Creatividad y adaptación ahora mismo

El horno no está para bollos.

Así es. Parece que todo lo que estamos viendo y escuchando en los medios tiene un tono pesimista o no muy halagador.

Desde los últimos días del año pasado y lo que llevamos de este 2017, hemos recibido noticias que tienen que ver con el descontento de la gente, con el temor que se tiene al próximo presidente de nuestro vecino del norte, con las equivocadas declaraciones de algunos de nuestros dirigentes y de personajes políticos; la locura del dólar subiendo cada vez que Trump da un paso; las acciones de austeridad propuestas por el gobierno frente al “gasolinazo” y todas las dudas que giran alrededor de las manifestaciones en contra, echándose la bolita entre partidos, oportunistas y criminales; el aviso y la llegada, poco a poco, del aumento de los precios; la reversa que aplican, y aplicarán, empresas estadounidenses al ser amenazadas de recibir un castigo si invierten en México; entre muchos otros temas y noticias.

Y todavía no llegamos ni a la mitad de enero.

Aquí lo que me pone a pensar un poco en lo que viene, es el papel que tomará la mezcla de mercadotecnia, publicidad y medios frente a este ambiente tan revuelto. Aparte, pensar también en la manera en la que se verá afectada la industria de cada una de estas actividades.

No podríamos hacer un análisis separado de cada una de ellas. Ahora más que nunca, están íntimamente relacionadas y lo que afecta a una afecta a las demás.

Si tomamos el lado pesimista del asunto, podría decir que el futuro inmediato pinta muy mal para toda la industria. Si hay problemas económicos, en donde la gente no tiene los recursos económicos al parejo del aumento de los costos para (sobre)vivir, si disminuye la inversión privada, si hay restricciones en los gastos de comunicación social para las dependencias de Gobierno, si no hay la suficiente confianza o, inclusive, los recursos económicos para invertirlos en publicidad y buscan dirigir su presupuesto, erróneamente, hacia otras acciones, entre muchos otros problemas económicos y de incertidumbre social; agencias y medios se verán en serios problemas.

Pero si tomamos el otro lado de la moneda, nos daremos cuenta que ahora es un momento de oportunidad para promover productos y servicios, sobre todo los que son de producción nacional y darle impulso a las PyMES que poco a poco se van convirtiendo en la base de fuentes de trabajo. Lento, pero seguro.

Buen momento para que la creatividad de cada uno de los que intervienen como agencia, medio, producción, etcétera, generen nuevas ideas y formas para que la crisis pase arriba de nosotros, sin que nos pegue de forma letal.

Escondamos la cabeza como los avestruces, pero no con la idea del extendido mito que lo hace bajo tierra para huir de una situación peligrosa o por no enfrentarse a un problema. De acuerdo a sabercurioso.es, lo que hacen es “bajar su cabeza a ras de suelo para ocultar su cuello y confundir a los depredadores que no pueden distinguir la cabeza de su posible presa desde la distancia”.

Lo usan “como mecanismo de defensa o protección”. Aprendamos del avestruz. Este animal pertenece al grupo de aves corredoras que no pueden volar y ha tenido que adaptarse a la vida terrestre. Ahí está la clave: la adaptación.

Debemos adaptarnos a la situación y sacar provecho de ella. Busquemos campos de oportunidad comercial que no han sido explorados y generemos modelos de negocio diferentes, que no busquen solamente el beneficio económico inmediato, sino que hagan sinergia con las necesidades de la gente, tanto sociales como ecológicas, de conciencia y valor humano. Este tipo de acciones, a mediano plazo, traerá los beneficios económicos que toda empresa quiere, pero sin olvidar el lado humano que es tan necesario en un momento de crisis como el actual.

Seamos resilientes para superar este momento adverso y usemos la creatividad, que para eso nacimos todos con ella. Permanezcamos centrados en esta situación de crisis para que no tengamos que preguntar a los demás qué hubieran hecho. Hagámoslo nosotros mismos desde nuestra “trinchera”. Sin esconder la cabeza, solo bajémosla un poquito para pensar bien y crear mejor.