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Freud no estaba tan perdido

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Las teorías psicoanalíticas de Sigmund Freud, y en especial sus conceptos del ello, el yo y el superyó, son muy vigentes en estos tiempos. Dada su importancia para ayudarnos a entendernos integralmente como seres humanos, vale la pena revisar estas ideas fundamentales:

El ello es la parte primitiva, desorganizada e innata de la personalidad o, dicho en pocas palabras, el cavernícola que todos llevamos dentro. Comer, saciar el hambre y la sed, respirar, tener relaciones sexuales… todo esto nos permite mantenernos vivos y a salvo de los depredadores naturales. Según Freud, el ello es inconsciente y está presente desde que nacemos. Forma parte de nuestro comportamiento innato y determina la estructura de nuestra especie. Es imparable; si intentamos esconderlo, esconderemos la parte humana, orgánica, de nuestra naturaleza. Sí, el ello es también ese niño que fuimos y que vive en nosotros. Si lo matamos, nos iremos muriendo poco a poco conforme vamos creciendo.

El yo, en tanto, es una especie de puente individual. Es la autonomía de la realidad natural de cada persona, la oportunidad de elegir el camino propio, que recorremos con sentido personal a lo largo de la vida que nos pertenece. El yo es el elemento regulador entre el ello y el superyó. Lo definiría como una observación natural de cada pensamiento propio, junto con la diferenciación y la personalidad que nos hacen únicos y nos vinculan –o desvinculan– con los otros seres humanos.

El superyó es el pensamiento colectivo de todos y de nadie. Lo escuchamos todos los días a través de mensajes masivos. Esta fuerza colectiva constante nos dicta qué hacer y cómo deberían ser las cosas por el bien común. El superyó es un padre colectivo y moral que nos dice lo que está bien y lo que está mal. Nos censura y nos mete al orden público. Es algo así como el inconsciente colectivo, al que se suman las coyunturas mundiales y las conversaciones que más ruido hacen en los oídos de todos.

Entonces, ¿qué es el yo digital? Según mi experiencia, y con base en lo que he podido observar, es la presencia de la esfera digital en el ello, el yo y el superyó, determinados ahora por las redes sociales, los teléfonos inteligentes y los nuevos formatos y plataformas. Este contenido digital repercute en el comportamiento de quienes pensamos y respiramos todos los días en las sociedades actuales.

El yo digital es, al mismo tiempo y con la misma velocidad, colectivo e individual, consciente e inconsciente. Este nuevo movimiento, omnipresente en los tres componentes de nuestro aparato psíquico, es también un estilo de vida emergente, así como una forma de pensamiento con la que parecen nacer las nuevas generaciones. Los futuros ciudadanos serán también los nuevos apocalípticos e integrados que describiera Umberto Eco en 1965, es decir, quienes conciben a la cultura de masas como una anticultura y quienes la acogen con gran entusiasmo. La diferencia ahora es que lo apocalíptico y lo integrado estarán contenidos en la misma persona.

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