Entender al consumidor actual es todo un reto para las marcas y sus equipos estratégicos. Ahora no basta con conocer y reconocer sus necesidades para generar propuestas que intenten satisfacerlas; la exigencia ahora está enfocada a anticiparse a estos deseos, atenderlos de manera personalizada, de manera inmediata y a través de los canales que prefiera el consumidor.

Para las empresas esto supone pensar en modelos y estructuras de segmentación mucho más sofisticadas que permitan conocer con mayor precisión los diferentes nichos de mercado que existen así como sus características cada vez más particulares.

Aunque el grueso de las marcas trabajan para cumplir con éxito este objetivo, lo cierto es que son pocas aquellas que en verdad lo cumplen.

Si bien durante los últimos años las acciones en esta materia se han perfeccionado para optimizar los procesos de aprendizaje sobre el consumidor, también es una realidad que en términos generales que está información no ha representado para las empresas una solución completa o única a dicha necesidad.

Estas son parte de las conclusiones de un reporte firmado por Danaher, mismas que apuntan que sólo el 16 por ciento de los vendedores creen que son realmente sensibles a las necesidades de sus públicos meta.

Cuando este contexto se aterriza a la implementación de acciones publicitarias, las probabilidades de presentar acciones que antes de favorecer la relación entre marcas y consumidores, se conviertan en un punto de desacuerdo que de la irritación podría pasar al odio de una firma comercial.

Y es que aunque a primera vista podría pensarse que el elemento que mayor molestia genera entre las audiencias expuestas a contenidos publicitarios puede ser la apariencia visual, la ubicación dentro de una plataforma publicitaria, la duración o el manejo de contenido absurdo, lo cierto es que lo que realmente hace odiosa una acción de publicidad frente al usuario es algo más simple, pero a la vez complejo de gestionar y definir: la honestidad.

Cuando menos así lo concluye el estudio “How Brands Annoy Fans” elaborado por CMO Council, el cual detalla que una de las principales exigencias de las personas a las marcas es que hablen con la verdad. Ante la consulta sobre qué irrita más entre las formas de hacer marketing y publicidad de las organizaciones, la opción más elegida fue la de recibir publicidad engañosa (22.6 por ciento), seguido de anuncios “estúpidos” o “irritantes” (11.3 por ciento) o las promesas no cumplidas (11.2 por ciento).

Ser auténtico y honesto desde todas las aristas y con todo lo que esto implica será fundamental para impulsar el consumo a favor de los objetivos de cualquier marca. Hoy más que nunca las aspiraciones de compra de los consumidores estarán organizadas bajo este concepto, mismo que no se limitará a la originalidad de un bien o la certificación de un servicio. Las mercas tendrán que demostrar que son auténticas en lo que dicen, hacen y entregan en beneficio de las sociedades en la que operan.