Cuando los influencers se convierten en generadores de marcas

Con la democratización de las redes sociales, el concepto de líder de opinión evolucionó, y pasó de ser una figura inalcanzable que se veía en la televisión y que nos compartía su punto de vista sobre determinado tema, a ser personas comunes, cercanas a la mayoría de nosotros y que dan una opinión muy real, orgánica, sobre un producto, servicio o incluso, sobre una temática de interés general.

Para los profesionales de la mercadotecnia y las relaciones públicas, este cambio de paradigma no pasó desapercibido y de pronto empezamos a desarrollar estrategias que buscaban exponer los beneficios de nuestras marcas a esos nuevos influencers, para que se convirtieran en nuestros embajadores y de esta manera pudiéramos llegar a nuestro público objetivo de una manera más rápida y asertiva.

Como toda nueva tendencia, esto también ha evolucionado y se ha convertido en un negocio. Aunque la mayoría de los bloggers, youtubers, foodies, booktubers, instagramers, tweetstars y demás especializaciones que han surgido de los influencers digitales intentan mantener una esencia, lo cierto es que no debemos olvidar que esto es un oficio, y quienes se dedican a ello deben obtener algún tipo de beneficio económico para subsistir y seguir con su labor.

Si bien la parte económica de esta interacción no es precisamente un secreto, los fans aceptan la comercialización siempre y cuando sea discreta y sepa integrarse de una manera natural a la dinámica que suele implementar este líder de opinión digital.
¿Pero qué sucede cuando el influencer decide crear su propia marca?

Recientemente la bloggera Yuya, quien saltó a la fama por sus tutoriales de maquillaje y que es hoy una de las influencers más consolidadas de Latinoamérica –con 52 millones de suscriptores en la región y más de 500 videos producidos, anunció la creación de su propia línea de maquillaje, la cual, según afirmó en sus redes sociales, ha sido uno de sus sueños desde que era una niña.

Con más de siete años relacionándose muy de cerca con las mujeres millennials, Yuya sabe que esta generación busca marcas con propósito, por lo que la promoción de sus productos se sustenta en que son fabricados en su país de origen, México, y en que son libres de crueldad animal.

Definitivamente auguro un nuevo éxito para la bloggera mexicana, quien ha sabido crear un vínculo fuerte con sus “guapuras” y aprovechar su fama para generar una industria alrededor de ella, pero surge la duda sobre la nueva evolución que tendrán los influencers al dejar de ser embajadores de una marca y convertirse en los fundadores de éstas.

Desde mi análisis, considero que la creación de productos a partir de la fama de un líder de opinión digital consolidado es la tendencia que reinará en los próximos años. Es una evolución natural, la manera en que este experto logrará plasmar todo lo que ha aprendido en cuanto a calidad de productos y servicios, y a las necesidades no atendidas de los públicos objetivos.

Sin embargo, sus seguidores exigirán un compromiso real con esta nueva marca. Los consumidores actuales ya no pueden ser engañados, saben perfectamente cómo es que funcionan los intereses comerciales, y si llegan a identificar que las marcas generadas por influencers sólo están sustentadas por su fama y no por un involucramiento real, las consecuencias serán el fracaso comercial de esos nuevos productos y el desprestigio para quien luchó por muchos años para tener credibilidad.