de la mensajería automática, el aprendizaje profundo, la información engañosa y las deepfakes -técnica de inteligencia artificial que permite editar videos falsos de personas que aparentemente son reales”.