COVID-19 en México: ¿realmente ya entendimos el problema?

Si el coronavirus nos ha enseñado algo es que, aunque vivimos en un mundo globalizado, las realidades entre las naciones siguen siendo distintas y hasta dispares en muchas ocasiones. Ante la emergencia sanitaria, cada país ha desarrollado una solución para su contexto. En esta crisis no existen soluciones universales.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido públicamente a México por sus estrategias para combatir la propagación del COVID-19. ¿Pero entonces por qué tantos mexicanos tienen la percepción de que las cosas se están haciendo mal?

Todo reside en un problema de comunicación. Si bien las explicaciones y posturas del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, han sido atinadas en los últimos días, el gobierno federal no ha logrado cuajar una comunicación conjunta que haga sentir segura a la sociedad civil.

Mientras López-Gatell explica con profesionalismo y objetividad las curvas del contagio, mientras ofrece estadísticas y es claro y enfático en cada uno de sus mensajes, el presidente Andrés Manuel López Obrador continúa en su burbuja. Una donde el COVID-19 es apenas poco más que un resfriado.

Mientras la Secretaría de Salud diseña personajes como “Susana Distancia” para concientizar de manera sencilla y lúdica a la población, el presidente reparte abrazos por doquier y besa niñas en actos públicos.

No hay congruencia entre los mensajes que se difunden y las acciones que se toman. Ahora que la fase 3 es inevitable, el aparato de comunicación social del gobierno federal debería tejer una estrategia de comunicación eficaz, clara y contundente. Gran ejemplo fue el que dio López-Gatell al repetir tres veces “Quédate en tu casa”. La retórica, sin embargo, pierde su valor en la medida en la que se contradice con la realidad. La credibilidad es una regla de oro en cualquier tipo de comunicación, ya sea interpersonal, corporativa, digital o gubernamental. Nunca lo perdamos de vista.

Quienes lo han hecho de manera casi perfecta —en términos de comunicación— han sido los canadienses. El primer ministro Justin Trudeau siempre se ha caracterizado por la claridad y la congruencia de sus mensajes y sus acciones. Y aunque Canadá haya tomado medidas que para muchos se consideran extremas, como el cierre de fronteras, el gobierno de Trudeau ha pedido no militarizar la frontera con Estados Unidos. ¿Por qué? Porque Canadá es un país que se ha formado de viajeros, de inmigrantes. Porque Canadá, aun en plena contingencia, no puede dejar de ser Canadá. No puede su valor como país solidario. Canadá cuida a sus ciudadanos al tiempo que les recuerda a dónde pertenecen.

Otros países de los que todos debiéramos tomar el ejemplo son Corea del Sur, Vietnam y Taiwán. Más de 800 mil personas están infectadas de COVID-19, pero en estos países los contagios han sido minúsculos pese a estar cerca de China, el país donde se originó el virus. Mientras España o Italia sólo observaron, estas naciones adoptaron medidas series, incluso agresivas. Y eso sí, siempre acompañadas de una comunicación clara de parte de sus respectivos gobiernos.

El gobierno surcoreano, por ejemplo, lanzó campañas informativas entre toda su población para que la gente se hiciera pruebas gratuitas de COVID-19 en cabinas telefónicas que se instalaron por doquier.

El caso Taiwán también es admirable. Esta pequeña nación de apenas 130 millones de kilómetros cuadrados tenía todas las condiciones geográficas para ser un caldero de contagios. Pero no sucedió. Hasta el 30 de marzo sólo registra 252 casos, 740 menos que en México, a donde el virus llegó mucho más tarde.

Los taiwaneses crearon un centro de comando de comunicación eficaz y veloz en dos ejes: gobierno federal-gobiernos locales y gobiernos locales-sociedad civil. Allá no hay mañaneras, pero sí campañas de difusión y medidas rigurosas como controles fronterizos y cuarentenas forzosas.

En México las cosas no van del todo mal, pero podrían ir peores, mucho peores. Jean Marc Gabastou, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), aseguró que el país “tiene establecimientos, tecnología de muy alta calidad y personal muy preparado. La capacidad de reacción fue inmediata, tiene uno de los laboratorios de más calidad en la región y en el mundo, y fue el primer país en implementar el algoritmo para el diagnóstico completo. Capacidad tiene, es cuestión de organización y reorganización en los servicios ante una situación como esta y es ahí donde vamos a ver cómo responde al escenario 3 en las semanas que vienen”.

Estamos frente a una crisis sanitaria que derivará en recesión mundial. Hoy más que nunca el “Estado de bienestar” depende de qué tan juntos jalemos el barco y qué tan capaces seamos de poder comunicar nuestras necesidades.

SUSCRÍBETE AL CONTENIDO PREMIUM POR TAN SÓLO $299