Diez consejos para convertir el FOMO en JOMO

El FOMO es considerado un nuevo tipo de trastorno de ansiedad asociado al miedo de no estar al tanto de todo lo que pasa. Esto se puede reflejar tanto en los eventos sociales, en los programas de la “vida nocturna” o en las redes sociales o aplicaciones como el WhatsApp.

FOMO son las siglas de la expresión en inglés fear of missing out, que traducido al español significa “miedo de perderse algún acontecimiento”. Es una expresión que se refiere a la sensación constante de que fiestas, eventos y/o noticias pueden estar aconteciendo sin que la persona esté presente o se entere. Es por ello que necesita imperiosamente asistir a ellas o poner mucha atención; o tendrá la sensación de que se perderá de algo que no querrá perderse.

Hoy en día, el FOMO en las plataformas virtuales trae como consecuencia la adicción a Internet o Nomofobia, otro trastorno nacido en esta era tecnológica, al cual ya nos hemos referido en este mismo espacio.

Según Eva Salabert, periodista experta en salud, “el universo virtual que se ha convertido en una extensión inevitable de la vida real de muchas personas. Los que sufren este nuevo síndrome necesitan estar permanentemente conectados a Internet, y consultar compulsivamente las redes, el correo electrónico o el WhatsApp, por temor a no enterarse de cualquier cosa que suceda en su entorno, a quedar excluido de algún evento o, lo que es peor, a que otras personas puedan estar haciendo cosas más interesantes o divertidas”.

El deseo de enterarse de las vidas ajenas y contar la propia a los demás –el exhibicionismo o deseo de protagonismo– no son una novedad, la diferencia está en que las nuevas tecnologías nos proporcionan los medios necesarios para hacerlo de forma inmediata, y con imágenes que ilustran lo que queremos contar. Redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram permiten que cualquiera pueda comparar su vida con las de muchos otros en tiempo real.

Este “miedo”, en palabras de la psicóloga Judith Viudes, incita a “tener que decir sí a todo lo que surja aunque no apetezca y mostrar al mundo lo ‘interesante’ que puede llegar a ser nuestra vida en comparación con la de los demás. Es esconderse detrás de una fachada repleta de selfies en fiestas, viajes, rodeados de amigos, comidas sanas y ricas, triunfos académicos o deportivos, un amor romántico y perfecto, etc.”. De esta manera provoca que vivamos una realidad en la que en el fondo no apetece en absoluto experimentar todo aquello y lo hacemos por el hecho de querer agradar al resto y sentirnos incluidos dentro de la sociedad.

El problema surge cuando la desconexión genera angustia y, al compararse con los demás, el individuo se llega a cuestionar incluso sus propias elecciones. Por ejemplo, dice Viudes, “cuando una persona desea pasar la tarde del sábado en casa viendo una película o un partido de fútbol mientras saborea unas palomitas y un refresco, y cuando un mensaje en el móvil le revela que unos amigos han quedado para ir a una fiesta, comienza a sentir ansiedad aunque no le apetezca en absoluto asistir, y ya no disfruta de su plan porque no puede dejar de pensar que ellos lo van a pasar mucho mejor”.

Si consideras que has padecido FOMO en alguna ocasión o durante un tiempo, no significa necesariamente que seas adicto a Internet, pero el uso inadecuado de las nuevas tecnologías puede generar una dependencia de la red que es conveniente prevenir.

La página webconsultas.com publica algunos consejos para prevenir el FOMO

Establece prioridades. Recuerda que la cantidad de información que eres capaz de manejar es limitada y céntrate en las personas y los datos que realmente te interesan o te puedan ser útiles.

Dosifica tu presencia en las redes. Así evitarás ser el cansino del grupo, y mejorarás tu imagen y tu reputación online.

Pasa a la acción. Si estás permanentemente conectado por miedo a lo que te puedes perder, lo que de verdad te estás perdiendo es la vida. En vez de mirar lo que hacen los demás, y dedicar tu tiempo de ocio a fotografiar, grabar, y publicar tus actividades, disfruta de las buenas experiencias y compártelas con los que te importan.

Aprovecha las redes para enriquecer tu vida social, recuperar el contacto con antiguos amigos o compañeros de estudios o de trabajo, conocer personas con aficiones comunes, mantener el contacto con seres queridos que viven lejos…, y no para aislarte en un gueto cibernético.

Analiza y reflexiona. ¿De verdad crees que los que están siempre actualizando su estado y colgando fotos en las redes se lo pasan mejor que tú?

Planifica tu ocio, y dedica tiempo a descansar, a no hacer nada, a estar con tu familia y amigos, a practicar tus aficiones…

Realiza ejercicio y actividades al aire libre. Es sano, es divertido, y favorece la desconexión.

Fomenta el lenguaje verbal manteniendo conversaciones frecuentes, en persona o por teléfono. El tono de voz y los gestos son insustituibles a la hora de transmitir emociones.

Limita el tiempo de conexión diaria. Establece un tiempo máximo cada día –10 o 15 minutos– para acceder a las redes y responder a las actualizaciones de estado. Si alguien quiere hacer contacto contigo tiene otras formas de hacerlo.

Cambia de vida. Puede que sufras FOMO porque no te gusta la vida que llevas; es hora de que te preguntes qué es lo que va mal y qué puedes hacer para cambiarlo.

Silvia Ruiz de la Prada, en una colaboración para Harpersbazaar, sostiene que es posible cambiar el FOMO por el JOMO (Joy Of Missing Out), que se refiere al placer de perderse las cosas. “Es quedarte viendo Netflix, con una pizza y una cerveza un viernes por la noche mientras tus amigos o compañeros de trabajo han ido a probar el restaurante de moda de la temporada. O puede que sea al revés, puede que salgas a cenar a ese restaurante mientras roomie te ha sugerido quedarte en casa sin hacer nada”

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