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Ganar como sea

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Desde que nacemos a cualquier ser humano nos deleita el dulce olor de la victoria.
Francisco San José, periodista deportivo con experiencia en investigación de mercados y mercadotecnia deportiva.

Al jugar con nuestros hijos, éstos disfrutan como nunca cuando derrotan al padre en un partido de futbol o al vencer a los hermanos a saltar más lejos, más alto o a mostrar las nuevas habilidades adquiridas.

Al crecer, mantenemos estas inclinaciones y entonces nos congratulamos por un triunfo de nuestro equipo favorito de futbol y nos emocionamos cuando un compatriota gana una medalla olímpica y vemos ondear la bandera en el mástil y escuchar el himno nacional.

Y es obvio, buscar la victoria se vuelve nuestro objetivo y queremos tenerla siempre cerca y en todos los aspectos. Obtener un mejor sueldo, trabajar en una mejor empresa, comprarse un mejor coche, vivir en un mejor lugar son aspiraciones inherentes a la condición humana.

Esto también acontece en el deporte. Un atleta se entrena diariamente en pos de bajar sus tiempos, anotar más goles, obtener más puntos, derrotar a más rivales y en general, conseguir metas más altas para sobresalir y crecer en el plano competitivo.

El problema viene cuando la búsqueda de la victoria se convierte en una obsesión y entonces se hacen cosas indebidas en pos de ella.

Aspectos como el doping, la manipulación de sorteos o resultados y el amaño de partidos son noticias que, de un tiempo para acá, lamentablemente empezamos a ver con mayor frecuencia reseñados en medios de comunicación y que de continuar con esa tendencia podrían volverse una constante.

Ello provoca un sentimiento ambivalente en los auspiciantes quienes por supuesto desean ver a sus deportistas levantando un trofeo en lo más alto del podio pero que pierden los nervios con facilidad cuando ven a sus patrocinados en las páginas de los periódicos en medio de escándalos.

Y entonces viene la disyuntiva: ¿quién es el culpable de todo esto?, ¿el deportista que cae en la tentación de realizar o aceptar acciones ilícitas en pos del triunfo o las marcas que quieren lograr la celebridad y la difusión de la misma que se refuerza considerablemente gracias a la victoria?

Por lo que valdría la pena caer en la consideración de si sólo la gloria robustece todos aquellos esfuerzos de branding que las empresas realizan.

¿LA VICTORIA
LO ES TODO?

El reciente escándalo de dopaje de la tenista rusa María Sharapova y el consiguiente retiro de varios de sus patrocinadores a consecuencia del anuncio realizado a principios de año, pone de manifiesto lo sensibles y hasta lo despiadadas que pueden llegar a ser las marcas auspiciantes.

Cierto, nadie quiere vivir con el desprestigio del escándalo pero tampoco se puede tirar a la basura la trayectoria de una atleta de élite que durante muchos años dio brillo a quienes parecían creer en ella y en su cúmulo de éxitos coleccionado con el transcurrir del tiempo.

Da la impresión de que las corporaciones que plasman su logo en un atuendo deportivo buscan insaciablemente saciar su hambre de notoriedad aun a costa de sus auspiciados y bajo ese mismo tenor están dispuestos a desecharlos, si éstos cometen un error y caen en alguna conducta ilícita.

Desde esa óptica y para no perder los ingresos que recaudan vía patrocinios, los deportistas necesitan seguir alimentando de éxitos a las marcas provocando que se pueda llegar a estas mismas situaciones que en principio se trata de evitar.

La tentación de doparse y que no se den cuenta es muy grande y más si sirve para ganar un partido decisivo, triunfar en un torneo u obtener una medalla olímpica. De esta manera se satisface a los patrocinadores actuales y se pone uno bajo los reflectores para que nuevos auspiciantes se incorporen.

Bajo esa perspectiva, la consecución de éxitos sin margen para la derrota parece ser la única opción que tienen los patrocinados para poder retornar monetariamente todos los esfuerzos realizados durante muchos años de carrera, misma que dura muy poco y que no está exenta de lesiones, accidentes y demás infortunios que pueden truncarla en forma temprana.

¿Acaso vale la pena, ganar como sea?

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