¿Cómo decidirán los estudios qué películas se estrenarán online?

Ante un contexto donde las salas de cines están cerradas, los estudios han perdido a su principal medio de distribución y, por ende, han visto su modelo de negocio gravemente en riesgo.

Los estimados sugieren que las salas de cine podrían reabrirse a nivel mundial entre julio y agosto. Ello representa al menos un par de meses sin estrenos y un reacomodo en la agenda que ya tiene repercusiones hasta 2022.

Semanalmente al menos se estrenan dos películas, hay veces que el número puede llegar a los seis, incluso un poco más. Entonces, si el promedio fuera de cuatro, al menos treinta y dos filmes se quedaron “flotando” y en espera de llegar a las salas.

El número es retador, máxime si se considera, por un lado, que se dio en vísperas del verano, el periodo de mayor recaudación, y, por otro, que la industria del cine es de las que trabaja con mayor anticipación; aquello que se produce en estos momentos se verá el siguiente año (hay estudios con proyectos anunciados hasta 2022).

Entonces, el retraso ha dejado a los estudios con un par retos: 1) reagendar las fechas de estreno, 2) resolver la nulidad de ingresos por consumo en salas bajo otros esquemas. La mezcla, aunada a la demanda de contenidos (y el efecto dominó que tiene citado reacomodo), ha hecho inevitable que los estudios exploren dos alternativas: el streaming y/o el pago por evento. 

La opción del streaming, agregando el estreno como una novedad, cumplirá la opción de mantener a los usuarios y, con suerte, de atraer a nuevos. En tiempos de “guerra” de plataformas es una herramienta más para competir.

Ahora, esta alternativa le puede ayudar al estudio a recuperar al licenciar el producto (el modelo más usual) por un tiempo determinado o bien a tener un porcentaje por el número de vistas que haya tenido (menos popular, más aún cuando hay plataformas que no revelan, al menos públicamente, dicha información).

Ahora bien, la cuestión está, para definir entre este modelo o el otro, en el costo de producción de la película y las proyecciones que de sus ingresos en taquilla se hayan hecho.

Por ejemplo, Disney prácticamente le ha dado nuevas fechas a sus estrenos más esperados y ambiciosos (“Mulán” y “Black Widow”), pero ha dejado otros indefinidos (“The New Mutants”) y a otros más, aunque sin fecha específica, los ha destinado a Disney+ (“Artemis Fowl”).

Títulos como “Unidos”, lo más reciente de Pixar y que apenas tuvo un par de semanas en las salas internacionales, ya pueden encontrarse en algunas alternativas de streaming o en pago por evento. Este segundo modelo puede representar una alternativa atractiva para los estudios si se manejan de forma adecuada sus variables.

En EE.UU. el costo promedio de un boleto es de 12 dólares; la “compra” de la película para ver en línea varía de los 30 a los 50 dólares. Sí, el costo es casi tres veces mayor, pero mucho más atractivo para quienes asisten en familia o grupo al cine.

Una familia de tres, se estaría ahorrando, en el rango menor, seis dólares, sin contar todos los otros gastos asociados (comida, estacionamiento u otros) y con la posibilidad de repetir la película cuantas veces quieran o puedan durante el tiempo estipulado (regularmente de 24 a 48 hrs.).

Considerado lo anterior, los estudios evalúan las posibilidades de sus producciones ante un nuevo calendario y minimizan los riesgos. Es claro que títulos como “Rápidos y furiosos 9”, “Mulán” o “Wonder Woman 1984”, todas con presupuestos que superan los cien millones de dólares y entre los estrenos más esperados de 2020, tiene un público cautivo que las esperará “un poco más”; las proyecciones sugieren que todas podrían superar el billón en taquilla.

Las expectativas son distintas para “Artemis Fowl”, por ejemplo. Es una adaptación de un bestseller que ha despertado poco interés y aún con un presupuesto de 125 millones de dólares, el esquema adecuado para explotarla en otros canales podría hacer menos riesgoso su estreno en salas.

Esta nueva mecánica posibilitará a los estudios para hacer llegar antes, como ya ha sucedido con muchos títulos (“El hombre invisible”, que aún estaba en salas, por citar una), títulos online, modificando con ella la venta de al menos 90 días entre el estreno en salas y otros canales de distribución.

El cambio hará inevitable una reconfiguración, aún por configurarse, entre la relación de estudios, salas de cine y plataformas. Mientras tanto, es tiempo de determinar qué puede “sacrificarse” y llegar a la comodidad del hogar y qué bien vale la pena que se ve, con luces apagadas, en la pantalla grande.

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