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10 acciones para construir nuestro futuro hoy y evitar un naufragio laboral mañana

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Todos somos o seremos parte de las estadísticas de la vejez en México; existen algunas acciones y actitudes que están en nuestras manos que evitarán que, cuando lleguemos a la edad madura de los sesenta años, nuestro futuro laboral y el trato de la sociedad en general nos sea adverso.

Todos somos o seremos parte de las estadísticas de la vejez en México; existen algunas acciones y actitudes que están en nuestras manos que evitarán que, cuando lleguemos a la edad madura de los sesenta años, nuestro futuro laboral y el trato de la sociedad en general nos sea adverso.

Juventud divino tesoro

Estimados lectores, hace diez años, algunos de ustedes, probablemente tenían veinticinco, treinta o cuarenta años, y con seguridad hoy son personas, hombres o mujeres, profesionales exitosos (as) y ya mayores, pues laboralmente, nos dicen algunos reclutadores, que a los treinta y cinco años (35) se es ya “viejo” para ser contratado, lo cual es aterrador.

Cuando el futuro te alcance

Vemos y vivimos con intranquilidad cómo en las organizaciones de hoy, se ha creado un estigma de gran desprecio para contratar personas “mayores” de treinta y cinco años, y en algunos casos hasta de treinta años, ante esta aberración, la pregunta sería; ¿Qué tipo de organizaciones y qué arquetipo de sociedad estamos creando?

Y la respuesta a la pregunta del párrafo anterior, sería: Estamos creando organizaciones en dónde los linchados profesionalmente somos, nosotros mismos, las personas. No nos damos cuenta que el tiempo pasa y cobra su factura a todos y a cada uno de los mortales, por lo que, al establecer criterios y políticas relacionadas con la edad límite para contratar, “nos estaremos disparando un tiro en nuestro propio pie”.

Todos somos o seremos parte de las estadísticas de la vejez en México

De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015, la edad mediana de México es de 27 años, en 14 años más, en el año 2030, estos jóvenes tendrán 41 años y estarán a 9 de llegar a los 50 años de edad, y esto transcurre a una velocidad inimaginable.

De acuerdo con el censo 2010 del INEGI, y según las proyecciones 2010-2050 del Consejo Nacional de Población (CONAPO) en México viven 12 millones 85 mil 796 personas adultas mayores, lo que representa el diez por ciento de la población nacional; de 1990 a 2014 se observa que la participación relativa de adultos mayores aumentó en este periodo de 6.2 a 9.7 por ciento y se espera que en 2050 se incremente a 21.5 por ciento.

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La oportunidad de construir nuestro futuro como sociedad con sentido humano

A partir de hoy podemos ir dando ideas y/o presionando a los tomadores de decisiones, autoridades, de los sectores público y privado, con las que convivamos laboralmente, a cambiar paradigmas acerca de la capacidad de trabajo y posibilidad de empleo de las personas mayores, que cuentan con las condiciones de salud mental y física para poder seguir estando activos social y económicamente, principalmente en aquellas actividades en las que pueden agregar valor, por experiencias y conocimientos adquiridos y aún vigentes.

Incluso la sociedad en su conjunto, debe considerar la importancia y necesidad de empleo para personas mayores, ya que no hay, ni habrá pensión que alcance para una vida que puede llegar a tener una expectativa de vida de 70, 80 o más años, máxime para jóvenes que hoy día tienen 30 o 40 años.

El joven y el adulto de hoy será el anciano del mañana

Es importante que las nuevas generaciones sean impulsores de un cambio en la forma de tratar y comunicarse con personas mayores, de la tercera edad, dentro de todos los ámbitos, en especial en el del mundo del empleo, del trabajo, ya que de esta manera estarán respondiendo de una manera socialmente responsable y civilizada, con sentido humano y además estarán estableciendo la plataforma de llegada para cuando el tiempo los alcance, ya que obviamente el joven y el adulto de hoy será el anciano del mañana.

Cuando hablamos de tratar y de comunicar adecuadamente, nos referimos a ver la realidad de las personas mayores (tercera edad 60 años) de una manera objetiva, sin estigmas ni prejuicios, de tal manera que el ser humano, hombre y/o mujer puedan transitar por la vida sabiendo que tiene asegurada su inclusión social ya que se les reconoce como ciudadanas y ciudadanos activos, y principalmente se les reconoce como personas.

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Las personas adquieren su lugar en la sociedad producto de su esfuerzo, sus resultados, sus aportaciones, esa es la ley de la vida y por ningún motivo estamos invitando a idealizar a las personas de la tercera edad; esta es una invitación a pasar a la historia como una sociedad que se respeta a sí misma, pero también a no dejar pasar la oportunidad de sacar lo mejor de esas personas que han acumulado un caudal de experiencias, vivencias, sentimientos y reflexiones que jamás un sistema informático robotizado podrá substituir. Y más vale hacerlo así porque, como decimos coloquialmente, tarde que temprano el tiempo nos alcanza y no perdona a nadie.

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Un llamado a los expertos en comunicación, mercadotecnia y recursos humanos

Hay muchos mitos sobre las personas mayores profundamente enraizados en la sociedad que no corresponden con la realidad, pero que encuentran difusión en nuestros medios de comunicación. Planteamos abordar la comunicación, información, el trato a las personas mayores desde una perspectiva inclusiva, para lo cual proponemos:

1. No presentar a este colectivo como un problema, ni informar sobre el mismo a través de la compasión, eliminar las imágenes peyorativas de la vejez para abatir la falsa idea de que las personas mayores son siempre sujetos pasivos y dependientes.

2. En las noticias, información, trato, comunicación en las que impliquemos a personas mayores, hombres y/o mujeres, abarquemos los aspectos positivos, humanos y solidarios que es necesario destacar y que son también parte objetiva de la realidad de las personas mayores.

3. Eliminemos para referirnos a las personas mayores, los apelativos tales como viejos, ancianos, dependientes, pasivos, etc.

4. Ofrezcamos una imagen de las personas mayores como adultos/as competentes, preparados/as, capaces de desempeñar roles útiles para la sociedad en su conjunto.

5. Comuniquemos a nuestras diversas comunidades, cómo los mayores contribuyen en sus propias comunidades, en el mantenimiento de lazos, trasmitiendo la cultura, y participando en las organizaciones vecinales; y en ocasiones dando apoyo económico en tiempos de dificultad a sus seres cercanos.

6. Consideremos con seriedad la opinión de las personas mayores cuando éstas sean una parte significativa de la información a compartir.

7. En algunos casos, en los que el adulto mayor tiene resuelta su situación económica, el voluntariado se convierte en la mejor opción de poder seguir contribuyendo a la sociedad de forma activa, transmitiendo y poniendo en práctica sus capacidades y conocimientos.

8. Aceptemos y promovamos su colaboración la cual llega a ser destacable por su gran permanencia y estabilidad en los grupos, su capacidad de estar con los demás, su sensibilidad hacia las personas más desfavorecidas, y las habilidades y conocimientos que aportan.

9. Contemplar que las personas mayores son consumidores estables y de ingresos fijos; al contrario del lenguaje económico que los señala como ‘pasivos’, los mayores movilizan de forma importante la economía.

10. Incluir la visión de las personas mayores como activos económicos; abrir espacios de colaboración como Coaches, Mentores, Guías, Capacitadores, Asesores, Consultores, Integradores, Mediadores, Negociadores, Compradores, Vendedores, o cualquier especialidad en la que la experiencia sea la clave del éxito.

Su derecho a vivir hoy, será el tuyo mañana

Por interés, compasión, humanidad o propia conveniencia personal, debemos promover y fortalecer la protección de los derechos de las personas adultas mayores, para garantizar su calidad de vida en materia de salud, alimentación, empleo, vivienda, bienestar emocional y seguridad social, con lo cual al final estaremos garantizando nuestro futuro cuando inevitablemente lleguemos a la tercera edad, el de nuestras organizaciones manteniendo la experiencia como una punta de lanza que agrega valor y el de nuestro país respetándonos como sociedad.

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