¿Es eficaz la reacción de boicotear empresas estadounidenses?

Ante la crisis diplomática a la que nos estamos enfrentando con la llegada al poder del presidente estadounidense Donald Trump y una tensión que no se había protagonizado desde la segunda guerra mundial, han hecho hablar a una multitud de voces que buscan proponer una solución para que el país salga lo menos dañado posible, y en cambio esta situación se conciba como una oportunidad de renovarnos bajo un cambio favorable.

Al respecto, una de las propuestas que se repite con más frecuencia entre líderes de opinión y ciudadanos en charlas de café y discusiones en redes sociales, es la de un determinante boicot hacia cualquier empresa estadounidense que tenga participación en nuestro país.

Podemos decir que la actual situación de alerta colectiva no se puede comparar con las crisis económicas que nos han azotado en años anteriores (1976, 1994, 2008), derivadas del desfavorable actuar de las autoridades federales y en los casos más recientes, del entorno internacional. En este caso, la crisis desencadenada por el gobierno estadounidense es provocada deliberadamente, con un enemigo que tiene rostro y ataca de manera frontal y vorazmente; cuyo blanco expresamente es México.

Ante una situación como esta, el coraje que sólo un mexicano es capaz de manifestar se materializa en una inventiva capaz de generar ideas notables, pero junto con estas van otras que, aunque parecieran buenas iniciativas, son inviables en términos económicos, políticos y hasta sociales.

La propuesta de boicotear a las empresas provenientes de la unión americana puede sonar justa y aleccionadora para un país que nos tiene apretados del cuello, pero quizá no se encuentre entre las tácticas más efectivas para defender nuestra dignidad.

Para Carlos Slim, quien ofreció una extensa conferencia de prensa el viernes pasado (una práctica poco vista en él, que no suele tener muchas apariciones en público), la medida del boicot no resulta favorable en el escenario que estamos viviendo, pues las empresas norteamericanas han llegado para invertir y generar empleos en México, por lo cual sería un error dejar de consumir sus productos o servicios, ya que estaríamos afectando directamente a los trabajadores mexicanos y el equilibrio económico empresarial.

En lugar de eso, el dueño de Grupo Carso aconsejó tener preferencia por lo producido en nuestro país, una idea ampliamente propuesta en nuestra sociedad que -en un reciente ejercicio de autocrítica- se ha dado cuenta del excesivo consumo de la oferta extranjera y del desdén de la nacional.

En el sistema neoliberal en el que nos hemos desarrollado como país, abiertos ampliamente a ser permeados por cualquier influencia derivada de un mundo globalizado, una medida como la que invita a no consumir marcas norteamericanas no sólo sería inútil, sino incluso perjudicial para nuestra ya de por sí frágil economía. Basta con recordar que muchas de las empresas extranjeras operan aquí mediante el esquema de franquicias; son mexicanos los dueños de esas empresas y son negocios necesarios para generar empleos y un movimiento económico favorable para varios sectores.

Es el caso de Starbucks, firma de origen estadounidense que tuvo que reaccionar ante la campaña negativa implementada en redes sociales, donde se llamaba a no consumir sus productos. La marca tuvo que recordar que la operadora de la cadena es una empresa mexicana que “del 2002 a la fecha ha invertido cinco mil millones de pesos y genera siete mil empleos en el país”.

Además, es importante subrayar que los procesos de las compañías de origen extranjero involucran a más del 70 por ciento de proveeduría de origen mexicano, con los beneficios recaudatorios que todo esto representa para el país.

Pocas veces hemos experimentado un entorno que por su naturaleza haya sido suficiente para darnos una buena sacudida, al grado de provocar un inédito espíritu de unión y colaboración entre todos los sectores de la sociedad, sin embargo, aún no tenemos claro el rumbo que deberán tomar nuestros esfuerzos y qué o quién será el encargado de aglutinarlos y focalizarlos para que tengan resultados a nuestro favor.

Las agallas están presentes, así como el talento y la creatividad. Sería fácil decir que como mexicanos, hemos sabido sortear duras y amenazantes crisis, (aunque la realidad es que hemos vivido sumergidos en una crisis permanente en la que sólo nuestra determinación nos ha valido para mantenernos siempre a flote). Por ello, el boicot no es el camino, pero sí la solidaridad que hará que nos demos la mano entre todos, y esa mano incluye consumir lo que nosotros mismos ideamos, producimos y comercializamos.