• Para 2018, Clorox obtuvo ingresos globales por seis mil 120 millones de dólares

  • Greenberg recibió amplias críticas por sus métodos antiéticos al realizar la serie de fotografías End Times

  • La música es una de las más afectadas por el copyright, donde más de la mitad de los infractores son de 16-24 años

Los derechos de autor son un tema complejo, pero que es cada vez más recurrente. En Europa, a finales de marzo, se aprobó la Copyright Directive, que responsabiliza a las plataformas digitales de las violaciones de sus usuarios. Incluso en Norteamérica es relevante, pues este concepto es una parte fundamental del nuevo tratado de libre comercio. Y por supuesto, día con día surgen nuevos conflictos legales por presuntas violaciones.

Uno de estos incidentes está siendo protagonizado por Clorox y su agencia de publicidad McGarryBowen. Jill Greenberg, una de las fotógrafas más reconocidas del mundo, ha acusado a ambas compañías de violar los derechos de autor en una de sus obras. De acuerdo con la artista, se utilizó una sesión de fotografías de gatos para fines más allá de lo acordado. De esta forma, se habría violado conscientemente el copyright de su trabajo intelectual.

De acuerdo con AdAge, la fotógrafa firmó un contrato con McGarryBowen para tomar cinco fotografías de gatos. Estas obras podían utilizarse en anuncios print, Out-Of-Home, empaques de productos y espectaculares en retail por dos años. Su uso en video, así como en otros entornos, estaba excluido del acuerdo de copyright. Sin embargo, Clorox colocó las imágenes en galerías de arte, venta de mercancía y contenidos multimedia para TV y redes sociales.

Hasta en casos de copyright hay tipos

No solamente Clorox ha sido acusada de ser demasiado flexible con el copyright de los artistas. El año pasado, el fotógrafo Jacobus Rentmeester acusó a Nike de robarse la idea de una de sus obras para su famoso logo Jumpman. Aunque el caso fue resuelto a favor de la marca el año pasado, el artista apeló la decisión a la Corte de Estados Unidos. Sin embargo, la solicitud fue desechada en marzo pasado.

Sin embargo, las controversias de Rentmeester y Greenberg parecen ser muy distintas. En el primer caso, el fotógrafo apuntaba que la imagen, aunque diferente, era demasiado similar a su propio trabajo. Así, reprochaba que su trabajo se usó para inspirar a la marca. Al contrario, la artista señala que sus obras, no unas parecidas, son utilizadas injustamente. Que Clorox sigue beneficiándose de sus fotos sin que ella obtenga una compensación proporcional.

En este caso de copyright en particular, la balanza parece inclinarse a favor de Greenberg. Si su declaración es cierta, entonces los derechos de autor de sus obras son todavía de la artista. Solo debería comprobarse que, en efecto, McGarryBowen sobrepasó los acuerdos marcados en el contrato. De ser así, tanto Clorox como su agencia podrían dar una compensación proporcional al ingreso perdido por la fotógrafa en el uso de sus imágenes.

También es posible que las cortes determinen que Clorox y su agencia son las dueñas del material de Greenberg, al menos en el tiempo otorgado por el contrato. Así, la fotógrafa no podría reclamar a las empresas ningún uso injusto de las imágenes. Por otro lado, se podría argumentar que los usos reclamados están en los límites establecidos en el documento. Por ejemplo, que su uso en galerías de arte y mercancía están dentro de la categoría print.

loading...