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“Conocer el mañana”, fundamental para la estrategia organizacional

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Una herramienta fundamental para los comunicadores de hoy es la Prospectiva. Con ella pueden dar a conocer a la alta dirección de la empresa las características del entorno.

Si Larry Brillant, el epidemiólogo que “predijo” la pandemia de Covid-19 hace 14 años o Abhigya Anand,  el niño indio de 14 años quien hizo lo propio en agosto de 2019 hubieran sido escuchados, la historia de la pandemia habría sido diferente. Esto es una mera especulación, pero sin duda sería de utilidad conocer los acontecimientos que irremediablemente ocurrirán, para predecir con algún grado de certidumbre las consecuencias que acarrearían.

Los estrategas se adelantan a los acontecimientos con el fin de prever escenarios que ocurrirán, con algún grado de certidumbre, y se preparan para enfrentarlos. 

Los comunicadores de hoy y del futuro ya no son simples operadores. El estratecom, evolución del Dircom, como propone el académico Octavio Islas, es un alto directivo que participa en la estrategia organizacional, como experto en comunicación y en conocimiento de las audiencias. Este conocimiento del entorno pasado, presente y futuro es de gran utilidad para que las empresas o instituciones se adelanten a las circunstancias y sean exitosas en un contexto caracterizado por el cambio constante.

Una herramienta fundamental para los comunicadores de hoy es la Prospectiva. Con ella pueden dar a conocer a la alta dirección de la empresa las características del entorno y  los escenarios a los que hipotéticamente se enfrentará, como ¿cuál será la tendencia en lo que a prestaciones para el personal se refiere?, ¿cómo evolucionaran los asuntos críticos para la empresa y para la humanidad?, ¿qué tanto propiciará u obstaculizarán las políticas públicas la actividad de las empresas?, ¿cómo cambiarán el clima laboral en las organizaciones las nuevas tecnologías de información y comunicación?, ¿qué tanto incidirá la comunidad en las decisiones de las empresas?

La Prospectiva es la ciencia que estudia el futuro para comprenderlo y poder influir en él. Aunque de hecho es, paradójicamente, una ciencia sin objeto que se mueve entre la necesidad de predecir lo que puede ocurrir y el deseo de incidir para un mejor futuro posible. Aunque el devenir no puede predecirse con exactitud, si podemos imaginar nuestro mañana preferido. 

El mañana preferido no se dará solo. Si bien el futuro está lleno de variables y de elementos exógenos no controlables por la empresa o institución, hay algunos que pueden gestarse a partir de acciones consistentes o bien modificar la evolución de algunos acontecimientos con una acción oportuna y consistente, a veces propia, a veces aglutinadora de esfuerzos de varias instancias.

Algunos se preguntan si la Prospectiva es una ciencia. Sobre ello no hay consenso. ¿Cómo puede existir una ciencia que no tiene objeto? Para muchos la respuesta es simple: no puede, el futuro no existe, y por definición no puede existir, ya que en el momento en que se concreta deja de serlo. El futuro es un concepto mental, una constructo social (algunas culturas carecen de sustantivo para él), por tanto, la prospectiva puede aspirar a ser una disciplina humanística, como la filosofía, por ejemplo, pero no una ciencia. Todo esto es cierto, pero se pueden hacer ciertas matizaciones. En primer lugar, esta crítica que se hace a la prospectiva se puede extender a la mayoría de las ciencias sociales. La economía, con toda su tradición y peso académico y profesional, tendría problemas para pasar un examen estricto de su objeto. Al fin y al cabo, ¿qué es la economía?, ¿existe realmente la economía más allá de la teoría? La ciencia política, a pesar de su nombre, tiene un objeto que resulta, cuando menos, nebuloso. Si tomamos la historia hemos de aceptar que su objeto, el pasado, tampoco existe, y eso no es impedimento para que se estudie; la historia analiza documentos, restos y registros que han llegado hasta hoy, pero no el pasado en sí. Vemos, pues, que el criterio del objeto no puede ser determinante. 

Para zanjar el asunto de la cientificidad se puede decir que, si bien la prospectiva carece de objeto real, sí dispone de pseudo objetos que le permiten emprender el estudio de los futuros posibles con el rigor y la sistemática que se suponen en la ciencia. 

La prospectiva es de gran utilidad, por ejemplo, para la planeación de las relaciones con el gobierno, para determinar hacia dónde debe orientarse el portafolios de productos, para orientar las actividades de cabildeo y para predecir las expectativas del personal hacia las empresas, entre otras muchas cosas.

En este mundo de cambios acelerados, el interés en el futuro y la prospectiva se acrecienta. Uno sospecha que este principio de milenio puede que persiga en la prospectiva lo que buscó en la religión, y que los prospectivistas se conviertan en profetas que ofrecen certezas contingentes y dudas sistemáticas. Sin embargo, es innegable que esta disciplina o ciencia es un valioso auxiliar para el comunicador o el relacionista, quienes son la conciencia de las organizaciones, y gracias a ella tienen los elementos para orientar en la toma de decisiones de mediano y largo plazo a la alta dirección, para evitar problemas inminentes o aprovechar oportunidades que otros no ven.

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