Alebrijes, ejemplo de beneficiosa inversión cultural

La contribución económica es muy importante para el país: el Instituto Nacional de Estadística y Geografía presentó, en su Cuenta Satélite de la Cultura de México, los siguientes datos: el producto interno bruto (PIB) de la cultura alcanzó un monto de 661 mil 505 millones de pesos, 3.2% del PIB total del país. En esa cifra se integró el valor de los bienes y servicios de mercado con 2.4 puntos, y de las actividades no de mercado que contribuyeron con 0.8 puntos (que incluye la producción cultural de los hogares). En términos de empleo, el sector cultura generó 1 millón 384 mil 161 empleos, 3.2% de la ocupación total del país. Otra cifra muy importante es que las artesanías, la producción cultural de los hogares y los medios audiovisuales, significaron 68.4% de esos puestos de trabajo.

En ese aspecto es muy relevante que, en estos tiempos de austeridad gubernamental, la iniciativa privada aumente su inversión en actividades culturales para retomar la tradición del mecenazgo, y con ello fomentar el folclore y la innovación. Además, le puede rendir frutos, por ejemplo, en términos de marketing.

Esa colaboración artesanos-empresa privada-autoridades del sector cultura puede rendir muy buenos frutos. Como ejemplo es esta ocasión utilizaremos el caso de los alebrijes, figuras artesanales creadas a partir de las aventuras oníricas del cartonero Pedro Linares López, quien empezó a producirlas en 1947.

Esas piezas han obtenido enorme reconocimiento: por sus creaciones Linares López obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1990 y apenas el sábado pasado fueron reconocidas como Patrimonio Cultural de la Ciudad de México.

El sábado pasado se realizó la decimotercera edición del Desfile y Concurso de Alebrijes Monumentales, impulsado en un principio por la familia Linares y realizado por el Museo de Arte Popular (MAP) desde 2007. Es este magno evento participaron más de 200 alebrijes de artesanos de 10 entidades de la República, y fue observado por cerca de 45 mil personas en el recorrido desde el Zócalo hasta el Ángel de la Independencia. Además, se calcula en millones el número de quienes acudirán a apreciar las figuras durante su exhibición en Reforma.

No pocos cartoneros se tienen que dedicar a otras profesiones y oficios para poder sufragar los gastos de sus talleres, colectivos, materiales, herramientas y para su vida personal, lo que hace más difícil la elaboración de sus piezas.

Esos grupos de artesanos deben buscar diversas formas de obtener recursos para sostener sus actividades. Tienen, entre otras, dos fuentes principales de apoyo: la gubernamental y la iniciativa privada.

Afortunadamente hay empresas que deciden colaborar con los artesanos para respaldar la continuidad de los proyectos culturales, más en los que ya encarnan una tradición, como en este caso ocurre con los alebrijes.

Como ha ocurrido ya en otros años, el MAP ha permitido la participación de patrocinadores para las obras que realizan los artesanos, gracias a lo cual puede aparecer su marca no en la obra, sino en la plataforma que le sirve de base.

Durante el recorrido incluso, como fue el caso del sábado pasado, contingentes de empleados de las empresas patrocinadoras acompañaron de manera animada a sus alebrijes, que quedaron para su exhibición en las aceras de Reforma hasta el 17 de noviembre.

En algunos casos las figuras que ahora son exhibidas están relacionadas con la compañía patrocinadora: por ejemplo, Pi-Art, de Felipe Linares (nieto de Pedro Linares y uno de los principales maestros de estas piezas) y patrocinada por Comunicación Spread, presenta como animal dominante a un pájaro que simboliza la libertad de expresión mediante la información que es liberada de una jaula hacia el cielo. Por su parte, Uakaxi, del artesano Jorge Núñez (alumno de Leonardo Linares, descendiente de Pedro Linares) y patrocinada por Lyncott, tiene cabeza de vaca, ser celestial que provee alimentos y salud pero que también simboliza fertilidad y solidaridad, imagen que proyecta esa compañía.

Por su parte, otras dos creaciones de Felipe Linares simbolizan a sus patrocinadores: Chitam Jonon tiene cabeza de cerdo y cuerpo de pavorreal, entre otros elementos, que simbolizan el taco al pastor, su especialidad, y UsPeepen Kelmut, una amalgama de elefante, mosca y dragón que expresan la moda.

También es de destacar la innovación que procuran algunas empresas según su ramo: por ejemplo, la pieza Masmut, de Víctor Vértiz y respaldado por Master Electrónicos, el primer alebrije que incluye celdas solares que acumularán energía para iluminarse durante la noche.

En cada una de sus obras, y según testimonios de varios de ellos, los cartoneros invierten de tres a cinco meses en su creación y ejecución, en la que tienen la colaboración de equipos hasta de 10 personas, que en no pocos casos son familiares.

Como reconocimiento a ese esfuerzo, el público que acude a apreciar las piezas debe respetarlas para su mejor conservación, lo cual en algunos casos no ocurre y hay alebrijes que resultan con severo deterioro. Esa falta de consideración hacia el arte popular debe cambiar.

Esos son sólo algunos ejemplos de cómo las empresas pueden brindar apoyo a quienes se encargan de realizar el arte popular mexicano e incluso hasta a ayudar a innovar en su elaboración, al mismo tiempo que pueden promover los servicios y productos que ofrecen de una manera creativa e ingeniosa.

Es de esperarse que esta colaboración entre autoridades, creadores y trabajadores del arte popular y empresas pueda continuar y crecer para obtener beneficios compartidos.

loading...