El “Truman Show Syndrome”

 Por Alejandro Castañeda
Twitter: @elaprendiz55

¿Te ha pasado que cuándo caminas por las calle sospechas de ser observado?, inclusive ¿Filmado y… hasta retransmitido?

¿Has pensado alguna vez que tu vida es un reality donde tu cónyuge, hijos y amigos son actores pagados fungiendo como coprotagonistas en el guión de tu vida que, para colmo, es vista por miles de personas sin tu autorización? ¿Sospechas cuando, por la mañana, tu vecina te envía el mismo saludo siempre enmarcado por una sonrisa de blanca dentadura? ¿Has sospechado sobre el extraño hecho de que siempre coinciden al salir al trabajo y, lo blanco nieve de su dentadura? ¿Te has cachado acicalándote el peinado o maquillaje al pasar por una cámara urbana? ¿No? ¿Nada de esto te ha pasado? !Ah… Pues que bueno! ¡Te felicito!, estás sano, no sufres del síndrome del “Truman Show“.

Para aquellos que no han visto la cinta del año 98 actuada por Jim Carrey, ésta, narra la vida de Truman Burbank, un individuo habitante de una pequeña ciudad ajeno al hecho de que, desde el nacimiento, su vida ha sido una telenovela vista por millones de seres arrancando así (ficticiamente) el primer riality. Todos, menos Truman, son actores.

Sí como estudioso de los medios masivos y del mercadeo mediático que eres, no habías cavilado sobre como el incremento exponencial de los fenómenos de realidad grabada (y retransmitida digitalmente), aunado a las redes sociales habría de tener efectos en nuestras vidas, no habías hecho la tarea. Y, si la has hecho, seguramente habrás notado el feroz advenimiento de la vigilancia urbana vía la proliferación de cámaras y los recientemente descubiertos -aunque sospechados- espionajes gubernamentales de “todo los que es internet” percatándote del como estos fenómenos han cambiado la vida de muchos. Seguro habrás reparado como el mundo se ha vuelto un “foro de TV”.

La manera en que planeamos e invertimos en medios y contenidos, no puede estar ajena a esta realidad. El poder del “Quinto Poder” asociado al internet y la vigilancia del “hermano mayor”… es intoxicante. Ya desde mis años como ejecutivo de una empresa de televisión, observaba fascinado como las secretarias se presentaban a laborar engalanados con accesorios y vestimenta ¡muy por encima! de los requerimientos de su actividad laboral. Sospechaba entonces que una secretaria, de cualquier institución de gobierno, seguramente no vestiría igual. Sin saber, vislumbraba ya el… “Truman Show Syndrome”,

Ivan y Joel Gold, psiquiatras de Montreal, acuñaron el termino (un especie de delirio de persecución) al recibir, cada vez con mayor frecuencia, pacientes entre 25 y 34 años que manifestaban creerse perseguidos y centros de atención mediática. Seguros estaban estos pacientes de ser parte de una conspiración donde sus familiares y amigos habían sido cambiados por actores. Uno de ellos declaró haber querido trepar la estatua de la libertad para huir del “set” a través del cielo falso que cubría su ciudad.

Desde el nacimiento de “Big Brother” hasta las Kardashians y la Hilton. De los reality de “Ozzy Osbourne y Gene Simmons, hasta las “Real Housewives of O C”, la percepción de nuestra realidad y entorno se ha transformado confundiendo espectador con actor. Como le pasara a “Cecilia” (Mía Farrow) en el film “La rosa púrpura del Cairo” de Woody Allen. Ahora, la audiencia televisiva se ha convertido, por un lado, en una bestia devoradora de contenidos basados en la verdad exigiendo, cada vez mas, “realismo sobre ficción” y, por otro, en una audiencia lista para dejar “el rol” de espectadora convirtiéndose en actriz de su propia realidad.

¿Qué, desde nuestras trincheras podemos aportar para mitigar y/o conducir este insaciable apetito y fascinación? ¿Cómo podemos obtener beneficios sin causar destrozos? ¿Debemos actuar o simplemente observar? ¿Qué surgirá comercialmente de todo esto? ¿Cómo cambiaran los hábitos de consumo, si es que no lo hicieron ya?

No lo sé a ciencia cierta, lo único que se es que cualquier cosa que diga puede ser grabada y retransmitida volviéndose podcast y, no vaya a pasar que, de repente, den de baja a mi personaje y deje de existir en el siguiente capítulo de mi vida.

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